Tenemos que aprender a levantarnos y salir adelante.

Tras separarnos de nuestra pareja, a nosotras las mujeres nos suele bajar la autoestima haciendo que nos sintamos feas y poca cosa. Es en momentos así, cuando nuestra autoestima se ve afectada por una mala experiencia con nuestra pareja, que debiéramos pensar en el hecho de que si hemos tenido una relación, si nuestra pareja nos quiso, es porque un valor especial hemos tenido que tener. Algo había en nosotras que hizo que esa persona quisiese estar con nosotras.

Debemos estar seguras que lo merecíamos.

En aquel momento éramos todo lo que él quería para su vida, estoy segura también que lo seguimos siendo, sino ¿cómo se explican algunas mujeres que él no se marche de la casa o que regrese a pretender ocupar un lugar en nuestra vida?

Lamentablemente tanto el hombre como la mujer cambiamos mucho, muchas veces nos dejamos cegar por una nueva aventura o por nuevas emociones sin medir las consecuencias de nuestros actos. Igualmente, es lamentable que la parte ofendida no se ponga límites para “luchar” o para sufrir, llorar y lamentarse por lo que fue y por lo que ya no es. Las mujeres tendemos a vivir y revivir el dolor que se nos ha provocado o está provocando. Nos duele lo que se nos hizo y lo que se nos hace, nos duele el desprecio.

Mucho se ha dicho acerca de que no hay mujeres  feas sino mal arregladas, o descuidadas, sumidas en un letargo del eco de palabras hirientes, letargo del que debemos salir en busca de nuevos horizontes. No debemos olvidar que las únicas capaces de arrancarle la luz al sol para hacernos resplandecientes, somos nosotras mismas quienes tenemos en nuestro poder el decidir si dejamos atrás los pensamientos por aquel que se marchó y nos abandonó.

No seamos egoístas con nosotras mismas y seamos solidarias con nuestro propio “yo”.  Digámonos a nosotras mismas, una y otra vez, tantas veces como nos sea necesario, lo mucho que valemos. Disfrutemos de lo que tenemos y no nos lamentemos por lo que no tenemos. Cada cual es única e irrepetible, ninguna se puede comparar a otra porque cada una tiene algo que la hace especial y diferente, su propio sol y luz. Después de todo, si antes de que llegara ese ser a nuestra vida éramos felices, ¿por qué no podríamos serlo ahora?

El amor sigue estando ahí, esté o no esa persona, tu capacidad de amar y sonreír sigue estando ahí  la familia también sigue estando ahí, y por último, lo principal, lo más importante también sigue estando ahí a tu disposición para que seas feliz y disfrutes de la vida: tú misma.

Autor: Sisi Chu

Madre y esposa. Me considero una mujer con metas por lograr un mundo diferente, Me desarrollo como analista y programadora expresando mis mejores experiencias a través de la tecnología. Me apasiona los temas de superación en todos sus campos y a la vez me dedico al deporte como instructora de aerobicos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *