En la vida nunca dejas de aprender, es parte de crecer y madurar.

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Todos los días adquirimos conocimientos nuevos. No me refiero a los avances tecnológicos, sino a la capacidad que tenemos de aprender de las experiencias, situaciones, errores, fracasos y hasta de los triunfos. El mundo en el que vivimos es un gran salón de clases; y aunque a muchos no les haya gustado ir a la escuela, el colegio de la vida siempre estará ahí.

Nadie nace con un manual de instrucciones y sabiendo todo.

Estamos para aprender y compartir y no tiene nada de malo decir que no sabemos algo. Lo importante es investigar y no quedarnos sin saber las respuestas. Necesitamos recuperar para la educación, conceptos que un mal uso pedagógico ha dejado inservibles, como la voluntad- entendida no como una cualidad innata sino como una función de la inteligencia- o el sentido del deber, entendido como un elemento liberador que nos impide dejarnos llevar por presiones o impulsos incontrolados.

Nacemos con una personalidad recibida, compuesta de inteligencia básica, temperamento y sexo, que nos hace propensos a la felicidad o a la desdicha, sobre la que adquirimos unos hábitos, y añadimos planes y comportamientos, que nos salvan de un determinismo irremediable y acaban constituyendo nuestra personalidad elegida.

Nuestros actos, conductas y comportamientos tienen sus consecuencias en la rueda de la vida.

Tanto los momentos buenos como los momentos malos que experimentamos son importantes, son lecciones de vida que nos van a instar a madurar, a crecer y a ser mejores personas. Claro está, siempre que sepamos sacarle el partido debido. Podemos creer en ésta frase conocida y popular cuando lo merecido es positivo. Pero la pregunta surge cuando lo que “merecemos” y lo que nos da la vida son circunstancias adversas, que conllevan sufrimiento, cambios, y desgracias.

Todo lo que nos ocurre obedece a consecuencias de nuestros actos.

Me atrevo a decir que “cada uno tiene lo que necesita”.  En ocasiones, necesitamos ver directamente la consecuencia de un acto “malintencionado”. Y en muchas otras ocasiones, lo que nos ocurre, tiene un motivo de aprendizaje, “necesitamos aprender”.

Cada uno tiene lo que necesita para aprender”.

Las personas de nuestro alrededor nos dicen que nuestra pareja no nos conviene, que nos está haciendo daño, pero nosotros no nos damos cuenta. Creemos que nuestras discusiones son naturales y que lo que la otra persona nos dice, perdona cualquier acto que se queda solo de puertas para adentro.

Un día descubrimos que nos ha sido infiel y todo nuestro mundo se derrumba. No hemos hecho nada malo, pero hemos necesitado de esta prueba para poner fin a una relación que no nos estaba beneficiando. Por lo tanto, en vez de una desgracia puede considerarse una oportunidad para abrir los ojos, tomar una decisión y una nueva dirección, mejor dicho es una lección de vida para seguir aprendiendo.

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