Si vives para agradar a los demás, todos te amaran, excepto tu misma.

Has creído durante mucho tiempo que para ser aceptada y feliz tenías que agradar a los demás a toda costa. A mí también me pasaba.Al principio te funcionaba y conseguías tus objetivos: ser aprobada, alabada y querida.

Hasta que te diste cuenta de que habías pasado por alto tus verdaderas necesidades y como no las manifestabas y nadie las conocía, esas personas a las que tú complacías, se volvían egoístas. Se acostumbraron a que siempre digas a todo que sí y ya no había forma de que pudieses ponerte en tu sitio.

¿Quién no quiere que los demás estén contentos con sus decisiones?

Como seres sociales que somos, tenemos la necesidad de relacionarnos y llevarnos bien con aquellas personas con quienes nos relacionamos. El problema viene cuando esto se convierte en una obsesión que hace que te olvides de ti misma y pongas por delante las preferencias de los demás frente a las tuyas propias, sin sentido y por inercia.

Con el tiempo, te vas dando cuenta de que te estás traicionando a ti misma y de que es imposible complacer siempre a todo el mundo.

Cada vez que antepones las necesidades de los demás a las tuyas propias, te sientes mal.

Se te hace un nudo en el estómago e incluso te cuesta respirar. Estás comprobando que ese no es el camino que te conducirá a la felicidad. Tienes tal necesidad de agradar a los demás que no sólo estás hasta la coronilla sino que es posible que explotes en algún momento y se líe parda.

Ahora más bien te parece que te estás defraudando a ti misma continuamente y que por mucho que intentes agradar siempre habrá alguien, siempre, para quien no sea suficiente.

Conozco esa sensación perfectamente. 

Conozco el sentimiento de frustración que se siente cuando, aunque es algo que no resuena contigo, haces cosas para agradar a los demás y encima no lo consigues.  Y aún peor, haces algo para agradar a los demás y lo consigues, pero te sientes tan mal que preferirías hacer cualquier cosa, porque lo que has hecho no va para nada con lo que sientes.

Esa necesidad de agradar a los demás que tienes, nace en la infancia. Si buscas aprobación y no te la dan, malo. Pasarás la vida buscando y buscando y no podrás construirte una autoestima alta que te aleje de esa necesidad.

Te preocupa mucho ser rechazada y piensas, muy erróneamente, que si vas en contra de lo que quieren los demás estas personas no te aceptarán. Piensas que mostrarte cómo eres puede alejarte de mucha gente. Así que cuantas más valoraciones positivas te lleguen, más crees que vales y en eso fundamentas un aparente amor propio.

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