Siempre me decías que jamás me abandonarías, palabras tiradas al viento.

Los años pasan, ¡la vida pasa! Y como dulce torrente te llenas de recuerdos del ayer… Te llenas de esas frases tan bonitas que al oído te decían, y sí, es verdad: los años pasan igual que las nubes en el cielo que al girar del viento, pues rápido se desvanecen, como se desvanece el amor sentido.

Ayer fuiste luz en mi vida, iluminabas mi alma, mi ser y mi corazón. Pero hoy, hoy al contacto de tu nombre sonrío, sólo sonrío porque me tiembla el alma de sentimientos encontrados que me llenan de hastío, de volver al ayer y no caminar ese sendero contigo, ¡y ser feliz!…

Hoy recojo las escorias de la vida y me envuelvo de amor, de paz, de ternura y de fresca brisa que me hace dislocar el pensamiento y ser una mujer reparada .

Aquéllas alas parchadas por el sufrimiento van sanando y de nuevo he vuelto a volar como aquélla gaviota que surca el vasto mar, mi mar: con su blanca espuma y su suave arena. He dejado en las caracolas el lastimero gemir que me dejó tu olvido, y he vuelto a sonreír y me he puesto mi vestido de algas marinas y caracolas inquietas, me he perfumado con la suave brisa del ocaso y en mis cabellos brillan los plateados rayos de luna que me dan tentación, y me dan suspiros. porque me doy cuenta de lo grandioso que es ser libre, ser mujer, una hermosa y plena mujer.

“Soy tu paz”, solías decir en esos momentos tuyos y míos, y “nunca voy a abandonarte”, “siempre estaré para ti” y “te lo juro por el sol que me alumbra”, “mientras exista jamás estarás sola”, “porque me has dado tanto o más de lo que he merecido, tus momentos, tus ternuras, tus besos y tu ser, toda tú te me has entregado y yo, yo a cambio prometo nunca más dejarte”, -decías mientras besabas la cruz y mirabas al cielo.

 

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