Gánale la batalla al hambre emocional

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¿Siempre que sentimos hambre es por una necesidad fisiológica de alimentarnos?

No, claro que no. También existe el hambre emocional, ese apetito voraz o distraído que nos impulsa a vaciar la nevera cuando lo que nos ocurre es que nos sentimos ansiosos, vacíos, aburridos…

Ahora mismo podemos romper viejas conexiones dañinas y crear nuevos vínculos, más sanos, con nuestros cuerpos y con la comida. Tan solo necesitamos algunos recursos.

La conducta de comer no es solo ingerir alimentos: es el resultado de una relación compleja de experiencias familiares previas y sus evocaciones; rutinas alimenticias, valores culturales, actitudes y creencias, el contexto en el que comemos, emociones personales, necesidades… Es decir, comemos por muchas razones, y pocas veces es por sentir hambre.

Cómo aprender a comer bien

Si queremos comer bien, debemos entrenar a nuestro cerebro para escoger las opciones adecuadas y eso requiere constancia y tiempo. Supone también comprender que tan importante es el qué comemos, como el cómo y cuándo lo hacemos.

Tener un mayor autoconocimiento de los procesos psicológicos, emocionales y conductuales que afectan a nuestra manera de comer nos ayudará a implementar y cultivar unos hábitos alimentarios más saludables.

Adelgazar con psicología

Hay que tener en cuenta lo que ingerimos, el cómo lo hacemos y el cómo nos sentimos al hacerlo. Nuestro estado de ánimo, las preocupaciones o lo que pensamos nos acompañan también en la mesa, influyendo en nuestro apetito y en la cantidad y la calidad de lo que comemos.

Si queremos tener éxito en la pérdida de peso y mantenerlo en el tiempo, es básico conocer y manejar los procesos cognitivos y emocionales que están influyendo en nuestros hábitos alimenticios para así poder modificarlos efectivamente.

Cómo dejar de confundir hambre y ansiedad

No confundir el hambre con ansiedad, alivio, aburrimiento, miedo, frustración… Aprender a discernir el hambre del picoteo.

La neurociencia ha descubierto que con la comida se estimulan los mismos centros del placer que con algunas drogas. Sin ser conscientes, muchas veces utilizamos la comida para calmar o enmascarar nuestras emociones y así poder saciar nuestro “hambre emocional”. La comida se convierte así en un refugio fácil y accesible.

Pero, ¿cómo podemos distinguir el hambre emocional del físico? El hambre es la necesidad física de alimentarse mientras que el apetito es deseo, incluso ansia, por la comida. Tener hambre es una necesidad fisiológica vital, indispensable para nutrir correctamente nuestro cuerpo.

Hambre vs. apetito

En general, el hambre puro solo se da en circunstancias extremas de falta de comida. El apetito, sin embargo, está influenciado por el contexto.

Intervienen factores como los olores, los sabores, el aspecto y presentación de los alimentos o ciertas costumbres alimenticias que predisponen y/o nos disparan hacia la ingesta. El apetito es un deseo gratificante, tiene un gran componente emocional.

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