Cuánto hace que no te animas a hacer algo al cien por ciento.

En muchas ocasiones vemos que hay eventos que son predecibles, según el ritmo que lleve nuestra vida. Pero esto parece ser que no siempre es así. Porque, ¿qué ocurre con esas experiencias que llegan a nuestra vida fruto del azar? Ahí no encaja eso de prever las experiencias debido al camino que llevábamos.

Vamos pasando a lo largo de nuestra vida por diversos acontecimientos. Muchos son favorables. Otros, pueden convertirse en los peores infiernos que una persona pueda experimentar. a vida está formada de multitud de situaciones donde nuestro estado emocional es sometido a diversos movimientos. Cuando sucede una experiencia que favorece, nos sentimos afortunados, pareciendo que la vida nos sonríe.

Todo acontecimiento deja en nosotros una huella emocional.

Dependiendo de la importancia, dicha huella será más o menos profunda. Para que algo así suceda, la situación ocurrida ha de tener un fuerte impacto emocional en la persona que lo experimenta. Tanto que ha de sentirse “marcada” por lo ocurrido. Creo que todos hemos pasado por situaciones así, sin dudarlo.

si nos paramos a analizar, podremos ver que muchas cosas que nos ocurren no son para nada fortuitas. Y que la suerte no tiene nada que ver. De hecho, el factor “suerte” no existe. No es más que una palabra inventada para darle algún tipo de significado a algo a lo que no le damos explicación.

Las cosas no ocurren porque sí, sino que siempre hay una causa para ellas.

Aunque muchos no lo crean, la casualidad no existe. Más bien la causalidad: debido a una causa, hay una consecuencia. Es por ello que cuando ciertas situaciones llegan a nuestra vida… hay que estar muy atentos a la hora de juzgarlas a la ligera. Porque, ¡quién sabe lo que realmente quieren decir!

Las posibilidades son muchas y variadas, y los casos no son siempre iguales. Lo que generalmente ocurre es que nos quedamos juzgando por las consecuencias inmediatas, como decía antes. Pero vuelvo a insistir en que hemos de ir más allá, y ver ese hilo que conecta los acontecimientos. Tratar de ver qué es lo que podemos aprender de esas situaciones que nos suceden.

El cambio es una constante en la vida. Lo experimentamos a cada momento que sucede. ¡Nosotros mismos somos un cambio constante! Cambia nuestro cuerpo con el paso de los años. También nuestra forma de ser al atravesar las experiencias que vivimos.

Resistirse al cambio es como resistirse a la muerte: algo inútil y desgastante. Es la forma de pensamiento que se expresa en el conocido refrán que dice “al mal tiempo, buena cara”. Y va más allá de ser positivo en todo momento. Pues de lo que se trata es de fluir con la vida, con el flujo de acontecimientos, aceptar el cambio cuando éste llega y tener la esperanza e ilusión de que cosas buenas e interesantes están por suceder. Vivamos con toda las ganas y mostremos al mundo que nada es imposible, solo tú tienes la llave para vivir al cien por ciento.

 

La depresión y la ansiedad son signos de lucha, no de debilidad

Los problemas emocionales no son una elección, y nadie desea atravesar una depresión ni pasar por momentos de ansiedad. Simplemente, pueden surgir tras un período de acumular situaciones y circunstancias complicadas

Existe la falsa creencia de que la ansiedad y la depresión son signos de debilidad y de incapacidad para la vida. Pero no, una persona con ansiedad, depresión o síntomas mixtos NO está loca ni es endeble, de carácter débil o inferior.

Resulta triste y agotador pelear con esto, pero es una realidad social que no podemos obviar. Así, a pesar de los avances de la ciencia, el inconsciente moderno que envuelve a nuestra sociedad aún piensa que los problemas emocionales y psicológicos son sinónimos de fragilidad y vulnerabilidad.

Por eso, dado que la depresión y la ansiedad no se contemplan como heridas que necesitan atención, es habitual escuchar discursos circulares con argumentos del tipo: “relájate”, “no es para tanto”, “empieza a espabilar, la vida no es esto”, “no tienes razones para llorar”, “comienza a madurar”, etc.

Nos suenan, ¿verdad? De hecho, es probable que en algún momento hayamos sido verdugos o víctimas de este tipo de discursos. Por eso es clave realizar un ejercicio de concienciación y darle a dolor emocional la importancia que tiene.

Así, del mismo modo que no se nos ocurriría ignorar el dolor que producen fuerte punzadas en el estómago o una gran migraña, no deberíamos hacer de menos el dolor emocional.

No podemos dejar que estas heridas emocionales se curen sin más, sino que debemos trabajar sobre ellas y extraer el significado que entrañan sus síntomas.

O sea, debemos acudir a un psicólogo que nos ayude y nos proporcione estrategias para hacer frente a ese gran dolor emocional que generan la ansiedad y la depresión.

Siguiendo con nuestro ejemplo, al igual que dejamos de consumir lactosa si descubrimos que somos intolerantes, deberemos “dejar de consumir” aquellos pensamientos y circunstancias que infectan nuestra herida emocional.

No valen vendas o parches: debemos limpiarlas y sanearlas.

Por eso en este artículo pretendemos normalizar aquellas sensaciones de las personas que padecen problemas emocionales de este tipo. Veamos más sobre esto para comprenderla y concienciarnos…

La ansiedad, un viaje nefasto en una montaña rusa

Las sensaciones que padecemos con la ansiedad son muy similares a las que se generan en el viaje de una montaña rusa en el que comenzamos a encontrarnos mal.

Pongámonos en situación. Hemos ido a pasar el día a un parque de atracciones en el que se encuentra una apetecible montaña rusa en la que decidimos montarnos. Para hacerlo tenemos que esperar una gran fila hasta que llega nuestro turno.

El día es caluroso y el sol está pegando fuertemente en nuestra cabeza, lo que nos provoca un gran dolor y malestar físico. Nos sentimos cansados y no tenemos ganas de subir al vagón, pero lo hacemos, porque estamos ahí para disfrutar.

Una vez subidos nuestro corazón empieza a palpitar, todo da vueltas a nuestro alrededor, los vagones giran 360º varias veces, nos sumergimos en túneles oscuros y los globos parecen atacarnos.

Nuestra respiración se acelera y nuestro corazón no puede parar. Sentimos que de un momento a otro nos va a dar algo. Nuestras sensaciones están desordenadas, algo nos aprisiona el pecho, nos quedamos inmóviles y sin capacidad de reacción.

No podemos evitar pensar en negativo. Gritamos, lloramos y nos quejamos, pero nadie nos oye, ni siquiera nosotros. Pedimos desesperadamente que pare y sentimos morir en el intento.

Sin embargo, no conseguimos que nuestro vagón frene, pues este solo parará cuando pasen los minutos que estaban programados para el viaje.

En este sentido, un ataque de ansiedad es igual que un viaje desafortunado en una montaña rusa. De un momento a otro va a parar, pero no sabemos cuándo ni cómo, por lo que mantener el control ante esa incertidumbre es complicado.

La depresión, la oscuridad del alma

Quien padece depresión siente que todo se envuelve en tinieblas. Poco a poco va perdiendo las ilusión por lo que le rodea, no hay nada que le anime o que le motive, le cuesta estudiar o ir a trabajar y se encuentra inmensamente triste o irritable.

La depresión es la gota que colma el vaso, un vaso que está hasta arriba de situaciones y circunstancias complicadas que han hecho mella en nosotros y que nos descolocan.

Por eso es importante que, en cuanto nos demos cuenta de que algo va mal, acudamos a un profesional que nos apoye y dé coherencia emocional a lo que nos sucede.

Tener problemas emocionales no es una elección. Una persona con depresión no dice: “Quiero sentirme mal y me meto en un pozo de tristeza a ver si me ahogo con ella”. Esto no funciona así. De hecho, a todos nos puede pasar.

Nadie está libre de las garras de la depresión y la ansiedad

La depresión y la ansiedad no son signos de debilidad, sino de fortaleza. Estos problemas emocionales no aparecen de la noche a la mañana, sino que se cuecen en las fraguas del infierno de la vida, en las dificultades y en el agotamiento emocional.

Tampoco son consecuencia de una elección personal. No podemos decidir si queremos o no queremos que nos acompañen. Ambos problemas emocionales se derivan de la lucha contra las dificultades vitales que nos acompañan y, por lo tanto, de haber intentado permanecer fuertes demasiado tiempo.

No podemos olvidarnos de esto, pues nadie está libre de relacionarse con la ansiedad y la depresión en algún momento de su vida, sea de manera directa o indirecta.

Pongamos atención, comprendamos estos problemas y, sobre todo, no los juzguemos…

4 Razones por las que debes evitar contacto alguno con tu ex

Una ruptura o divorcio siempre es dolorosa y desorientadora. La adrenalina recorre el cuerpo y las razas mentales. La parte que sufre piensa: “Esto no puede estar sucediendo”. Y con ese pensamiento primordial, el individuo busca una acción correctiva: hablar con el ex, identificar la solución que salvará la relación o, de alguna manera, ganar tiempo a través del compromiso; Lo que sea necesario.

Y, sin embargo, la mejor manera de acelerar el proceso de curación después de una ruptura o divorcio es la siguiente: Detener el contacto con el ex.

Aquí hay cuatro razones más para detener el contacto con tu ex:

No puedes sanar

Terminar una relación es difícil, pero los sentimientos dolorosos no son permanentes. Te sentirás triste, te sentirás enojado, sentirás una sensación de shock que tu vida. Eventualmente, si lo permites, una clase de aceptación llegará a tu vida. Sin embargo, si persistes en contactar o intentar ponerte en contacto con tu ex, estás trabajando en contra del proceso de recuperación y en favor de una estrategia de auto-derrota de la negación.

No puedes dejar entrar nueva energía

Incluso aunque no estés consciente de ello, si todavía estás en contacto con tu ex, tu energía se está consumiendo poco a poco. Cada vez que hables con tu ex, trates de mantener contacto con él, o pienses acerca de cuándo estará en contacto contigo, le estás diciendo adiós a tu energía.

Vives de la fantasía

Si tu relación ha terminado, entonces se acabó: Lo que tenías con tu ex ya no existe. Nunca será lo mismo. Continuar la conexión significa que una parte de ti todavía está esperando que en algún universo alternativo haya una posibilidad que tú y tu ex pueden estar juntos y ser felices. Como resultado, vives momentos de cercanía. Esta montaña rusa se interpone en el camino de la vida real y tus oportunidades reales para la felicidad.

Revives tus errores

Parte de lo que es tan difícil sobre la gestión final de las relaciones es que la parte lesionada tiende a culparse a sí mismo. De alguna manera, un final de la relación debe ser una oportunidad para el crecimiento personal. Sin embargo, es un error permanecer o tratar de permanecer en contacto con un ex con la esperanza de lograr una oportunidad de hacer funcionar las cosas. Una vez que te dejas ir-completamente-ganas la libertad de vivir y te libras de arrepentimientos y heridas del pasado.

Recuerda que lo vivido es un camino, para no dar marcha atrás.

El trayecto que vamos atravesando hasta llegar a nuestra meta u objetivo. Y permíteme decirte que es lo más interesante del viaje. Lo que ocurre en el mismo, desde que lo inicias hasta que lo finalizas. Es por ello que hemos aprender dos cosas vitales si queremos disfrutar del camino y hacer que cualquier trayecto tenga una ganancia extra.

La paciencia, la observación.

Necesitamos aprender la valiosa paciencia para no estresarnos en querer alcanzar nuestros objetivos. Aquel que se encuentra ansioso por llegar, por obtener y lograr, tendrá más opciones para cometer errores.

Pues la impulsividad vive en la impaciencia y genera decisiones precipitadas que a veces son desastrosas. Y lo que en un principio creemos que es una acción de acercamiento a lo que queremos, se convierte en un paso hacia atrás.

Escucha lo que el camino te quiere contar.

Nuestra esencia, y lo que nuestra alma quiere. Si por ejemplo estás trabajando en algo que no te termina de gustar o convencer, pueden llegar a ti situaciones que si son bien observadas y vividas, te arrojarán información sobre algo que sí que quieres hacer. Pudiendo darse la situación de conocer a alguien que te ofrece una nueva oportunidad laboral. O tal vez asistiendo un día a una exposición de arte y ahí descubrir un gusto por alguna expresión artística a la cual no le habías prestado atención.

Las señales e indicaciones que la vida nos manda se encuentran en todas partes. Sólo hay que ser pacientes, caminar con tranquilidad, y estar atentos a lo que nos va sucediendo.

¿Por qué haces algo fuera de lo común, divertido, que te gusta, y pasa tan rápido?  

El tiempo es el mismo, no va a distinta velocidad. Lo que sucede es que estás viviendo el ahora, y por ello el transcurrir del tiempo tiene otra sensación para ti. Sí, puede ser que por alguna razón parezca que va más rápido. Pero lo que realmente sucede es que lo disfrutas tanto, que quieres más… Por eso llega la sensación, cuando están a punto de acabarse tus días de descanso, que el tiempo ha pasado volando. Por tal motivo disfruta cada instante de tu vida y apuesta por ella, no la desperdicies, la vida es una.

Los entornos sociales influyen en nuestros estados de ánimo.

Está claro que no podemos modificar la forma de ser de las personas que nos rodean, pero sí tomar las riendas de nuestra propia experiencia ante esas personas y empezar a cambiar desde adentro, eligiendo nuestras respuestas a determinadas situaciones. Sin embargo, pelearnos con esa situación, enojarnos, tirar la toalla y creer que nada de eso va a cambiar no nos ayuda a encontrar la salida, que por otro lado seguramente existe.

Tomar las riendas de nuestra propia experiencia ante esas personas y empezar a cambiar desde adentro.

Esto nos permite tener protagonismo y  dejamos de estar a merced de los vientos externos y empezamos a hacernos cargo de la parte que nos toca, lo que nosotros sentimos y lo que podemos hacer al respecto. Dejamos de ver un problema externo y empezamos a ver un desafío interno.

Una vez que tomamos la responsabilidad de lo que nos pasa, las puertas se van abriendo solas. Como un efecto dominó, nuestra actitud interna empieza a tener efectos externos. Nuestra percepción cambia, pero también la de los otros.

Desde una profunda y paciente mirada interior tomemos las riendas de nosotros mismos.

A medida que vamos conectando con nuestro interior, crece nuestra capacidad de ver las cosas como realmente son, de desdramatizar y de conectarnos también con los demás de una manera más genuina. Dejamos de lado ese personaje social que se queja, que tiene orgullo, que es competitivo o se siente disminuido ante las críticas y damos paso a algo mucho más auténtico.

Por otro lado, cuando estamos bien, en paz, centrados, empezamos a cuidar todo lo que nos rodea. Además de protegernos a nosotros mismos, estamos más atentos a lo que les pasa a los otros, a lo que necesitan. Y empezamos a cambiar nuestras formas de reaccionar.

Ese estado de calma nos permite ver que los otros están fuera de su eje.

Empezamos a hacernos responsables ya no solo de nosotros, sino también de los demás de un modo natural. Esto significa no mentirnos, no escaparnos de lo que nos pasa, ser coherentes con lo que pensamos y lo que hacemos. Escuchar nuestro interior, darnos ese espacio diario para conectarnos con nosotros mismos y desde ese lugar hacer lo que creemos que es correcto hacer.

Ayudar cuando creemos que hay que ayudar y saber cuidarnos más, y debemos aprender a leer las situaciones, a ver desde dónde vienen las críticas o las actitudes que no nos gustan, discernir entre las que son válidas y las que no.

 

Saboteadores de su propia vida.

Cuando hablamos de compromiso la mayoría sabe muy bien que implica responsabilidad y tomar conciencia de que algunas cosas vamos a tener que ponerlo en la balanza con pareja. Son capaces de sabotear su propia vida con tal de no sentir su libertad amenazada.

Este tipo de personas buscan relacionarse de manera particular y hacer exactamente lo que les resulte cómodo.

Suelen ser personas que velan tanto por lo que le genere tranquilidad y beneficio personal que pueden pasar por egoístas, inmaduros emocionalmente y por carecer de capacidad empática. Desean sentirse aceptados bajo sus condiciones, aunque estén conscientes de que no están brindando seguridad y paradójicamente esperan de sus relaciones la estabilidad y entrega que ellos no son capaces de ofrecer.

Estas personas pueden ser bastante independientes a nivel emocional.

Ellos no necesitan de nada que no provenga de ellos mismos, lo cual se encuentra en una peligrosa línea fronteriza entre el desinterés y el desapego. Vincularse sin apegos es la mejor manera de amar, de hecho es la única manera de amar realmente, porque se está con alguien más, por preferencia y no por necesidad.

Porque más allá de vivir el presente, todos esperamos que exista un futuro y si no se cuenta con una buena disposición ante un mañana por sentir que una relación es una limitación de lo que potencialmente podría ocurrir, y evalúa qué estás buscando en tu relación de pareja y verifica si lo que estás recibiendo de la otra persona se adapta a lo que quieres en tu vida.

 

¿Te has sentido herida en algún momento por alguien que querías o confiabas?

Sea la edad que tengas todos hemos pasado por ese dolor emocional. Pero lo más importante es cómo afrontas esas heridas para que no te impidan seguir adelante. El problema de culpar a los demás es que, a menudo, te puede dejar sin poder.

Todos tus sentimientos son legítimos. Pero acumular quejas constantemente es un mal hábito.

Te duele más a ti de lo que les duele a ellos. Las personas que se aferran a estas heridas del pasado, a menudo, reviven el dolor una y otra vez. A veces, una persona puede incluso conseguir sentirse “atascado” en este dolor por mucho tiempo.

Para curar esas dolorosas heridas tienes que aceptar una nueva alegría y felicidad en tu vida, y hacer espacio para ello. Recuerda, si apretamos nuestros cerebros y vidas con sentimientos de dolor, hay poco espacio para algo positivo.

Toma la decisión de dejarlo ir.

Como las cosas no desaparecen por sí solas, tienes el compromiso de “dejar ir”. Si no eres consciente de hacer esta elección podrías terminar haciendo auto-sabotaje a cualquier esfuerzo de dejar pasar este dolor del pasado. Existen muchas formas de expresar ese dolor que te consume, ya sea diciéndoselo directamente a la persona que te dañó, hablando con amigos, escribiéndolo en diario, etc. Esto te ayudará a entender de qué se trata tu dolor.

Dejar de ser la víctima y culpar a otros.

Quizá sentirte bien por un momento, pero a gran parte de personas no le importa. Enfócate por lo que necesitas obtener más de ti mismo. Sí, eres especial. Sí, tus sentimientos son importantes. Pero tus sentimientos son sólo una parte de esta gran cosa que llamamos vida, que es compleja y desordenada. Necesitas tomar la responsabilidad de tu propia felicidad, y no poner tanto poder en manos de otra persona.

Olvidar los malos comportamientos de otra persona es bueno para nosotros aprender a perdonar.

El perdón no es un signo de debilidad. En cambio, es simplemente decir: “Hiciste algo que me dolió. Pero quiero seguir adelante en mi vida y sentir la alegría de nuevo en ella. Yo no puedo hacer eso por completo hasta que deje ir el dolor”.

Y perdonarse a sí mismo puede ser una parte importante de este paso, así como, a veces, podemos llegar a culparnos a nosotros mismos por la situación o daño. Si no puedes perdonarte a ti mismo, ¿Cómo vas a ser capaz de vivir en paz y con felicidad en el futuro?

 

La madurez personal no tiene nada que ver con la edad, sino con la actitud.

El amor maduro no entiende de edad. Y es que en muchos casos cuando se llega a una edad madura pensamos que las puertas del amor se nos habían cerrado para siempre y cuando la encontramos valoramos más aún a nuestra pareja y buscamos algo más consolidado,  esa sabiduría de las emociones que solo la experiencia de malos amores nos da.

No seamos el resultado de nuestras decepciones y fracasos.

Pongamos la mejor actitud ante todo lo experimentado. De esa forma, el amor maduro se formará con una dosis de sabiduría para construir aquello que de verdad importa: presentes felices, presentes dignos y apasionados donde descubrirse el uno al otro donde ninguno de los dos miembros renuncia a sus pasados, simplemente se aceptan,

Todos hemos vivido esa etapa donde nos dejamos llevar por el enamoramiento, donde se siente pasión y la necesidad del uno por el otro. Pero son pocos los que han comprendido cuáles son los mecanismos del amor auténtico y duradero. Pocos an comprendido que amar es saber construir.

Los amores en la edad madura ya conocen sobradamente lo que es estar enamorado.

Desean intimidad y disfrutar de espacios comunes pero respetando a la vez la individualidad de cada uno. Ansían un vínculo fuerte y noble en el que trabajar e invertir cada día por ese pacto implícito pero presente: el amor, y lo que ansían en esta etapa de la vida es algo mucho más profundo. El amor maduro ya no necesita demostrar nada y sabe muy bien lo que quiere.

 

El amor de tu vida y tu alma gemela, pues no son la misma persona.

Quien te paraliza o acelera el corazón, quien te pone a temblar desde los pies a la cabeza, quien debilita tus venas y sentidos no es para nada tu amor eterno. Todas las parejas que has tenido a lo largo de tu vida no se reducen a lo que les gusta, lo que anhelan o lo que te aportan, sino a la conexión que has tenido con ellos.

Un verdadero amor te inspira a ser una mejor persona.

 Tu alma gemela te romperá el corazón para que te conviertas en alguien mucho mejor. Cuando encuentres con quien pasar el resto de tu vida aprenderás que esa persona te impide enfocarte ante la realidad, en cambio, tu alma gemela es quien en algún momento sentirás que te ahoga y por ello en algún punto  te verás en la necesidad de escapar de ella.

Es cierto que tu alma gemela te hará vibrar como nunca antes lo has sentido.

Muchas cosas de la vida pueden provocarte esa emoción. El amor es único, no se busca, no se intenta, ni se demanda; se siente, encuentra y recibe sin prejuicios ni pretextos. Así que cuando te encuentras con tu “otra mitad” no dejarás de sentirte arropado, conmovido y hasta agobiado por un montón de sentimientos, pero cuando te encuentres con el amor de tu vida desearás una sola cosa: pasar tus días a su lado por siempre.

La conexión y compatibilidad entre el uno y el otro son muy distintas.

Mientras aquella persona que te lleva a reaccionar como ninguna otra, también te hace sufrir mucho como nadie lo haría, el amor de tu vida jamás te hará provocar pesadez. Tu alma gemela se cruzará en tu camino para alejarte de la soledad, para conocerte más, mejorar en ti y ayudarte a crecer en todos los sentidos. Ambos son espejos de cada uno, lo que amas en la otra persona es lo que admiras en ti y lo que no soportas del mismo es lo que odias de ti.

El amor de tu vida jamás dudará de ti, mucho menos de lo que desea de ti.

Será más sencillo, involuntario y evidente saberlo y sentirte acompañado de manera incondicional por esa emoción eterna. Es normal que haya discusiones, desacuerdos y malentendidos, pero nada evitará que lo resuelvan y salgan adelante como pareja. Mientras tu alma gemela querrá que cambies para cumplir sus expectativas, el amor de tu vida se volverá tu mejor amigo, familia, pareja y mejor amante.

Pasarás momentos inolvidables con tu alma gemela, tal vez vivirás experiencias que jamás has experimentado anteriormente; pero nunca serán capaces de compartir los momentos más importantes para ambos sin sentirse presionados, ansiosos, asfixiados o hasta ignorados o abandonados.

El amor de tu vida será muy honesto, transparente y real, que sólo necesitarás de su presencia para sentirte en paz. Sus ideas se fusionarán en una sola y su sentimiento del humor se reirá a la par, ninguno necesitará esforzarse porque siempre encontrarán un sentido de estar juntos. La conexión será tan fuerte que no tendrán que contestarse ni hacer ninguna pregunta, porque sabrán con sólo mirarse, sabrán que no existe nadie más que no puedan llamar el amor de su vida.

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Me preocupo por todo, tengo un choque de emociones dentro de mí.

Casi como obligación, todos pensamos que la vida debe ser vivida con alegría, disfrutando de sus placeres, gozando de las delicias que nos encontramos por el camino.  Y así debería ser idílicamente. Afortunadamente, algunos lo consiguen, pero la mayoría no puede mantener este estado durante mucho tiempo.

Vamos a estudiar como el estrés genera una gran cantidad de problemas físicos algunos de los cuales son tan comunes como el infarto de miocardio que es la mayor causa de fallecimientos en la humanidad.

El dolor de cabeza es uno de los males más habituales y a la vez más molestos.

Muy pocas personas no saben lo que es un dolor de cabeza y muchas saben lo que es sufrirlo de forma asidua. Normalmente se recurre a la pastilla de turno para poder acabar.

Pensamientos asociados a la preocupación.

Para todos aquellos que se encuentren en esta situación ahora mismo, lo primero que deben saber es que la preocupación por definición es poco provechosa, más bien inútil. No suele servir para nada, ni siquiera para encontrar soluciones a nuestros problemas.

A veces, las personas  tampoco son conscientes de que están  constantemente con pensamientos de preocupación sin interrumpir este flujo de pensamiento negativo en ningún momento, con lo cual se crea un círculo vicioso que se retroalimenta sin cesar.

Cuando el estado de preocupación es constante y además automático, podemos afirmar que es la señal de que tienes que intervenir para cortar esa situación lo antes posible.

Antes de nada, es importante desconectar el concepto de preocupación del de ser una persona más responsable, seria o profesional. Más bien al contrario, te convertirás en un transmisor de inseguridad y de poca fortaleza. Asimismo, el preocuparte de exceso por algo, no te proporciona más control sobre esa situación sino que no te dejará ver con claridad la realidad que se pone ante tus ojos.

Para salir de esta espiral de preocupación, es necesario un trabajo interno profundo que elimine asociaciones, percepciones y conceptos con respecto a uno mismo erróneos y, al mismo tiempo, habrá que descubrir nuevos recursos personales que nos ayuden a fluir en dirección contraria, es decir, a aceptar situaciones, a asumirlas cuando sea necesario,  y en el mejor modo de buscar las mejores soluciones cuando sea posible.

Centrándonos en el ahora, en este momento, los problemas no dejan de existir pero nuestra cabeza y nuestro corazón mitigan su dolor.