Resulta eficaz dejar de hablar por enojo?

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El silencio a veces cumple la función de castigo. Dejar de hablar a alguien es una salida a la que muchas personas acuden para “expresar” su enfado, su inconformidad o sus reproches. Ahora bien, ¿de verdad resulta eficaz este método para superar un problema o lograr que alguien cambie?

¿Qué implicación psicológica tiene la decisión de evitar las palabras cuando hay un rencor que arde?

Establecer un diálogo con alguien no es fácil, en especial si hay un conflicto que no parece tener vías de solución. Ahora bien, si en lugar de abordar el tema directamente lo que se hace es dejar de hablar al otro, lo único que logramos es introducir una tensión adicional. A la disputa no resuelta se suma un limbo que puede llegar a ser una verdadera incubadora de veneno.

Las razones para castigar con el silencio

Tal y como dijo una vez el músico Miles Davis, “el silencio es el ruido más fuerte”. Servirnos de esta dimensión es un recurso habitual entre muchos de nosotros. Ahora bien, no siempre lo hacemos con el fin de castigar a alguien. A veces, recurrimos al silencio como recurso para no discutir más. Entendemos que hay conflictos que no dan más de sí, y para no agravarlos, para no avivar más el fuego nos valemos de él para poner un final. En este caso, es una estrategia adecuada.

El silencio como estrategia para gestionar el conflicto

Los perfiles que hacen uso del silencio como artimaña para manejar los problemas y las diferencias, suelen pensar lo siguiente:

  • Es mejor dejar de hablar a una persona que participar de una discusión en la que se intercambien insultos.
  • Esa persona con la que tengo una diferencia/problema no me entiende. Por más que le pido que cambie, no me hace caso. Entonces, es mejor no decir nada porque, ¿para qué?
  • Tiene que disculparse conmigo por lo que me hizo (o me dijo, o no hizo, o no dijo). Hasta que no lo haga, voy a dejar de hablar.
  • Para qué hablar si siempre llegamos al mismo punto. Mejor dejar de hablar para ver si entiende que no voy a ceder.

Dejar de hablar, un recurso habitual en la manipulación emocional

Un silencio puede tener multitud de significados. Algunos de ellos son realmente violentos. Dejar de hablar a alguien es asumir una actitud pasivo-agresiva. Esto quiere decir que se está violentando al otro, pero de manera implícita. La mayoría de las veces este tipo de actitudes son tanto o más nocivas que la agresión directa, y lo son porque el silencio se convierte en un vacío que es susceptible de cualquier tipo de interpretación.

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