Las personas sensibles hacen todo con el corazón

Los verdaderos ángeles son aquellas personas que aparecen de la nada y dan luz a nuestra vida.

Personas sensibles hechas de pureza que hacen todo con el corazón y que, aun tienen su alma llena de cicatrices, contribuyen a hacer más bonito nuestro trayecto, porque ser sensible no es una manera de ser, es una manera de vivir y de compartir camino empoderándonos a través de los sentimientos y de las emociones tanto propias como ajenas. No faltará quien critique la sensibilidad, quien asuma que este rasgo es signo de debilidad y no vea que en él radica nuestra fortaleza.

Las personas sensibles lo saben, las emociones son muchas veces castigadas.

Nos hacen creer que sentir nos hace menos eficaces, fuertes y capaces a la hora de tomar decisiones y de caminar por la vida. Nos hacen creer que somos vulnerables y que la sensibilidad es sinónimo de ineficacia.

Somos un globo de emociones en un mundo de alfileres

Somos un globo de emociones en un mundo de alfileres. Nos transformamos, muchas veces, en emociones y sentimientos. Ellos nos dan forma, nos caracterizan y, a la vez, nos hacen pagar un alto precio.

Nuestras inquietudes, nuestras emociones y nuestra forma de sentir inflan nuestro globo. Luego están los alfileres, los cuales pinchan nuestro globo y esparcen nuestras emociones, haciendo que la explosión provoque muchas veces una ruptura traumática e irreparable.

Afortunadamente esto ha comenzado a cambiar y nuestra parte emocional es cada vez más valorada y, sobre todo, más cuidada. Esto nos ayuda a sumar a nuestro crecimiento y, con ello, dar validez a nuestro mundo interior.

Ser personas sensibles y generosas, la clave de la felicidad

Hay quien dice que las buenas personas hoy en día son un descuido de la naturaleza, pero lo cierto es que cada uno, en el fondo, manejamos nuestras propias bondades, sonriéndole al mundo de la manera más bella que sabemos y podemos, los actos de generosidad y la sensibilidad hacia los demás hacen que nos sintamos mejor.

Este hecho es muy importante puesto que a menudo se anima a la gente a darse pequeños caprichos para sentirse mejor, pero los resultados del estudio sugieren que lo mejor que podemos hacer es complacer a alguien.

Así, como venimos diciendo, hacer algo por los demás nos permite sentirnos mejor, más satisfechos y más plenos. Ser personas sensibles, conectar y empatizar con los que nos rodean nos abre un mundo maravilloso de buenas emociones y lindos sentimientos.

La bondad se ve y se percibe en las miradas limpias, en los actos sinceros y en toda aquella sabiduría que se desprende en la cercanía y en la ilusión de cambiar el mundo, de hacer justicia y de apropiarse de la generosidad.

Lo llorado por lo aprendido: es sufrir dejando frutos

Cada una de las desilusiones sufridas por quienes se negaron a ayudarle en su momento, le permitieron más tarde encontrar ese motivante con el cual, aprender a hacer las cosas por sí solo. A ser más fuerte.

Hay veces en que sencillamente, no podemos más. El estrés emocional ocasionado por tantas decepciones. fracasos y por cada “no” encontrado en el camino, nos obliga a detenernos. Es entonces cuando aparece la indefensión y la clara sensación de que hemos perdido el control sobre nuestras vidas.

Es muy posible que si ahora mismo pudieras viajar a tu propio pasado, sintieras compasión de tu persona al verte llorar por razones que nunca valieron la pena. Todas esas lágrimas vertidas por quien nunca mereció nuestro afecto o por cada instante de angustia por un proyecto o sueño que nunca valió realmente la pena, son ahora recuerdos imborrables. Sueños rotos pero útiles a la vez, inscritos en esas nubes pasajeras de nuestros ciclos vitales.

Nadie sabe cuánto he llorado, ni todo lo que esas lágrimas me han enseñado

A día de hoy soy el resultado de cada uno de esos llantos silenciosos que he dejado escapar, y no por debilidad, sino por cansancio de ser fuerte…En psicología se habla a menudo de lo que se conoce como “sufrimiento inútil”. Es un término que nos llama especialmente la atención y, lo creamos o no, aparece más de lo que pensamos. Hace referencia a esos momentos en los que, cuanto más somos conscientes de nuestro dolor, más nos perpetuamos en él.

El sufrimiento útil tiene un fin y nos permite soltar lastres para limpiarnos por dentro y aprender

Esas relaciones de pareja tormentosas, donde lejos de poner fin para dejar de esperar lo imposible y liberarnos del dolor, caemos aún más hondo en sus arenas movedizas, Mientras el sufrimiento útil tiene un fin y nos permite soltar lastres para limpiarnos por dentro y aprender, el inútil, jamás dará paso al duelo, al cambio. Al crecimiento interior.

Tras el dolor llega la oportunidad

Es muy posible que hayas oído en numerosas ocasiones esa expresión de que “solo quien ha sufrido puede entender qué es la vida de verdad”. Cabe decir que esto no es del todo el cierto. La felicidad también enseña, también nos ofrece adecuados recursos. Ahora bien, la adversidad es a su vez ese cruce en el camino por el que la mayoría habremos de pasar alguna vez.

 

Valora a quien te busque y ame de verdad

El amor es un sentimiento espontáneo y natural.

Por ello, no olvides: valora a quien te busque y ama a quien no te deje ir, es tan incoherente exigir el amor de otra persona como prohibir a una persona que nos ame, puesto que todo amor deriva de la espontaneidad y de nuestra libertad interior. No podemos controlar lo que sentimos, ni los sentimientos que provocamos en otras personas.

Cuando amamos lo hacemos con todo nuestro ser.

Nuestra inteligencia, nuestro cuerpo, nuestros sentidos y, por supuesto, nuestro corazón. Es algo irresistible, que encierra belleza y a veces dolor, pero que nos enseña siempre a conocernos.

Valora a quien demuestre interés por ti

En ocasiones se acepta que el amor es sufrimiento, que para amar hay que sufrir, pero se trata de una creencia errónea que nos aleja de una relación sana y equilibrada. Ama y comparte, disfruta en pareja. Ama pero también mantén tu espacio, sigue siendo tú mismo.

Con amigos y con parejas aceptamos situaciones en las que siempre tenemos que mostrar interés nosotros, en las que solo nosotros decimos “te quiero”, en las que parece que solo nosotros deseamos compartir cosas con la otra persona.

Es muy complicado aceptar que si alguien no te llama es porque no quiere hablar contigo, que si busca excusas para no quedar es porque no quiere verte y que si no te dice “te quiero” es porque no lo siente.

Ama a quien quiere estar a tu lado

Una persona que de verdad quiere estar a tu lado te llama para saber cómo estás, está junto a ti en los momentos difíciles, te mira a los ojos y escucha con atención lo que tienes que decir, te respeta y te valora por cómo eres, te admira y te lo demuestra. En definitiva, te ama.

Si alguien quiere estar a tu lado, lo está y día a día podréis contar el uno con el otro, ya sea una pareja o un amigo. Si deseas pasar tiempo con alguien lo encuentras y compartes momentos sin mirar el reloj, dejando que las horas pasen sin darte cuenta.

Busca la reciprocidad en tus relaciones

Para que un amor de pareja o una relación con un amigo funcione debe existir un intercambio básico.

Uun amor justo es el que combina tanto la justicia distributiva (repartir cargas y beneficios proporcionalmente entre los miembros de la pareja), como la justicia conmutativa (evitar la estafa y el fraude en cualquiera de sus formas).

Una relación se basa en la reciprocidad cuando: el intercambio afectivo y material es equilibrado y justo.

Los privilegios son distribuidos equitativamente, el acceso a los derechos y deberes es igual entre las dos personas, ninguno de los miembros intenta sacar ventajas o explotar al otro y ninguno piensa que merece más que el otro.

 

Los buscadores de la perfección

Las personas acostumbramos a ser muy exigentes con la vida e incluso con nosotros mismos.

Nos marcamos pautas, objetivos y múltiples sueños por cumplir. Y desde luego, todo esto no solo está bien, sino que es necesario. Todos necesitamos proyectos a corto y largo plazo que poder cumplir para enorgullecernos de nosotros mismos, para adquirir capacidades y habilidades personales.

Ser exigente y buscar la perfección en cada cosa que hacemos es en muchas ocasiones el reverso de una moneda. La exigencia nos hace desarrollar múltiples capacidades, pero a su vez, quien se aplica una alta autoexigencia raras veces se siente satisfecho.

En ocasiones, escuchamos a muchos de quienes nos rodean quejarse en un triste lamento con aquello de “es que todo lo malo me sucede a mí, “es que a los demás todo les va bien y yo siempre voy por el camino equivocado”…. Este tipo de verbalizaciones y pensamientos siempre han existido y siempre existirán. Ahora bien, antes de caer en este tipo de comportamientos debemos tener en cuenta lo siguiente:

  • La felicidad no está en la perfección. Nadie tiene garantizada su felicidad absoluta sólo por ser rico, por ser atractivo o por disponer de buena salud.
  • La vida se mide en instantes, y sobre todo, en nuestra capacidad para estar abierto a la realidad, a la oportunidad, a la magia de los detalles más simples que nos rodean y al optimismo.
  • Quien aspira a una vida perfecta se sube a una cima para intentar alcanzar el universo, mientras cada día se pierde las maravillas que acontecen a sus pies.
  • Quien vive en la autoexigencia luchando por tener una vida perfecta, arrastra también a los demás a cumplir dicho objetivo.
  • La persona que aspira a conseguir una vida perfecta, suele colocar un listón tan alto a todos a los que le rodean, que lo que acaba generando en realidad es una gran infelicidad.

La vida es maravillosa para quien se deja llevar, para quien sabe apreciar

  • Esa luz que acontece cada mañana para todos por igual.
  • El rumor de una familia, la tuya, levantándose para desayunar contigo en armonía y tranquilidad.
  • Una mano cómplice que te acaricia
  • La sonrisa traviesa de tus hijos
  • Un metro que se retrasa y que te permite leer unas cuantas hojas más de ese libro
  • Esa salud que te permite ir y venir, correr, dormir, nadar, amar…
  • Esa siesta de fin de semana en el sofá con tu mascota
  • El olor de la tierra mojada después de la tormenta
  • El ocaso lánguido en una playa tranquila

¿sabes apreciar todas las maravillas que te rodean en el día a día? En ocasiones, nos es difícil debido a las prisas, a las preocupaciones, a ese rumor interior que nos impide ver la magia de la vida.

La vida es maravillosa sin necesidad de ser perfecta, porque lo que es perfecto carece de error o de equívoco, y entonces no hay aprendizaje.

La vida son instantes que se inscriben en el día a día con sutil serenidad. Es un lenguaje propio que lleva su ritmo y que no todos saben apreciar, porque hay quien va a contracorriente, con demasiadas prisas, con el corazón desafinado y la mente alborotada.

La vida no es perfecta, es cierto, y no siempre nos trae lo que deseamos, pero en ocasiones es capaz de ofrecernos lo que de verdad merecemos: un amor auténtico, el calor de los tuyos, la admiración de quienes te quieren de verdad.

Luces y sombras habitan en nuestro interior

Forman parte de lo que somos, de lo que no queremos ser y de lo que puede que seamos. Son la lucha entre lo que reconocemos, lo que evitamos, lo que admitimos y lo que ignoramos o no queremos ver. Y en este pequeño, pero costoso equilibrio, tratamos de pasar nuestros días sin que ninguna de las partes domine nuestra vida.

Cuando la verdad nos dice que el equilibrio entre lo que conocemos y lo que no admitimos es difícil de lograr. Para poder vivir con nosotros mismos tenemos que tomar una buena dosis de aceptación de la realidad: estamos hechos de luces y de sombras y por eso mismo habrá partes de nosotros que no querremos aceptar.

Debes ser consciente de tus propias sombras

La sombra contiene todo lo negativo de la personalidad que el yo no está siempre en condiciones de asumir y que, por lo mismo, puede llegar a frenar la manifestación de nuestra auténtica forma de ser y de sentir.

La maldad, el egoísmo, la envidia, la cobardía, los celos, la avaricia y muchas de nuestras emociones y nuestros miedos son nuestras sombras.

Muchas veces nos damos cuenta de ellas cuando nos llevan a conflictos con los demás. En otras ocasiones se expresan en sentimientos de culpa o hasta en depresiones inexplicables, reflejando una imagen en la que no nos reconocernos.

Incluso, somos capaces de proyectar estas sombras en los otros con tal de no asumir que estos sentimientos, juicios o ideas nos pertenecen. Estamos programados desde pequeños para esconder los fracasos, la desesperación y lo negativo de nuestras vidas. Así, solo por el hecho de ser humanos, guardamos sombras en nuestro interior, al igual que luz.

¿Alguna vez te has cegado siguiendo tu propia luz?

Las luces que nos componen, que nos rodean y que nos iluminan desde el interior son todas aquellas cualidades, virtudes, emociones, comportamientos o deseos que nos gusta mostrar. Son las máscaras que con las que nos disfrazamos en cada ocasión como si fueran nuestra única y verdadera identidad.

Podemos elegir ser bromistas, inteligentes, comprensivos, sociables, tímidos o valientes, podemos elegir qué queremos mostrar ante el gran escenario social.

Actualmente, las luces de nuestra personalidad las hacemos brillar más con el uso de las apariencias en las redes sociales. Vivimos una segunda vida en las que las sombras no solo se esconden, sino que hacemos como si no existieran. Esto que en un principio puede parecer una ventaja, una manera de protección ante las miserias de nuestra vida, en realidad se convierte en el epicentro de la expresión del narcisismo moderno. 

Por eso resulta tan importante conocer nuestras sombras, porque nos ayudan a mantener el equilibrio interior. Somos falibles, sentimos celos, envidia o culpa, pero también nos recomponemos. Somos humanos y aceptarlo viviendo la realidad y no una historia de cuento, nos ayudará a desarrollar un autoestima sana y a vivir una vida mejor y más plena.

No niegues tus sombras, acéptalas; no te ciegues con las luces, busca tu equilibrio interior.

Motivos que podrían llevar al fracaso tu relación

Las relaciones que fracasan son las causantes de muchos problemas de estrés y de infelicidad en la vida.

Lo interesante del caso es que la mayoría de estas relaciones fracasan por los mismos motivos. Conocerlos es una buena manera de afrontar los problemas y también de saber cómo afrontar una relación para conseguir que tenga éxito y que sea duradera.

Los motivoso señales más comunes por los que las relaciones sentimentales suelen fracasar? Los encontrarás a continuación.

Los celos

Puede parecer un tanto irónico, pero los celos suelen ser la causa de muchas rupturas. Los celos suelen producirse cuando surgen sentimiento de separación y de que hay algo con lo que competir. En este sentido, no se trata solo de celos por la inseguridad de perder a la persona que quieres, sino por sus éxitos. Por lo tanto, es necesario saber aceptar los éxitos del otro y convivir con ellos, y desarrollar la relación en un clima de confianza.

El exceso de apego

Una cosa es el amor y otra el apego. El apego emocional es muy perjudicial en una relación. Cuando tenemos apego emocional a alguien, necesitamos su atención y presencia constante, y eso provoca que seamos celosos y exigentes. A menudo, el apego tiene como base un sentimiento de inseguridad.

En estos casos, se necesario desarrollar el sentimiento de autoconfianza y tener fe en uno mismo, y ser conscientes de que no podemos depender de otras personas para eso. Las relaciones fuertes necesitan un cierto desapego.

El egoísmo

El egoísmo es la raíz de todos los problemas en una relación. Cuando somos egoístas pensamos de nosotros mismos en primer lugar, ignorando las necesidades de los demás y centrándonos en nuestro propio ego. Y no es fácil vivir con una persona egocéntrica,y  cuando somos egoístas queremos que el elogio, el apoyo y el respaldo de los demás sean constantes, pero no estamos dispuestos a dar nada a cambio. El verdadero amor es desinteresado, se da sin esperar recibir nada por ello.

Recopilación de fallos

Pasar tiempo con otra persona implica descubrir sus defectos y sus fallos. Las relaciones exitosas requieren una cierta tolerancia frente a las debilidades de los demás. Pero si uno se dedica a ir recopilando los fallos del otro, a echárselos constantemente en cara y, lo que es peor, esperar que cambie según su gusto, la relación está perdida.

Si crees que el otro debe cambiar algo, debes decírselo, convencerlo y ayudarlo a conseguirlo. Además, una relación fuerte debe ser capaz de hacer frente a las críticas constructivas y a las sugerencias.

Dominación

Es fundamental valorar la libertad individual de los demás.

Es inevitable que surjan problemas en la pareja cuando uno intenta dominar al otro. La expectativa de que el otro sea como nosotros queremos es lo que está detrás de esta dominación. Y es poco frecuente que la gente se dé cuenta de lo que está haciendo cuando intenta dominar al otro.

Muchas veces el problema es que se olvida que uno ama -o debería amar- a una persona, y no a una idea. ¡Qué fácil es enamorarse de la idea del amor y qué duro es descubrir que las cosas no son tan bonitas como lo imaginamos en nuestros sueños o como nos dijeron que tenían que ser!, ¿verdad?.

La falta de tiempo

Muchas relaciones acaban porque no se le dedica al otro tiempo suficiente, y esto suele ser porque el otro no es una prioridad.

Y es inevitable que el otro se sienta desatendido y no amado. Por eso, aunque no se puede pasar tanto tiempo como se quisiera con el otro, es importante reservar momentos especiales e intensos, no se trata de compensar la falta de tiempo en formato “concentrado”, sino de demostrarle a tu pareja que te importa.

 

La competenetración del amor y el porque nos enamoramos

El amor, desde un punto de vista romántico o filosófico es algo de lo que poetas y escritores nos hablan a diario. A todos nos encanta sumergirnos en estos universos literarios donde se idealiza un sentimiento que a veces, todo hay que decirlo, da forma a más misterios que certezas. Sin embargo, del enamoramiento -como tal y desde un punto de vista biológico- son los neurólogos quienes pueden darnos datos más precisos; menos evocadores eso sí, pero objetivos y reales al fin y al cabo.

Ahora bien, más allá de entender qué garantiza la estabilidad y la felicidad en una pareja, hay un aspecto que a todos nos interesa. Hablamos del enamoramiento, hablamos de la química del amor, de ese proceso extraño, intenso y desconcertante que a veces nos hace poner la mirada, la mente y el corazón en la persona menos adecuada.

El amor y sus ingredientes

Ahí donde nuestro caprichoso cerebro orquesta a su antojo dicha magia, dicho deseo y obsesión…

No es así. Cada uno de nosotros tenemos una preferencias determinadas, muy profundas, idiosincráticas y a veces hasta inconscientes. Asimismo, existe una evidencia clara de que solemos enamorarnos de personas con características similares a a las nuestras: grado de inteligencia similar, sentido del humor parecido, mismo valores…

Sin embargo, hay algo llamativo a la vez fascinante en todo ello. Podemos estar en un aula con 30 personas con características similares a las nuestras, gustos afines y valores semejantes y jamás nos enamoraremos de todas ellas. Decía el poeta y filósofo indio Kabir que el camino del amor es estrecho y que en el corazón solo hay espacio para una sola persona.

El aroma de los genes

Intangible, invisible e imperceptible. Si decimos en este mismo momento que nuestros genes dan lugar a un olor particular capaz de despertar la atracción entre unas personas y no en otras, es muy posible que más de uno alce una de sus cejas en una mueca de sutil escepticismo.

  • Sin embargo, más que los genes, el que desprende un olor particular -del que no somos conscientes, pero que guía nuestra conducta de atracción- es nuestro sistema inmunitario, y en concreto las proteínas MHC.
  • Esta proteínas tienen una función muy concreta en nuestro organismo: desencadenan la función defensiva.
  • Se sabe por ejemplo que las mujeres se sienten inconscientemente más atraídas por hombres con un sistema inmunitario diferente al suyo. Es el el olor quien las guía en este proceso, y si prefieren perfiles genéticos diferentes al propio es por una razón muy simple: la descendencia con esa pareja daría paso a un niño con una carga genética más variada.

me siento bien contigo, “necesito” estar a tu lado y no sé por qué

Podemos tener ante nosotros a una persona extremadamente atractiva, y sin embargo hay algo que falla. No nos hace sentir bien, la conversación no fluye, no hay sintonía, ni comodidad ni ningún tipo de conexión. Muchos no dudarían en decir aquello de que “no hay química”, y decirlo no caerían en ningún error.

Asimismo, algo que todos hemos experimentado alguna vez es esa necesidad persistente por estar junto a una persona en concreto y no con otra. El enamoramiento nos hace selectivos y es la dopamina la que nos obliga a focalizar “todo nuestro mundo” sobre ese alguien en particular, hasta el punto de “obsesionarnos”.

El amor que se mendiga, no es amor verdadero

El amor que se mendiga no es amor, es falta de dignidad, de respeto hacia uno mismo. Porque cuando realmente amas a alguien, le cuidas y le evitas dolor si así lo puedes hacer, pero no lo provocas ni lo creas.

Por eso, si no te cuidas de aquellos “falsos amores”, si no te evitas dolor, no te estás amando. En este sentido, hacerlo es el primer paso para vivir el amor en plenitud, para no caer en la manipulación, el maltrato o la victimización. Probablemente en esa situación pensemos y sintamos que el sufrimiento es inevitable, pero no es cierto.

El luto por amar a quien no te ama

Darse cuenta y despedirse de un amor que no nos ama y que no nos muestra atención o cariño requiere que respetemos nuestro tiempo de duelo. Un duelo que requiere en sí mismo un espacio para la comprensión de lo que nos ha sucedido.

El luto por amor necesita reflexión y superación, pues la angustia de darnos cuenta de que alguien no nos ama nos hace sentir que algo nos devora por dentro. Sentimos que ese “no amor” ha traicionado nuestros sentimientos y se ha reído de nuestra capacidad de amar.

Hay que permitirse tiempo para enfadarse, para negar la realidad, para fantasear. También para horrorizarse, para venirse abajo, para desconocer y conocer las partes que se nos han roto y las que siguen intactas, para recomponer los sentimientos encontrados, etc.

Todo esto es indispensable para amarnos, para sentirnos importantes y valorarnos. Al fin y al cabo, cuando se deja un “no amor” atrás comienza un proceso de libertad emocional que se enmarca en el bienestar por el adiós al dolor.

La falta de interés mata el cariño

El amor se debe demostrar, no mendigar. Hacerlo es someter a nuestra capacidad de amar al peor de los verdugos: la indiferencia. La indiferencia vive del desequilibrio en una relación y se sostiene gracias a la debilidad de los cimientos.

Entonces nos damos cuenta de que no todo “amor” es amor de verdad, que no siempre el “querer” obtiene reciprocidad y que para ser felices en pareja hace falta que ambos miembros se rían juntos, sean cómplices y buenos amantes.

Solo en ausencia de mentiras, de excusas y de desinterés puede crearse un amor que en esencia base su libertad en conductas saludables y no en sometimientos. Nos merece aquella relación que teniendo la libertad de elegir, sea cercana, se base en el aprecio, en el tiempo compartido y en los pensamientos de mutuo cariño.

Debemos nutrir nuestra autoestima, querernos bien

Nadie puede hacerte infeliz sin tu consentimiento. Para construir una relación de pareja feliz hay que importarse, quererse y valorarse. Es decir, debemos demostrarnos que nos queremos cada día.

Una vez que consigamos esto estaremos en disposición de no buscar a quien no nos extrañe y no muestre interés, no entregarnos al verdugo emocional de la indiferencia que nos pretende doblegar con mensajes ignorados o silencios infundados.

Da igual los amores que nos decepcionen, da igual que sintamos que estamos al lado del amor de nuestra vida o que no creamos en los amores eternos. El amor verdadero e indispensable es el amor por uno mismo y será a partir de este sentimiento que podamos separar y hacer valer lo que merecemos y lo que no merecemos.

El arte de priorizarse a uno misma

Priorizarse a uno mismo es una práctica saludable, útil y necesaria.

Llevar a cabo tal artesanía no es un acto de egoísmo, porque querer a esa persona que se refleja en nuestro espejo sin excusas, fisuras o aplazamientos es cuidarse: invertir en bienestar personal y calidad de vida. Aún más, quien se atiende como merece puede también ofrecer lo mejor de uno a los demás.

La verdad es que no sabemos en qué punto y por qué razón se nos inculcó a la mayoría que poner en práctica semejante estrategia era poco más que un acto interesado y egoísta. Se confundieron términos, hasta el punto de hacernos creer que el altruismo y el respeto del otro no armoniza en absoluto con el auto-cuidado o con poder priorizarnos como lo merecemos.

Quien deja de priorizarse, se agota

Cuando uno deja de priorizarse para llenar su agenda, su mente y voluntades con el “debo hacer esto y aquello”, “esperan de mí lo de más allá” o “tengo que hacer esto por esta persona” lo que consigue en realidad es drenarse. Se vacía de energía, de identidades, de deseos y ante todo de autoestima. Lo más complejo de todo ello es que a veces, llevamos a cabo estos actos sin pensarlo apenas, sin reflexionar  durante un momento en si de verdad queremos hacer ese favor, ese acto, esa acción.

Los psicólogos nos explican que caemos en el automatismo del “hacer, hacer, hacer”, racionalizando esas acciones como algo natural y necesario. Porque si somos útiles a los demás, seremos valiosos y porque si somos necesarios para nuestras personas queridas, entonces seremos amados. Sin embargo, esta regla de tres no siempre da el resultado esperado; de hecho, raras veces lo hace.

Aprende a “servirte”

Hay muchas personas así, incrustadas en itinerarios ajenos, como locomotoras que transitan por raíles de otros territorios, de otros mundos alejados del suyo. Llevan cargas que no son suyas como propias y no disponen ni de un solo día de vacaciones; un día para ser ellos mismos y cuidarse, para servir a sus deseos en exclusiva. Mantener esta situación durante mucho tiempo pone en peligro nuestro equilibrio y nuestra salud, y es por ello que recomendamos para esta inercia un cambio de enfoque.

Cómo aprender a priorizarse

  • Tiempo.

Las personas que han dejado de priorizarse han automatizado la palabra “sí”. Ante cualquier demanda, la palabra mágica es enunciada como un resorlte imposible de controlar. Es necesario poner freno a este impulso; por ello, cuando alguien nos pida, nos sugiera o nos mande algo, lo que recomendable, antes de nada, es guardar silencio. Evitaremos dar una respuesta inmediata para reflexionar unos minutos y valorar con sinceridad si queremos o no queremos hacer lo que nos piden. Aprendamos a decir “NO”.

  • Perspectiva.

Para aprender a cuidarnos, a servirnos a nosotros mismos es necesario manejar la distancia -ampliándola o acortándola- con todo lo que nos envuelve. Llega un momento en que la persona automatiza tanto la necesidad de “hacer, hacer, hacer” que se pierde la perspectiva. En este sentido, decir “no quiero, no puedo, hoy me priorizo yo” no es el fin del mundo.

  • Frases auxiliares.

Nunca está de más tener una pequeña colección de frases que nos pueden ayudar en ciertos momentos a proteger las propias necesidades, la identidad o el tiempo personal. “Lo siento, pero ahora mismo eso que me pides no me va bien”, “Agradezco que hayas pensado en mí para eso, pero voy a dedicarme tiempo”, “En este momento no me apetece hacer lo que me pides, necesito estar conmigo”.

  • Parar ciertas conversaciones.  Todos sabemos cómo empiezan esas conversaciones que al final, acaban con una demanda. Esas florituras conversaciones donde el agasajo culmina con la proposición y donde a menudo, se da por sentado que lo vamos a cumplir. Puesto que ya estamos más que entrenados en esas estrategias, aprendamos por tanto a detenerlas cuanto antes. Evitaremos agotarnos y practicaremos la asertividad.

Si ponemos voluntad y tomamos la firme decisión de cuidarnos más y de entender que priorizarnos es en realidad un acto desinteresado, necesario y vital, día a día seremos más eficaces en estas estrategias: manteniendo el cuidado por el otro, pero también por nosotros.

Ámate a ti mismo para atraer el amor verdadero.

Somos poderosos cuando amamos y cuando somos amados, eso es lo esencial. Sin embargo, para atraer el amor, debemos primero amarnos a nosotros mismos.

Aunque esto debe ser la cosa más fácil, más natural en el mundo, que en realidad puede llegar a ser una de las cosas más difíciles que nunca tendrá que aprender a hacer. El amor propio se puede aprender a través de una serie de ejercicios que puede hacer usted mismo o con su terapeuta.

En primer lugar, destacando los aspectos positivos (es decir, todas las cosas que te gusta de ti mismo y de las que te sientes orgulloso) y leerlas en voz alta cada mañana y antes de acostarte es el primer paso. Deje que su cerebro se acostumbre a ti mismo que te ama – tomará tiempo.

Una vez que adopte patrones de amor propio que no sólo harán esas inseguridades tontas como,  ¿Él me quiere? ¿Me llamará? ¿Voy a conseguir esa promoción? una cosa del pasado, pero también convertirán su vida en un patio de recreo de la positividad!

El amor tiene una calidad muy dulce de rebote detrás (a usted) cuando usted sabe enviarlo a otras. Trabajar en la inclusión de cosas positivas en su vida, las cosas que te hacen feliz, y se adhieren a ellos – incluso si esto significa mantener una lista de esas cosas en su refrigerador y siguiéndolos todos los días, ¡hágalo! Por favor, sí mismo y nutrir su alma.

Cuando su alma está feliz, usted rezuma felicidad, amor y estabilidad – y atraerá activamente esas mismas emociones de los demás.

Tendrás paz interior y todo lo demás que vaya junto con ella.