¿Por qué nos gusta la música triste cuando estamos deprimidas?

Se trata de una emoción musical que lejos de abrumarnos o causarnos malestar, despierta nuestros sentimientos más profundos logrando que el mundo se detenga, que naveguemos en la introspección de nuestro propio ser…

No nos equivocamos si decimos que en las listas de las canciones de mayor éxito siempre hay alguna de tintes melancólicos.

Un ejemplo tan distintivo como llamativo es el de la cantante británica Adele. Su carrera musical se basa en esa quintaesencia, la de la tristeza, la de ese perfume permanente donde la decepción, las rupturas, la angustia y la soledad impregnan letras como las contenidas en la archiconocida.

Nos gusta la música triste porque nuestro cerebro la necesita

La música, la letra y un rostro femenino llorando en primer plano se introducen casi al instante en lo más profundo de nuestro cerebro emocional. Es casi imposible no quedar imantado por toda un sinfín de sensaciones, sentimientos que arrastran consigo recuerdos nuestros del pasado, secuencias con las que sentirnos identificados.

Las canciones tristes nos producen “emociones positivas”

A la mayoría nos gusta la música triste, lo sabemos. Sin embargo, hay algo que todos hemos podido comprobar: después de escuchar esa lista de reproducción no nos sentimos mal, al contrario. Es decir, no quedamos contagiados de esos malestares, esas pérdidas, ese dolor por una ruptura, por un desengaño. Lo que experimentamos después curiosamente es bienestar, alivio, tranquilidad.

Las canciones tristes son “vacunas” para la vida

Es como hallar el equilibrio en un mundo en caos, como buscar la reconciliación en todo conflicto. Así, una de las razones porque las que nos gusta la música triste es porque nos inocula un poco de paz, unas gotas de introspección y unas pinceladas de catarsis emocional.

Este tipo de música es una vacuna para las dificultades de la vida. De hecho, acudimos a ellas como lo hacemos con los libros que nos cuentan historias dramáticas, como cuando elegimos ver esas películas de triste desenlace pero que nos dejan siempre una enseñanza. La magia de esas emociones indirectas que nos generan este tipo de dimensiones son algo genuino e increíblemente útil.

Autor: Sisi Chu

Madre y esposa. Me considero una mujer con metas por lograr un mundo diferente, Me desarrollo como analista y programadora expresando mis mejores experiencias a través de la tecnología. Me apasiona los temas de superación en todos sus campos y a la vez me dedico al deporte como instructora de aerobicos.

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