Querido yo, dejemos de luchar por alguien que no nos quiere

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Querido “yo”, dejemos de luchar por alguien que no nos quiere.Avancemos para no lastimarnos más por un amor con demasiadas contraindicaciones. Pongamos la dignidad en el corazón y arranquemos de raíz esta dictadura afectiva para decir con valentía “te dejo porque me quiero”.

Sabemos que no es fácil. Somos conscientes de que en nuestro cerebro no hay un botón de reinicio, una salida de emergencia ni una ventana que abrir para que la brisa fresca oxigene la cárcel de nuestras penas. El cerebro es obstinado, metódico y persistente. Es una entidad que lucha y se aferra por mantener los recuerdos emocionales porque son ellos, al fin y al cabo, los que dan esa gran impronta a nuestra identidad.

Dicen que amar sin ser amado es como intentar encender una vela con una cerilla ya apagada. Y la verdad es no sabemos muy bien por qué lo hacemos, por qué nos empeñamos en hacer un culto por alguien que no nos quiere. Persistimos y resistimos en esos sesgos cognitivos del “si le digo esto puede que”, “si cambio esto es posible que” como si fuéramos a lograr algo con ello.

Sin embargo, el amor no es una máquina expendedora. No basta con poner una moneda y oprimir un botón para obtener aquello que tanto esperamos. A veces, no hay más remedio que dar el paso: matar las falsas esperanzas y dejar de morir en vida por quien camina por otros rumbos y otras compañías.

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La sombra de quien no te quiere se niega a desaparecer de tu cerebro

Nos preguntábamos hace un momento por qué esto es así: por qué es tan complejo pasar página y actuar con más entereza cuando somos conscientes de que no nos aman. La respuesta de ello está, como no podía ser de otro modo, en ese intrincado y siempre fascinante mundo neurológico. Para comprenderlo mejor, pongamos un ejemplo.

Llevamos unos días donde tenemos la plena sensación de que vamos bien. Estamos superando esa ruptura. No obstante, en una tarde cualquiera, nos cruzamos con alguien que lleva el mismo perfume que nuestra expareja. Casi sin saber cómo, el sufrimiento nos aborda de nuevo hasta inmovilizarnos, hasta llevarnos de nuevo a la deriva de las lágrimas.

Antoine Bechara es un conocido neurobiólogo de la Universidad de California que ha definido lo que se conoce como “conflicto cerebral”. Cuando una persona es rechazada, el cerebro sigue vinculado a determinados estímulos, imágenes y recuerdos. La red neuronal encargada de ejecutar esta íntima pero poderosa relación está ubicada en dos áreas muy concretas: entre el hipocampo y la amígdala.

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No podemos olvidar que estas estructuras rigen y orquestan toda esa memoria relacionada íntimamente con las emociones. De este modo, cada experiencia vivida con esa persona especial se ha grabado a fuego y a su vez, se ancla a determinados estímulos que actúan como disparadores o evocadores del recuerdo.

De ahí, que al oler un perfume, al ver un determinado tipo de ropa, una fotografía o pasar por ese restaurante donde cenábamos el fin de semana, hace que nuestros neurotransmisores se activen hasta el punto de convertirnos en auténticos adictos a ese amor imposible.

Este artículo fue realizado gracias a LA MENTE ES MARAVILLOSA. Si deseas seguir leyendo artículos de tu interés, sigue explorando el sitio.

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