El amor genuino alimenta el crecimiento mutuo, jamas te empobrece.

Hay muchas realidades que parecen amor, pero no lo son. Se trata de situaciones que dan origen a vínculos estrechos y, por lo general, muy duraderos. En el fondo no hay afecto real, sino un conjunto de limitaciones o problemáticas que sustentan el lazo.

A veces el verdadero afecto se confunde con otras realidades que parecen amor, sin serlo. Estas realidades suelen involucrar sentimientos muy intensos. Se experimentan desde el fondo del alma, pero muchas veces excluyen el respeto y una verdadera valoración del otro. Nacen de deseos o necesidades egoístas y se mantienen por los beneficios que producen.

Las realidades que parecen amor.

Se trata de una modalidad de comportamiento que se da sobre todo entre padres e hijos. Sin embargo, también es frecuente que aparezca en pareja, entre amigos y en diferentes vínculos de jerarquía.

La sobre protección representa un afán excesivo por evitar daños o sufrimientos a otra persona, a la que normalmente se toma por vulnerable o indefensa. Cuando amamos a alguien, es obvio que deseamos solo el bien para esa persona. Sin embargo, alguien excesivamente ansioso puede ver peligros en donde no los hay o sobre dimensionar en caso de que existan.

El excesivo deseo de control sobre el otro se parece a la sobreprotección, pero no es lo mismo. 

Se trata de un vínculo marcado por la desmeritación del otro. En el fondo lo que se busca es que el ser “amado” aprenda a desconfiar de sí mismo y nos necesite. De alguna manera se intenta generar una dependencia por parte del otro.

También dedica sus esfuerzos a que el otro no pase por incomodidades. Sin embargo, esta disposición no es gratuita. Se paga con la limitación de la autonomía y la libertad.

La intención real es que uno llegue a necesitar al otro de forma definitiva. Desde fuera puede dar la sensación de que el controlador se esmera en hacerle la vida más feliz a quien ama, cuando sus esfuerzos en realidad se dirigen a que no sea capaz de hacer su vida solo. Manipula para que el vínculo se mantenga y se haga cada vez más estrecho. En realidad eso no es amor, sino control egoísta.

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