Cuando los padres fallan a sus propios hijos

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Se habla de cómo los hijos decepcionan a sus padres.

Sin embargo, cuando los padres fallan a sus propios hijos, con voluntad o sin ella, se extiende un velo más invisible. Así, aspectos como la falta de respeto, de apoyo, de atención o de protección son secuelas silenciosas que a menudo nos acompañan hasta la edad adulta en forma de heridas y carencias.

Sabemos que ni la crianza y ni la educación de un hijo no son tareas fáciles. Son pocos los cursos y muchos los retos; ni se dan premios a los mejores padres ni se sanciona a los peores. Los fallos, al igual que los aciertos, quedan impresos en la vida de los propios hijos de forma silenciosa y en el secretismo del tejido familiar. Más tarde, esos pequeños crecerán y madurarán lidiando mejor o peor con todo lo vivido.

Criar a un hijo es algo más que ofrecerle sustento.

Un niño se alimenta también de lo que ve, de lo que oye y de lo que siente. Nada queda al azar en la crianza y en la educación, todo se procesa y se integra en el propio ser en forma de marca o de impulso positivo de crecimiento…

Cuando los padres fallan a sus propios hijos

El amor no siempre es suficiente a la hora de hacer familia: hay que saber amar. En ocasiones, el afecto desmedido deriva en una sobreprotección que entorpece su desarrollo emocional y personal. Otras veces, ese amor que busca siempre lo mejor para el niño o la niña, da forma a una crianza marcada por férreas directrices, mandatos inflexibles y una educación autoritaria.

Los padres fallan a sus propios hijos de muchas maneras, muchas veces sin ser conscientes, por una razón muy simple: tienen una visión distorsionada y poco pedagógica de lo que es el afecto. Así, el amor inteligente de unos padres hacia sus hijos es aquel que impulsa el crecimiento en todos los sentidos, en especial el emocional, el psicológico: ese que fomenta la autonomía y conforma una identidad segura y feliz.

Ahora bien, a pesar de que en muchas ocasiones esos padres lo hacen lo mejor que pueden, no es suficiente. Y no lo logran por muy diversas razones. Veamos algunas de ellas.

Padres inmaduros

Hay parejas, hombres y mujeres con una personalidad claramente inmadura que les incapacita para criar de forma adecuada a sus hijos. La irresponsabilidad, la incoherencia en las pautas educativas, la falta de hábitos y de estrategias pedagógicas generan sin duda situaciones muy complicadas y con graves consecuencias.

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