El poder de la influencia no podrá cambiar y corregir nuestro entorno.

Todos tenemos tendencia a querer cambiar y corregir nuestro entorno o cuando las cosas no se desarrollan como deseamos, pero sólo si centramos nuestra energía en cambiar nuestro comportamiento, podremos mejorar las circunstancias. Para ello es fundamental desarrollar nuestra actitud.

En muchas ocasiones  la mayoría sin darnos cuenta reaccionamos inconscientemente ante las circunstancias de la vida. Es importante tomar conciencia del espacio que existe entre el estímulo y nuestra respuesta, porque es en ese espacio en el que se encuentra nuestra libertad de decidir y de liderar la situación en vez de, sencillamente, reaccionar.

Las circunstancias sobre las que no tienen ningún poder de influencia.

Esta actitud pueden aparecer los sentimientos de culpa, las acusaciones, el lenguaje reactivo, el victimismo, la impotencia, la frustración, la incomprensión, la ira, el desánimo, la desmotivación, etc… Centrarse en esta área es otorgar a las personas y a las circunstancias el poder de controlarnos y como consecuencia, reducir nuestro poder de influencia.

El área de influencia es aquella en la que tenemos el poder para actuar directa o indirectamente. El concepto de influencia incluye todo lo que podemos hacer sobre nuestra conducta, actitud y acciones en cuanto a otras personas y/o circunstancias.

El lenguaje interno.

Nuestro lenguaje interno es el indicador que nos permite comprobar qué nivel de  pro actividad o reactividad tenemos. Ten en cuenta que todo empieza con un simple pensamiento, que tarde o temprano se convertirá en palabras, que a su vez se transformarán en actitudes ante la vida.

Podemos decir que nuestro lenguaje interno es el preludio de la materialización de las acciones que realizamos en nuestra vida. Por lo tanto, nuestra forma de pensar nos condicionará todo lo que vamos a hacer.

Tomar conciencia en todo momento de nuestro lenguaje interno nos permite reconducir nuestro propio pensamiento de forma proactiva, a la vez que nos convierte en personas que se adaptan más fácilmente a las circunstancias. Consecuentemente, esto nos posiciona ante las mismas de forma positiva.

 

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