La conexión visual es la mas importante entre las personas para tener una buena comunicacion.

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Mirar a los ojos a las personas dice mucho de tu personalidad, segura y muy transparente. Ayudarle a alguien a cargar un paquete, ceder el asiento a una persona que tiene algún impedimento físico e, interesarse de manera auténtica por el sufrimiento de una persona que se ve agobiada  son todas ellas actividades que tienen en común conectarse con los demás de manera efectiva y empática.

¿Te conectas de manera efectiva con las personas que tienes a tu alrededor?.

Biológicamente, establecer vínculos con quienes nos rodean puede además tener un efecto amortiguador sobre el estrés cotidiano. Ya es ampliamente conocido que aquellos que establecen buenas conexiones sociales presentan menos posibilidades de aislamiento y marginación, son más eficientes a la hora de manejar los diversos desafíos que impone la vida y de consultar a los profesionales en salud para obtener cuidados preventivos, consejería psicológica y tratamientos médicos de manera oportuna y adecuada.

Por el contrario, las personas que no establecen estos enlaces suelen reportar más estados de desolación, depresión, tener unos hábitos de alimentación inapropiados, patrones de sueño más deficientes y hacen menos ejercicio físico, lo que muchas veces se asocia a la aparición de enfermedades crónicas e incapacitantes.

Y es que el hecho de tener personas alrededor no significa necesariamente estar conectados. Muchos se sienten solos en medio de muchas personas. De manera similar, algunos disfrutan estar solos cuando lo desean, sin sentirse para nada desamparados. Y es que sentirse solos y estar solos son cosas diferentes.

La soledad puede ser una experiencia enriquecedora, nos facilita conocernos un poco más.

Pensemos en cuando meditamos, cuando conducimos el auto de regreso a casa, cuando nadamos, o cuando sencillamente disfrutamos de nuestras ocurrencias y nos reímos solos.   Pero hay oportunidades en que nuestra soledad no logra conectarse adecuadamente con nuestro interior y se convierte en un espacio yermo e infecundo.

Nos sentimos desolados cuando desaparecen esos diálogos interiores que nos lleven a la reflexión, planeación, regocijo, gratitud o el crecimiento como personas. Si no somos capaces de relacionarnos de manera sana con nuestro interior, si las personas que amamos o son significativas nos han abandonado, o cuando, por el motivo que sea, hemos renunciado de manera voluntaria a quienes pueden aportarnos esos valiosos elementos para sentirnos “parte de algo”; es muy probable que experimentemos una sensación de hundimiento, vacío y desconsuelo profundo que puede traer serias consecuencias para nuestra vida.

Recordemos que sentirnos solas no equivale a estar solas.

Cuando un familiar o amigo se comienza a aislar de los demás, o presenta excusas para no interactuar con sus allegados y amigos,  hay que tener en cuenta que la presencia de algunos trastornos mentales y del comportamiento puede asociarse al sentimiento de desolación.

El aislamiento, la indiferencia por parte de las personas allegadas y el rechazo social empeoran la situación de estas personas y pueden llevarlas a sumirse en un profundo abismo emocional, e incluso predisponer a los intentos de suicidio. Por eso es tan importante estar siempre atentos a este tipo de situaciones: aquí una observación atenta, una intervención empática, un adecuado acompañamiento, la escucha respetuosa y una mano tendida a colaborar, son indispensables y muchas veces salvadoras.

Estar conectados con nosotros mismos y con los demás nos aleja de la indiferencia, el egocentrismo, la superficialidad, la cobardía y la inatención. Ponernos en el lugar de los demás, ser compasivos, gentiles y solidarios tiene muchas ventajas para todos. Así que no esperes más, mucha gente está esperando por ti.

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