Acostúmbrate a no esperar nada de nadie.

Solemos tener ideas preconcebidas de lo que haría una u otra persona, en relación a nosotros o cualquier situación particular, obviamente partiendo principalmente del sentido común y la referencia de cómo actuaríamos nosotros ante hechos o demandas similares.

Pero sencillamente todos somos muy diferentes y lo que es obvio para mí, no necesariamente lo es para ti, lo que bueno para algunos, no debe serlo para otros… y cuando hay relatividades asociadas, las verdades no son tales, los compromisos no están escritos y solo el que está en el papel con sus variables en juego es capaz de entender por qué se actúa de una manera y no de otra.

Esto es partiendo de que todo el mundo trata de actuar lo mejor que puede con los recursos que posee, pero evidentemente esto no quiere decir que sea la mejor manera de hacerlo. Un padre formado bajo una crianza maltratadora, puede repetir el patrón con sus hijos, sin ver esto como algo negativo, porque su verdad está afectada por su manera de ver la situación.

Luego, todos tenemos patrones de conducta asociados a muchas condiciones, experiencias, vivencias, proyectos, etc y cada uno tendrá una manera de actuar que puede distar de manera considerable de lo que se espera de cada quien.

La mejor manera de no frustrarnos, de no decepcionarnos, es aprender a no esperar nada de nadie, no dar nada por sentado. De esta manera de cualquier manera que actúe una persona, estaremos en capacidad de evaluarlo sin la predisposición propia de la expectativa.

Esto, adicional a evitarnos frustraciones, nos da la oportunidad de sorprendernos con lo que recibimos de alguien, con lo que observamos, sin habernos esperado algo en particular previamente.

Démosle la libertad a quienes nos rodean de ser quienes son, obviamente dentro de los parámetros normales, sin vernos perjudicados por las actitudes de cada quien. Nadie merece vivir para satisfacer las expectativas de otra persona, todos debemos dar lo que nos nace, lo que nos parece adecuado, algunos tendrán la fortuna de ser mejor aceptados que otros, pero sí se guarda el debido respeto y se evita la necesidad de etiquetar, juzgar o prever una acción en particular, todos estaremos ganando.

No esperes nada de nadie distinto a ti mismo, no hay nada que podamos o debamos controlar en el comportamiento de otro ser y así como nosotros queremos que se respeten nuestras decisiones, nuestro actuar, hagámoslo con quienes de una u otra manera forman parte de nuestras vidas.

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Autor: Sofia Pereyra

licenciada en administración, madre y mujer apasionada por temas relacionados a la superación de la mujer en todas sus facetas.

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