EL AMOR NO TIENE EDAD… LOS ENAMORADOS SI

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Las relaciones afectivas transitan entre la “esquizofrenia (el amor es locura) y la sanación esotérica (el amor todo lo cura)

En su libro: ‘Manual para no morir de amor, diez principios de supervivencia afectiva’, editado por el Grupo Editorial Norma, el reconocido psicólogo Walter Riso se pregunta si es cierto que el amor no tiene edad, como muchos suelen manifestar. “Quizás sea verdad: nos podemos enamorar a los 100 años de un adolescente o de la maestra del colegio cuando apenas somos unos párvulos. Parecería que el amor no respeta cronologías: suelta sus redes y ahí quedamos atrapados, todos contra todos, sin importar la época. No obstante, si bien es cierto que el amor parecería no tener edad, los enamorados sí la tienen”, señala Riso.

Sin embargo, él aclara que aunque el flechazo amoroso no respeta años ni condición social, la convivencia en cambio sí lo hace, de manera tal que se torna necesario poner al sentimiento amoroso en su sitio, sin atribuirle la responsabilidad total y aceptar también que cuando cruzamos longevidad y afecto, la cuestión es más compleja de lo que aparenta ser.

“Si lo que buscas es una aventura, da lo mismo, pero si lo que quieres es una relación seria, es mejor que empieces a enfriar un poco los ímpetus y que tus decisiones sean más razonadas y razonables. Recuerda que la brecha inicial de los años se ahonda a medida que transcurre el tiempo y la diferencia, que es llevadera al comienzo, se hace más pesada a medida que los años van pasando. No digo que no se pueda, sino que es importante prepararse para ello”, es la advertencia que da Riso, para quien la intención primordial de su nuevo libro es plasmar algunos de los problemas que convierten al amor en un motivo de agonía y angustia y contraponer a los mismos una serie de lo que él denomina como principios básicos de supervivencia afectiva, los cuales proporcionan las herramientas necesarias para que ni hombres ni mujeres mueran de amor y cambien la concepción del amor tradicional que tienen por una más renovada y saludable.

Dentro de este contexto, el autor anota que, por ejemplo, no es lo mismo una diferencia de veintidós años cuando se es relativamente joven (o sea de 18 y 40) que a una edad mayor (o sea de 50 y 72).

A pesar de que numéricamente hablando en ambos casos la diferencia es de 22 años, las necesidades de ambos cambian, las metas se revisan, el impulso se sosiega y la visión del mundo va transformándose.

Contagiarse de la energía de los jóvenes

Según Riso, muchas personas mayores sueñan con repetir los años mozos y, en cualquier momento se les reactivan las hormonas y empiezan a buscar, como él lo denomina: “Carne fresca”, para contagiarse de sus bríos y furor. Dice que ha visto en su consulta los dos extremos: quienes vuelven a renacer gracias a la presencia de una compañía joven y aquellos que se agotan al segundo o tercer encuentros con su flamante pareja, porque los dolores lumbares o la ciática no los dejan. “Uno no puede rejuvenecer más allá de lo que manda el organismo, así la mente intente hacer regresiones. La imagen de un viejito o una viejita feliz, sacudiendo la cabeza al compás de unas jóvenes caderas, es una fábula de Hollywood. Cuando mi señora y yo bailamos o cantamos canciones de nuestra época, mis hijas ponen cara de condescendencia y nos dan un golpecito en la espalda. El mensaje que alcanzo a descifrar es: ‘Tranquilo, papi, si son felices así háganlo’… Cada edad tiene su “locura” específica, así sea intercambiable a veces. No necesitas estirarte la piel como tambor y vestirte con ropa de quinceañeros para sentir emociones. Sin dejar de ser tú, podrás encontrar gente que se te parezca. Eso es lo maravilloso de un mundo tan variado y multicultural. He conocido ancianos y ancianas que harían palidecer a más de un hiperactivo y con una alegría y disposición al placer realmente envidiables. Cada pareja crea su microcosmos, su intimidad y su manera particular de sentir y degustar la vida. Ese es el vínculo secreto e irremplazable de cada enamorado. ¿Quién dijo que se necesita ser joven para generar emociones fuertes?”, es la reflexión que nos impone Walter en este interesantísimo capítulo de su libro.

Para Riso, negarse a envejecer y a pasar de moda hace que algunas personas pierdan el sentido de la proporción y la estética y desarrollen actitudes ajenas a su edad, tratando de recuperar la juventud perdida. “Es verdad que social y médicamente hablando los cincuenta de hoy se parecen a los treinta de antes; sin embargo, también es cierto que cada edad tiene su encanto, siempre y cuando la aceptemos con naturalidad”, anota.

Cada cosa en su tiempo
Señala el autor que si una persona se ha enamorado de alguien que, por su edad, pudiera ser su hijo o hija, debe pensar bien qué es lo que quiere en verdad: ¿una aventura o una estabilidad afectiva? Él o ella sabe de sobra que con los años la diferencia cronológica será más marcada y necesitará una pareja comprometida que le ame de verdad. Habrá que pensar si él/ella estará en condiciones de no sentir celos, miedo al abandono o al rechazo, a medida que los años van pasando.

Riso entonces aconseja que si la meta fuera divertirse no habría problema en seguir adelante en este intento, pero que si lo que se busca es establecer una relación a futuro hay muchas cosas a considerar.

En primer lugar, se debe tener en consideración si la pareja es confiable y no confundir admiración o deseo con amor.

El segundo factor tiene que ver con la seguridad en uno mismo, en la autoestima, en ser capaz de superar arrugas y achaques y amar tranquilamente.

La conclusión a la que llega Walter Riso en su nuevo libro es que se debe tener muy en cuenta que si en cualquier relación de pareja hay que prepararse económica, psicológica y emocionalmente para hacerla funcional, con mayor razón se lo debe hacer en aquellas relaciones en las cuales la diferencia de edad es significativa y ´por tanto las cosas son diferentes.

Lo importante en todo caso y este libro lo reafirma es no morir de amor y cambiar la concepción tradicional del amor por una más renovada y saludable.

Este artículo fue realizado gracias a   Revista Familia Si deseas seguir leyendo artículos de tu interés sigue explorando el sitio.

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