Enfrentando el dolor

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Cuando se pierde a un ser amado, se siente algo que nadie puede conocer o imaginar excepto quien lo ha vivido

Es una punzada que te deja apenas sin aliento para respirar. Pero así son los designios de nuestro Señor, Él nos da Él nos quita, pero también cuando nos quita nos da muchas maneras de poder combatir el dolor, tenemos amigos, en algunos casos familia, que nos arroparán cuando nos sintamos vencidos y sin ganas de nada.

 Dios es el único que nos da fuerzas para seguir, hay que aferrarse a esa fe, que todo lo podemos en Él, aun en las noches más oscuras de nuestras vidas, Él es la solución. El dolor no pasa de un día para otro, cada cual lo vive de manera distinta, cada cual se supera de manera personal, no hay fórmulas mágicas que digan cual es la mejor para cada una, pero hay que buscar el consuelo, hay que pedir ayuda y decir con orgullo: “hoy me siento muy sola y te necesito”.

Son palabras tan simples que muchas veces no las decimos pensando que a nadie le importamos, que nadie sabe cómo nos sentimos, pero no es así, estamos para ayudar a crecer de todas las maneras posibles a nuestras amigas, para eso estamos aquí, somos una familia que se une ante el dolor, y los lazos crecen como tentáculos de los pulpos que nos atrapan para abrazarnos estemos donde estemos.

Cuando se nos va un amor el dolor es muy parecido, pues siempre tenemos expectativas para con esa persona, lo soñamos todo, queremos todo, pero por diferentes causas ese amor no se nos da, y nos sentimos caer en un profundo estado de depresión. Ya nada nos alegra, nada nos puede volver hacer sonreír, parece que el corazón se nos cae a pedazos por la traición de aquel amor que fue todo para nosotros en un momento de nuestra vida.

¿Cómo se recogen esos pedazos de corazón?

De a poco, lentamente vamos tratando de retomar nuestras vidas, es necesario hacer un luto, un minuto de silencio en nuestro interior, sólo el silencio es capaz de darnos y devolvernos todo aquello que hemos perdido. Es como un bebé, hay que comenzar a caminar lentamente, tratando de saber cuál ha sido el error, y no volver a caer en lo mismo; ser valiente y volver a levantarse, es volver a lavarse el cabello y desenredar así se ira también nuestra vida desenredando para volver a caminar por un camino sin tantas espinas, más liso, más firme.

No es fácil, nada lo es, sólo depende de nosotras volver a recomenzar. No olvidemos lo importante que son las verdaderas amistades, hay que cuidarles para que el día de mañana nos arropen cuando el frío de la soledad penetre en nuestros huesos. Y la respuesta a todas nuestras preguntas es Dios, sea cual sea la relación que tengas con Él, recuerda que es padre y no le gusta que sus hijos sufran de ninguna manera, aférrate con mucha fe a las oraciones que estás necesitando y el resto se irá arreglando poco a poco. Y así los días irán pasando y aquello que ha causado tanto dolor en tu vida, se irá suavizando. Pero hay que llorar, eso es como un bálsamo para nuestro corazón tan dolido.

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