Perdonar no es sinónimo de regresar

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¡Cuán inspiradas se tornan esas canciones que casi de rodillas piden perdón por un error que causó una gran herida a un ser que supuestamente se amaba!

Nos prometen mil y un cambios, nos dan muchas justificaciones, nos juran reparar el daño… Pero ya nada es igual, no podemos rebobinar nuestro corazón y borrar aquel episodio de dolor y decepción. Dicen que si no regresas con aquel que te lastimó, entonces es porque no has perdonado, porque aún guardas rencor y por ello no quieres volver al mismo paisaje.

Pero ¿a quién se le ocurre que perdonar es sinónimo de sacar un bisturí y volver a poner las cosas donde estaban antes de la herida daño y seguir adorando a quien fue nuestro verdugo? Perdonar no es sinónimo de regresar, el perdonar lejos de las tele novelescas historias que afirman en el inconsciente colectivo esa creencia de que tras los peores atropellos llega la felicidad, no involucra acabar con nuestra dignidad y autoestima, el perdonar significa un desapego del pasado y sus dificultades, un reconocimiento al camino que tenemos enfrente en lugar de revolcarnos en nuestras tristezas.

Perdonar es un acto de altruismo, pero no siempre viene acompañado de reincidencia. Nuestras ex-parejas pueden llegar a creer que si no regresamos con ellas es simplemente porque queremos humillarles, porque antes de regresar con ellos queremos que nos rueguen y nos imploren por amor. Pero la verdad es que nosotras sabemos qué es lo que significa humillarse por un traguito de amor, nosotras sabemos la tristeza que se siente ver el cómo las personas que amamos se alejan de nuestra alma sin remedio alguno, razón por la cual no le deseamos el mismo mal ni siquiera a quien nos hizo sufrir.

Quienes nos tuvieron un día a su lado compartiendo el azul del cielo, deben saber que nosotras les agradecemos por los aprendizajes que con sonrisas o lágrimas obtuvimos de ellos, que gracias a su presencia le encontramos un nuevo sentido a nuestras vidas, que sabemos que se han arrepentido por las heridas que nos ocasionaron, pero que también sabemos que no les podremos volver a mirar con los mismos ojos, no porque les tengamos algún resentimiento, sino porque nuestros sentimientos han cambiado y nos hemos dado cuenta de que ninguno de los dos hubiese sido feliz en una relación que adolecía de correspondencia.

Nosotras deseamos ser felices a plenitud y quien nos hirió ya no está en nuestros planes, no por obstinación sino por sensatez.

 Aceptamos que como seres humanas tenemos debilidades y que no en todas las oportunidades tenemos plena conciencia de las consecuencias que nuestros actos pueden traer, pero a pesar del arrepentimiento, nuestro corazón ya se partió en incontables pedacitos y debemos lidiar con ello. La constancia a veces no es una virtud, por ello debemos ser muy claras con nuestras ex-parejas y decirles:

Quien hace daño, no puede esperar que su existencia se encuentre llena de bellos parajes, porque a pesar de que la justicia a veces tarde en llegar, algún día lo hará y a cada quien le entregará lo que ha forjado, tú solo debes dedicarte a tejer los sentimientos que un día se rompieron.

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