Gracias porque me convenciste de dar mi corazón y todo mi amor a mí mismo.

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Gracias por lastimar mis sentimientos.

Por cada vez que me hiciste sentir pequeña o inútil con tus crueles palabras. Por cada pequeña flecha que apuntabas descuidadamente a mi corazón. Por tu falta de remordimiento cada vez que notaste un parpadeo de tristeza cruzar mis ojos. Y por hacerlo de nuevo. Por todas esas lágrimas saladas que fluían por mi rostro mientras yacía en la cama sola por la noche. Por hacerme sentir más solitaria de lo que era antes de que nos conociéramos.

Gracias.

Porque me enseñaste que las palabras o acciones de nadie me pueden hacer daño, a menos que yo les dé esa oportunidad. Gracias por amarme a medias. Por todos tus “tal vez” y tus promesas vacías. Por decirme que te importaba, mientras tus acciones gritaban que no. Por todas las veces que me dejaste sin culpa. Para decidir que no merecía un amor que fuera genuino y entero.

Gracias. Porque me convenciste de dar mi corazón y todo mi amor, a mí mismo.

Gracias por traicionarme. Por abusar y romper todo lo que pensé que habíamos construido juntos. Por ser capaz de aplastarme tan completamente en un latido del corazón. Por hacerme incapaz de abrir mi corazón de nuevo. Y por todas las disculpas que nunca tuve. Para todas las disculpas que mi corazón todavía está esperando.

Gracias. Porque me enseñaste a ser más cuidadosa para confiar una próxima vez. Gracias por dejar en claro que no era suficiente para ti. Por todas esas veces que me hiciste cuestionar mi valor. Por hacerme sentir que no tenía las herramientas necesarias para amarte; amar a cualquiera. Por hacerme sentir indigna de amor, y sin amor. Por hacerme lamentar mi apariencia, deseando poder hacer algunos cambios. Y reprendiéndome a mí misma por no ser la persona que sería lo suficientemente buena para hacerte quedarte.

Gracias. Porque finalmente me di cuenta de que soy mucho más que suficiente, plagada de defectos e imperfecciones, como lo estoy hoy. Estos son mis defectos. Mis imperfecciones. Y me hacen quien soy.

Gracias por salir. Por desaparecer sin otra palabra. Por no darme una explicación que yo mereciese.

Quiero decir gracias. Porque al desaparecer, me dejaste libre. Y contra todas las probabilidades, te las arreglaste para volver a poner todas mis piezas rotas juntas.

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