Adoro que me acaricien el alma, la piel la toca cualquiera

Acariciar el alma es seducir con las palabras para encender emociones insospechadas.

 El buen artesano del amor sincero sabe que no hay mayor atracción que la de dos mentes que encajan, que se buscan y se descubren más allá de la piel y los sentidos, porque acariciar el alma es renacer en el otro sin dejar de ser uno mismo.

Si lo pensamos bien, suelen ser muy pocas las veces en que llegamos a experimentar una auténtica unión mental con alguien hasta el punto de que la seducción, pase casi por alto lo físico para deleitarnos con una armonía de gustos, placeres, conocimientos y complicidades que trazan instantes maravillosos imposibles de olvidar.

El amor no está en el corazón, el amor habita en nuestra mente y en el alma

El acto de “apapachar”, de acariciar el alma de otra persona, no es un proceso que se origine en el corazón. A pesar de que la imagen del amor siempre queda vinculada de forma tradicional a este órgano, su localización exacta está en el cerebro, ahí donde acontece ese baile químico caótico y fascinante que determina muchas de nuestras sensaciones.

La inteligencia también seduce

La antropóloga y experta en relaciones afectivas Helen Fisher, nos indica que la ciencia no puede explicar con exactitud qué hace que nos sintamos atraídos por unas personas y no por otras. Nos enamoramos de quien tenemos cerca, pero en ocasiones, factores como el misterio o la inteligencia son también dos elementos con un alto grado de atracción.

Según un trabajo publicado en la revista “Intelligence.com“, la atracción por la inteligencia suele darse muy a menudo y, en especial, en las mujeres. De hecho, hay quien prefiere una pareja dotada de gran inteligencia antes que por un gran atractivo físico.

El lado lógico del amor

No todo es caótico en las relaciones afectivas. La corteza o el córtex de nuestro cerebro aloja los procesos “más lógicos”, es decir, la percepción, la conciencia, el juicio, el razonamiento más equilibrado…

  • En esta parte más exterior de nuestro cerebro formada por complejísimas redes neurales, las personas disponemos de nuestro “timón de control”.
  • Es aquí donde se llevan a cabo esos procesos que nos hacen valorar, por ejemplo, si alguien vale la pena o no, y disfrutar a su vez de esa conexión mental donde de pronto, todo nuestro universo parece “encajar”.

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