Por qué aveces nos aferramos al pasado?

En el pasado siempre encontramos los mejores momentos, las mejores oportunidades (algunas que perdimos), mejores relaciones, hombres, amistades… ¡Ay, cómo deseamos poder volver atrás!

Pero el recuerdo del pasado que constantemente rememoramos y añoramos no es real, nunca existió tal como lo recordamos. Es una reconstrucción selectiva (consciente o inconsciente) de detalles del pasado, de las cosas buenas que vivimos. Y ese pasado semi-imaginario, idealizado en nuestras mentes con el paso del tiempo, es el que añoramos, y más cuando no somos felices. Has avanzado en la vida, ya no tienes la misma vida de antes, los años han pasado, alcanzaste metas y otras quedaron atrás… ahora tienes nuevos sueños, nuevas esperanzas, una vida diferente a la del ayer.

Pero si no eres feliz con lo que tienes, con quien eres, o con lo que estás viviendo, todo lo que te rodea te molestará. Si ya no soportas la vida que tienes, al hombre que un día llenó tu vida y que hoy sólo te la vacía, entonces es muy común acabar añorando el pasado. Añoramos el pasado cuando las cosas nos van mal. Nos ponemos a recordar esos años maravillosos que tan diferentes son a los de ahora, los amores del ayer… Pero, ¿no se te olvida algo?

 En qué pensar si extrañas el pasado:

  • Si lo que añoras es un hombre que ya no está contigo… Seguramente se amaron mucho, pero la relación no resultó, no salió bien. Te ha costado salir del agujero negro que la ruptura supuso, recuperarte de todo lo que supuso en su momento el motivo de que la relación no funcionase… Piensa en eso: que no resultó. Cuando has querido tanto en la vida, cuesta desprenderse de las cosas pasadas, quizás nunca las olvides pero sí puedes dejar de idealizarlas y tratar de ver lo que tienes hoy frente a ti. .
  • Si lo que añoras son tiempos mejores con tu hombre… A veces no necesariamente hace falta que nuestra pareja se marchase de nuestro lado para que añoremos el pasado… ¡añoramos cuando la relación funcionaba mejor! Entonces, ¿por qué no hacer un esfuerzo y volver a enamorarte de él? Si pese a todo lo malo ahora estás con él, es que en algún momento te sentiste a gusto y ha merecido la pena. Aún hay cosas rescatables en la relación, el potencial obviamente está ahí, tú lo viste, lo viviste, lo tuviste, sólo hay que sacarlo de nuevo. Piensa en lo que te enamoró de él, míralo del lado positivo, vuelve a pensar qué es lo que te gustaba tanto de él, qué te llevó a querer estar con esa persona, a formar un hogar, a entregarte de nuevo al amor…

El pasado debe permanecer en el pasado

 Nadie puede vivir añorando el ayer, mucho menos si ha sido un triste recuerdo. Es comprensible que todo lo que hagas hoy te traiga recuerdos, es normal que hasta llores al recordar; pero ya pasó, esa persona ya tiene otra vida, tiene a quien dar amor y cariño; y si no eres tú, es otra. Trata de pensar de esa manera, el ayer no puede volver, lo que hicimos mal ya no se puede deshacer, hay que volver a intentar y hacer las cosas mejores en el día de hoy para que tengamos un buen equilibrio en la vida.

Señales que demuestran que eres una persona resiliente

Una persona resiliente es aquella que tiene la capacidad de enfrentar situaciones adversas con el mayor equilibrio emocional posible. Evidentemente solo quienes han estado sometidos a eventos que ameritan descubrir sus capacidades, de cara a situaciones altamente demandantes, son los que podrán realizar una evaluación de sus reacciones y sus características.

Las personas que presentan mayor dominio ante situaciones extremas, que se consideran un reto a nivel emocional, nos muestran señales que nos permiten manejar un perfil común que representa a las personas resilientes:

Confían en sus capacidades: Saben que poseen muchos recursos de los que pueden hacer uso, no tienen miedo de aprender algo nuevo y necesario.

Son pacientes: Pueden esperar con la mejor actitud y saben distinguir cuándo es necesario hacer una pausa o dedicarse a algo más mientras un resultado llega

Son optimistas: Miran con una sonrisa su proyección a futuro, siempre creen que lo mejor está por venir.

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Aprenden de sus errores: No se castigan por aquello que no hicieron de una manera particular, reconocen y aprenden de sus errores, encontrando en ellos una oportunidad para mejorar.

Son creativas: Son capaces de ver soluciones donde nadie más lo haría, de ver oportunidades en momentos de crisis, de cultivar talentos ocultos a los cuales pueden sacarle un gran provecho.

Buscan cambiar sus enfoques: Saben que lo primero que deben cambiar ante algo que no les agrade es su atención y su enfoque, de esta manera comienzan a manifestar cambios rápidamente.

Saben pedir apoyo en quienes les rodean: Son capaces de pedir ayuda, de mostrarse vulnerables de ser necesario y reciben sin orgullo la colaboración que otros puedan prestarles.

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Son flexibles: Se adaptan como el bambú, saben que la rigidez los coloca en riesgo de quiebre y que la flexibilidad los hace mucho más resistentes, especialmente en tiempos de tormentas.

Son personas con propósitos: Una persona con propósitos, con sueños, con objetivos claros, no se derrumba con facilidad, está enfocada en los pasos que la llevarán a donde quieren y cualquier cosa que se atraviese no resulta un obstáculo.

Como vemos una persona resiliente tiene muy buena capacidad de adaptación, sin embargo, esto no la convierte en una persona conformista, por el contrario, al confiar en sí misma, en los procesos de la vida, a entender que cada obstáculo es una oportunidad para superarse, tiene la capacidad de reinventarse en medio de una situación adversa y sacar el mayor provecho de ella.

Las personas resilientes asumen los momentos difíciles como lo que son, no manifiestan que tienen una vida dura, entienden la transitoriedad de todo y a través de su visión optimista del mundo aprovechan cada experiencia para conocerse y dar de ellas lo mejor que tienen.

La resiliencia se desarrolla a lo largo de la vida, todos en mayor o menor medida, vamos adquiriendo destrezas que nos facilitan el tránsito por trayectos complicados y mientras más confiemos en nosotros mismos y en que el universo está a nuestro favor, con mayor entusiasmo, fuerzas y fe avanzaremos en nuestro camino.

4 razones que te impiden decir adiós

La mayoría de los escenarios que nos generan sufrimiento o incomodidad, son aquellos en los cuales hemos decidido alargar una historia que debía ser concluida con anterioridad. Muchas veces nos cuesta cerrar ciclos, nos cuesta reconocer que un capítulo de nuestras ha llegado a su final y extendemos en tiempo experiencias que nos afectan de forma negativa o bien de aquellas donde ya hemos aprendido o vivido lo necesario.

A medida que maduramos, nos damos cuenta que nuestra vida y nuestro tiempo son valiosos, que de la inversión de ellos dependerá nuestra felicidad y que podemos hacer frente a todo lo que trae consigo la vivencia de la despedida para preservar nuestro bienestar y asegurarnos de que estamos dando un buen uso de nuestros recursos con el fin de sentirnos bien.

Las despedidas son los actos que encierran decir adiós no solo a una persona, sino a un trabajo, a un sentimiento, a un pensamiento, a un lugar, etc… Aplica para absolutamente todo y así como es de amplia su aplicación, lo son las excusas que nos damos para no dar ese paso.

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Causas comunes que nos mantienen atados a una persona o situación

Miedo a lo desconocido:

Cuando nos encontramos en nuestra zona de confort, nos parece arriesgado y muchas veces paralizante dar un paso que nos mueva nuestra estabilidad, que nos empuje a lo desconocido, que nos obligue a conocer a alguien más, muchas veces quien es atacado por este miedo no suele despedirse antes de haber saludado a lo que será su nueva experiencia.

Costumbre:

Cuando convivimos o interactuamos con algo, solemos acostumbrarnos a una dinámica, a una rutina, a un patrón establecido que nos llena de alguna forma de seguridad, adicional a que nada en su totalidad es bueno o malo, y las cosas positivas a las que nos acostumbramos o la posibilidad de no poderlas tener en un futuro, nos hace generar un apego que se traduce en dificultad para soltar y despedirse.

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Dejarse afectar por la opinión de otros:

Cuantos “sabios” con sus mejores intenciones no se nos cruzan en nuestro camino para aconsejarnos u opinar en relación a lo que es mejor para nosotros. Siempre es bueno tener una palabra amiga que nos ayude a ver otra perspectiva, sin embargo no debemos permitir que nuestras decisiones se vean influenciadas en un alto porcentaje por la opinión de otros.

Poca confianza en nosotros mismos:

Cuando no tenemos la suficiente confianza en nosotros como para evaluar con claridad una situación, tomar una decisión que implique separación nos costará muchísimo. En el fondo siempre sabemos qué es lo mejor para nosotros, simplemente no podemos escucharlo por todos los miedos e inseguridades que ponemos en medio. Cuando el velo cae, podemos conectarnos a nosotros mismos y ser capaces de cerrar los ciclos necesarios de la mejor manera.

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Definitivamente aprendemos a despedirnos de corazón, sin orgullo de por medio, cuando maduramos, cuando crecemos, cuando valoramos… en especial nuestra existencia.

Cuando eres infiel, debes estar preparado para perder a quien te ama

Muchas veces, por no decir la mayoría de ellas, las personas que cometen algún tipo de acto de infidelidad, no miden las consecuencias de lo que están haciendo, tomando a la ligera que una de ellas es la pérdida de la pareja.

Son muchos los motivos que llevan a una persona a ser infiel, que van desde inmadurez, hasta venganza. Evidentemente las consecuencias serán aceptadas con mayor o menos comodidad, dependiendo del camino que tomen y los sentimientos que predominen en la relación.

No podemos generalizar y asegurar que todo el que es infiel no ame su pareja, pero sí podemos afirmar que ha tenido una manera de comportarse que no le hace bien a ninguna relación. Si hablamos de una relación de pareja convencional, perteneciente a la cultura occidental, entenderemos que la infidelidad es una manera inadecuada e irrespetuosa de comportarse no solo con la pareja, sino con nosotros mismos e inclusive con la tercera persona, tenga claro o no su rol en relación a una pareja preestablecida.

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No todos los infieles son iguales, aunque tienen un patrón en el cual encajan. Algunos han sido puntualmente infieles sin intención de repetirlo, otros no pierden oportunidad de reafirmarse ante el género opuesto y ante sí mismos, tocando cada puerta y atravesando cualquiera que no esté del todo cerrada, otros que tienen vidas paralelas, pero en cualquier caso su infidelidad siempre estará en riesgo de ser descubierta.

A veces juran que tienen todo bajo control y de ninguna manera se filtrará información que perjudique su relación, pero cuando hay al menos una persona más involucrada, hay mucha posibilidad de que los engaños salgan a la luz. Sin contar con la intuición, con la percepción o los errores que se pueden cometer.

En caso de mostrarse una infidelidad en el tapete, la confianza se hace trizas, las emociones y sentimientos que prevalecen son la tristeza, la rabia, la necesidad de venganza, la decepción, el vacío, el desamor… y evidentemente nunca sobra la necesidad de separación, importar que aun hayan sentimientos positivos en la relación, la persona que decide terminar se siente incapaz de perdonar o bien de seguir vinculada a quien le ha traicionado.

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Cuando se produce la ruptura, en la mayoría de los casos se evidencia la poca consciencia por parte de quien es infiel, en relación a perder a quien le ama y que en la mayoría de los casos asegura amar, argumentando inclusive que su intención nunca fue abandonar la relación, que se ha equivocado y que de tener la oportunidad de retomar o hacer las cosas de una manera diferente, la valorará de manera especial.

Los resultados son muy variables, pero evidentemente llama la atención cómo quien traiciona, engaña y hasta humilla a quien le ama, no considere que sus acciones serán motivos suficiente para apartarse… y sencillamente se justifica con el hecho de que nunca serán descubiertos, pero como dicen por allí, los engaños y las mentiras tienen piernas cortas.

El mito del ave Fénix o el maravilloso poder de la resiliencia

Carl Gustav Jung nos explicó en su libro “Símbolos de transformación” que el ser humano y el ave Fénix tienen muchas similitudes. Esa emblemática criatura de fuego capaz de elevarse majestuosamente desde las cenizas de su propia destrucción, simboliza también el poder de la resiliencia, esa capacidad inigualable donde renovarnos en seres mucho más fuertes, valientes y luminosos.

Si hay un mito que ha nutrido prácticamente todas las doctrinas, culturas y raíces legendarias de nuestros países es sin duda ese que hace referencia al ave Fénix. Se decía de él que sus lágrimas eran curativas, que tenía una gran resistencia física, control sobre el fuego y una sabiduría infinita. Era, en esencia, uno de los arquetipos más poderosos para Jung, porque en su fuego se contenía tanto la creación como la destrucción, la vida y la muerte…

Asimismo, es interesante saber que encontramos tempranas referencias a su mitología tanto en la poesía árabe, como en la cultura grecorromana e incluso en gran parte del legado histórico de oriente. En China, por ejemplo, el Fénix o el Feng Huang simboliza no solo la más alta virtud, el poder o la prosperidad, sino que además, también representa el yin y el yang, esa dualidad que conforma todo lo existente en el universo.

No obstante, y esto vale la pena recordarlo, es en el Antiguo Egipto donde aparecen los primeros testimonios culturales y religiosos alrededor de esta figura y donde a su vez, se da forma a esa imagen que tenemos en la actualidad sobre la resiliencia. Cada detalle, matiz y símbolo que perfila este mito nos ofrece sin duda un buen ejercicio sobre el que reflexionar.

El ave Fénix o el poder de renacer de nuestras cenizas

Viktor Frankl, neuropsiquiatra y fundador de la logoterapia, sobrevivió a la tortura de los campos de concentración. Tal y como él mismo explicó en muchos de sus libros, una experiencia traumática siempre es negativa, sin embargo, lo que suceda a partir de ella depende de cada persona. En nuestra mano está alzarnos de nuevo, cobrar vida una vez más a partir de nuestras cenizas en un triunfo sin igual o por el contrario, limitarnos a vegetar, a derrumbarnos…

Esta capacidad admirable por renovarnos, por recobrar el aliento, las ganas y las fortalezas a partir de nuestras miserias y cristales rotos pasa primero por una fase realmente oscura que muchos habrán vivido sin duda en piel propia: hablamos de la “muerte”. Cuando atravesamos un momento traumático todos “morimos un poco”, todos dejamos ir una parte de nosotros mismos que ya no volverá, que ya nunca será igual.

Así, y de entre todas los mitos alrededor de esta figura, es la Egipcia la que nos ofrece como decíamos esos puntos clave en los que debemos detenerlos para entender mejor la relación del Fénix con la resiliencia. Veámoslos a continuación.

Ave Fénix en el antiguo egipto

El ave Fénix en Egipto

Ovidio explicaba en sus textos que en Egipto, el ave Fénix moría y renacía una vez cada 500 años. Para los egipcios esta garza majestuosa era Bennu, un ave asociada a las crecidas del Nilo, al Sol y a la muerte, y que según explicaban, había nacido bajo el árbol del Bien y del Mal. Esta criatura fantástica entendía que era necesario renovarse cada cierto tiempo para adquirir mayor sabiduría y para ello, seguía un proceso muy meticuloso.

Volaba por todo Egipto para construirse un nido con los elementos más bellos: ramas de canela, ramas de roble, nardos y mirra. Después, acomodado en su nido, entonaba una de las melodías más bellas que los egipcios habían escuchado jamás para seguidamente, dejar que las llamas lo consumieran por completo. Tres días más tarde, el ave Fénix renacía lleno de fuerza y poder. A continuación, cogía su nido y lo dejaba en Heliópolis, en el templo del Sol para iniciar así un nuevo ciclo con el que ofrecer inspiración al pueblo de Egipto.

La resiliencia y nuestro “nido” de transformación

Tal y como vemos podido ver, el mito egipcio del ave Fénix es una historia bellísima. Sin embargo, analicemos ahora alguno de sus detalles. Detengámonos por ejemplo en cómo construye el Fénix su nido. Busca las materias más ricas de su tierra, esas que combinan a la vez delicadeza y fortaleza, y que le ayudarán en su transformación, en su ascensión.

Si lo pensamos bien, este proceso es muy similar al que conforma la dimensión psicológica de la resiliencia. Porque también nosotros buscamos esos elementos mágicos con los cuales construir un nido bien resistente donde aunar fortalezas.

Todos esos componentes le ayudarán en su ascenso pero no sin antes ser consciente de un aspecto: que habrá un final, que una parte de nosotros mismos se irá también, se convertirá en cenizas, en los restos de un pasado que nunca más volverá.

No obstante, esas cenizas no se las llevará el viento, al contrario. Formarán parte de nosotros mismos para dar forma a un ser que renace del fuego mucho más fuerte, más grande, más sabio… Alguien que tal vez sirva de inspiración a los demás pero que, ante todo, nos permitirá seguir adelante con el rostro bien alto y las alas bien abiertas.

Escojo cuidar de mí, ser feliz duela a quien le duela

Hay personas, a veces amigas, que no aportan nada bueno a nuestras vidas. Son personas que sólo saben criticar y ver lo malo en los demás. Personas llenas de rabia, rencor y envidia.

No nos conviene estar junto a personas así:

Debemos buscar nuestra felicidad, ver la vida de forma positiva, y si pasamos tiempo con estas personas nos acabarán contagiando y amargando.  

Rechaza aquello que no te haga feliz:

Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes? Claro que no; no tienes porqué recibirlo. Igualmente, cuando una persona se acerca a ti llena de rabia, envidia y rencores te está diciendo que la aceptes con todas esas cargas que lleva. No la aceptes en tu vida, ¿para qué? ¿Para hacer triste tu vida también .

Tenemos la opción de elegir si vivir con amargura o intentando ser felices:

Podemos pasar por momentos de rabia, rencor y envidia… pero esas emociones no deben albergarse en nuestro corazón de forma permanente, deben ser sólo pasajeras, deben quedar atrás. Es necesario que controlemos esas emociones negativas y todo lo que llevamos dentro de nuestro interior. YO QUIERO SER FELIZ y cada día trato de serlo, trato de ayudar a muchas personas y no tengo cabida en mi corazón ni tiempo para personas tan amargadas.

Qué hacer:

 Si reconoces que tal vez seas una mujer negativa, alguien que siempre ve problemas en todo y sientes que todos están siempre en tu contra: intenta calmarte. Una vez lo logres podrás ver las cosas con mayor objetividad, hacerte cargo de tus emociones y no enojarte con las personas que en su momento se alejaron de ti. Tú al igual que yo, somos dueñas de nuestros actos.

 Has tomado decisiones que te han llevado a donde estás y a ver las cosas como las ves. Debes asumir que tus decisiones tienen consecuencias sobre tu vida y tu visión de la vida. Todo puede cambiar, pero depende de ti y no de los demás. Tú puedes escoger salir de esa amargura que no te deja ver la luz del sol. La decisión es tuya.

Nuestra libertad es tan grande como grande es la mujer, y por lo tanto ya sabes que todo está en tus manos. Trata de vivir contenta y feliz, que tu luz te ilumine en tus días oscuros. Sólo tú puedes hacerlo. Eres una mujer y eso te hace muy especial.

Saber agradecer la vida en lo bueno y en lo malo

¿Cuándo das gracias por aquello que tienes? ¿Alguna vez das gracias por lo que te falta?

 La vida es como una ruleta, algunas veces nos toca vivir con muchas lágrimas, otras con muchas risas… Pero una y otra vez caemos sin aprender ni tomar lecciones de la experiencia. Lo cierto es que, aunque una y mil veces digamos tomar nota para la siguiente ocasión, volvemos a caer en lo mismo porque la mente se nos va en pensamientos que nos hacen desear más y no conformarnos con las cosas pequeñas que ya tenemos.

Hay felicidad cuando apreciamos las cosas pequeñas:

 Agradece ser quien eres. Da gracias por vivir, por estar en un lugar de este universo… No te encierres en un cuarto donde sólo hay soledad: piensa en lo que tienes en vez de lo que te falta. No necesitas tener dinero para ser feliz: mira por la ventana, sal fuera, mira a los niños, a los árboles como van cambiando de colores… y sé feliz, que es posible serlo con cosas así de sencillas.

Agradece vivir cada momento, bueno o malo:

Esta vida tiene de todo; llorarás, te pelearás con la familia una y otra vez, y te molestarás con tus amigos… pero como los quieres, les perdonarás. Así es la vida, está hecha de trozos de perdón, humildad, amor, tolerancia, dolor, alegrías, lágrimas, sonrisas y mucho más.

Agradece las cosas pequeñas de la vida:

Ten un corazón agradecido, y da gracias por todo. Sé agradecida tanto en esos días que no tienes nada como en los días que sientes que lo tienes todo. Siéntete feliz por aquellos días en que caminas y escuchas una melodía que te agrada, y agradece que la vida siempre te da caricias al corazón para cuando estás triste; te aseguro que volverás a sufrir por amor, por tus hijos, por tus padres, por tus amigos… porque así es la vida, consiste en caer y volver a levantarse con más fuerzas.

 ¿Qué se puede agradecer, cuando todo va mal?

Tendemos a ver el vaso medio vacío, a no apreciar lo que tenemos, y a enfocarnos en lo que nos falta o nos ha ido mal. Puede que la vida no sea perfecta, pero tiene razones por las que vivir con agradecimiento y esperanza. A todos nos ocurren cosas malas, todos enfrentamos malas experiencias; pero eso no es todo. Aún nos queda mucho por lo cual vivir, llorar y reír… aún tenemos muchas tragedias que enfrentar y superar, pero como los recuerdos no se van de la noche a la mañana, tenemos que aprender a vivir con ellos, sin seguir sufriendo.

Ser agradecida me ayuda a ser mejor persona:

Doy gracias por la vida que he tenido, buena o mala, ha sido la que me ha tocado vivir. He sufrido, he vivido grandes injusticias, he llorado y en muchas ocasiones lo he visto todo negro, sin salida… Pero pese a todo lo malo vivido, no me he acabado convirtiendo en una persona miserable. No ando por la vida buscando venganza, ni voy desconfiando de los demás y queriendo provocar dolor. No. Más bien es al contrario: he aprendido a apreciar los buenos momentos y los detalles más pequeños por insignificantes que parezcan. Sé que volveré a sufrir, pero gracias a Dios, que me da fuerzas cada día, confío que lo soportaré y superaré.

Sólo para que sepas, tu depresión no es culpa tuya

Estás deprimido no porque seas ingrato, o porque no eliges ser feliz. Estás deprimido no porque eres una persona perezosa que mereces sentirte de esta manera sobre ti mismo y sobre tu vida.

El karma tampoco tiene nada que ver con tu sufrimiento. Nada de lo que has hecho, ningún error que hayas cometido, ningún plazo que hayas perdido son la razón de esta niebla espesa y nebulosa que ha impregnado cada rincón de tu vida.

No. La verdad es esta:

La depresión no tiene nada que ver contigo en absoluto.

Nada. Créeme. Estás deprimido porque tienes depresión. Tan simple como eso. Es una enfermedad mental que se basa en una variedad de factores químicos y situacionales. No discrimina. Realmente le puede suceder a cualquiera. Incluso aquellos que, en el papel, tienen “mejores” vidas, o son los “más afortunados”. Aquellos con trabajos sólidos y relaciones estables y buenas familias y hermosos talentos. No importa. La depresión también puede llegar a ellos.

Por supuesto, entiendo que tal vez no te sientas así. Sé lo que la depresión le dice, ¿Qué es lo que crees?. La depresión es mucho más fuerte que la voz de la razón.

Te ha convencido de que todo esto es culpa tuya.

Te ha dicho una y otra vez que nunca haces lo suficiente, nunca eres suficiente, y nunca serás suficiente. Te reprende por permanecer en la cama, cuando el peso de tus coberturas parece ser suficiente para mantenerte en ella para siempre. La depresión te dice que tu incapacidad para concentrarte es simplemente porque no eres inteligente y careces de neuronas. La depresión le dice que eres un mal amigo, que eres malo en tu trabajo, que no tienes esperanza de un futuro mejor.

Pero esto no es verdad. Estos son los síntomas de la depresión. La forma en que la tos es un síntoma de bronquitis o fiebre puede significar la gripe, falta de energía y concentración, sentimientos persistentes de desesperación y desesperación son marcas registradas de la depresión. Estos no son defectos de carácter. Estos son los efectos secundarios de una mente que está enferma.

Ahora, entiendo lo difícil que es buscar ayuda cuando piensas que algo es culpa tuya. Es casi imposible admitir que te estás ahogando cuando crees que eres el que se metió en aguas demasiado profundas. Siento que es aterrador revelar las partes más oscuras de ti mismo cuando ya estás tan bajo.

Pero debes. Tú debes buscar ayuda.

No hay razón para pasar por esto solo. Hay líneas telefónicas y terapeutas y medicamentos y sitios web. Hay comunidad. Hay tratamiento.

¿Y lo más importante? Hay esperanza.

En esta vida hay tiempo para todo, quien no te lo dedica es porque no quiere.

Hay un tiempo para todo…

Un tiempo para detenerse, estarse quieta y observar… y un tiempo para correr sin parar. Un tiempo para dejarse llevar por el viento, para mecerse con el ritmo de las olas sin más… y un tiempo para nadar a contracorriente y luchar hasta no poder más. Un tiempo para perdonar y dar otra oportunidad… un tiempo para dejarlo todo atrás. Un tiempo para soñar y un tiempo para trabajar. Un tiempo para escalar y un tiempo para sobrevolar.

Un tiempo para todo…

  • ¿Pero qué rumbo tomaré hoy?
  • ¿Cómo sabré qué es lo mejor, si lo que a una persona trae paz, a otra da infelicidad?
  • ¿Cómo sabré lo que necesito hacer hoy? Lo que ayer me hizo bien, no tiene por qué, hoy.

Hay un tiempo para todo…

 En una vida sin guión, necesitaré escuchar a mi corazón.

Conectaré con quien yo soy. Hoy. Ahora. Yo.

Quien no te dedica tiempo y momentos es porque realmente no te quiere ni valora no es necesario que seas su prioridad porque en la vida hay muchas cosas importantes ,pero siempre hay momento para todo y siempre para el amor y dedicación.

Amigo de ayer que se volvió enemigo mañana, nunca fue amigo

Muchas veces escogemos a nuestras amistades basándonos solamente en la “química”, somos amigas de tal o cual persona simplemente porque congeniamos.

 Es muy importante sentirnos bien con los amigos, pero eso no debe ser el único criterio a la hora de escoger nuestras amistades…

Una persona te puede “caer bien”, pero hay otras cosas a las que debemos poner atención a la hora de seleccionar nuestros amigos, cosas como sus cualidades más profundas, sus valores y costumbres. Porque “caerle bien a todos” no es suficiente, no le ponemos atención a esas cualidades y terminamos sufriendo grandes desengaños, el dolor que deja un mal amigo que traiciona la amistad se podría comparar con las rupturas sentimentales que dejan huellas de dolor y decepción en nuestra vida.

Y al igual que en el amor y relación de pareja, también entre amigos debemos aportar integridad firme para con nuestros amigos, para poder en un momento dado ayudarnos mutuamente para poder así disfrutar los vínculos de amistad y hacerlos más estrechos.

En una relación de amistad las personas que se hacen llamar tus amigas, deberán demostrarlo con hechos tomando en cuenta que algunas veces es necesario para preservar la amistad hacer caso omiso de algunas cosas “malas” y tomarlas como tonterías o como algún “defecto” transitorio. Sin embargo hay cosas que no podemos ignorar y por mucho afecto que exista, es necesario alejarse de amistades que podrían hacernos mucho daño, por medio de una traición o falta de lealtad.

Muchas personas alardean de la cantidad de amigos que tienen, pero al igual que en el amor no necesitamos de una persona que nos haga daño, tampoco en la amistad se necesita tener amigos que nos traicionen una y otra vez.

En todo caso, no midamos a nuestros amigos por el número de ellos, sino por la calidad de persona. No es lo mismo que rían contigo, a que se rían de ti a tus espaldas, lamentablemente se han dado casos en los que un amiga traiciona a la otra, entablando una aventura con el esposo de la amiga, aprovechando la amistad y el abrigo que se le brinda.

Habrá muchas mal llamadas “amigas” que nos hagan creer que nos respetan y admiran, hacen incluso uso de sus encantos y experiencias pasadas, para demostrar que nos comprenden por lo que estamos pasando en momentos malos, cuando en realidad, todo lo que hacen es burlarse a nuestras espaldas y criticarnos. Aun así, nos hacen creer que existe la amistad sincera, cuando ellas mismas saben que lo único que persiguen son intereses personales, sin importar como nos sintamos.

Se piensa a veces que las preferencia de una amistad deben estar  basada en si son parecidas o iguales a nosotras. Pero si lo importante es tener cosas en común, estas deben ser especialmente las cosas importantes, tales como los valores, la moral y espiritualidad. De este modo, no podemos esperar que siempre sean, actúen y piensen igual que nosotras, pues cada una tiene su propia personalidad. Pero sí podríamos tomar ejemplos el uno del otro para enriquecer la amistad y a lo mejor para enriquecerse mutuamente.

Por otro lado, si alguien digno pero sin valores materiales nos ofrece amistad no debemos rechazarlo, tomando en cuenta que al rechazarlo podríamos estar limitando nuestro mundo de la amistad a las razones egoístas e intereses mezquinos, sin pensar que la compañía y las charlas de un pobre, puede aportar sentimientos leales, sinceros y duraderos. Si en el pasado te traicionó un amigo puede que el resentimiento esté en ti, encerrándote en tu mundo bajo la excusa de que no te importa tener amigos.

No debemos encerrarnos en un reducido mundo sin amistades, por temor a que todos son iguales.