Para una mala actitud el silencio y una sonrisa es el mejor consejero .

Las palabras son poderosísimas.

Pueden llegar a determinar el rumbo de nuestro pensamiento, nuestra actitud ante la vida, en el día a día puede suponer la diferencia entre el éxito y la derrota en cualquier ámbito. Si nos parece normal dedicar todos los días un tiempo a cuidar nuestro cuerpo, a asearnos, vigilar nuestra dieta o hacer algo de ejercicio, por qué no dedicar también a cuidar cada una de nuestras palabras.

Estamos lejos de plantearnos mejorar nuestro lenguaje: así somos, así hablamos.

El lenguaje refleja nuestra existencia, nuestra historia, nuestras esperanzas. El lenguaje es un espejo de cómo somos. Cuando somos conscientes de nuestras palabras nos damos cuenta de que no vemos el mundo tal y como es, sino tal y como hablamos. Por eso quizá cambiando el enfoque de ese espejo también podremos enfocarnos de otra manera, cambiar, ambicionar cosas más grandes, una vida mejor, con más bienestar, más alegría y más salud.

Deberíamos hacernos cargo de nuestros vocablos.

Nos referimos a esas que te ayudan a crecer, que son las que deberíamos compartir, las que nos ayudan a transformar nuestras vidas y a dar lo mejor que tenemos a las personas que nos rodean  y no aquellas que lanzan opiniones o palabras sin averiguar o investigar del tema realmente ignorancia total.

Es tan importante buscar ese lenguaje positivo.

Tomar conciencia de nuestro lenguaje es fundamental para escribir nuestro destino. Es más, las palabras influyen en nuestra posibilidad de supervivencia, ya que la expresión de emociones positivas hace que nos fijemos, que prestemos atención, a aquellos estímulos físicos y mentales que cada vez son más relevantes para llevar una vida duradera, plena y con el mayor grado de felicidad posible. Somos unos firmes convencidos de las funciones vitales del lenguaje positivo en nuestra mente ejercen una influencia creativa en las decisiones más profundas que tomamos.

El silencio es asesino, y se hereda de padres a hijos.

Es un pozo sin fondo porque cuando se intenta salir ya no hay marcha atrás, se trata de un camino sin retorno cierto. Pertenece a la familia de la ira, pero puede ser más dañino que ella. Es casi imposible mentir cuando se habla enfadado, lo decimos mal, pero decimos lo que pensamos. Por ese motivo enseñemos a nuestro cerebro a pensar antes de hablar ya que es imprudente hablar sin conciencia y no educado mover la boca y dejar de lado el cerebro (palabras de mi padre), siempre recuerdo un dicho que aprendí de una persona muy querida pues decía ” La ignorancia es atrevida” y tenía mucha razón.

El mito del ave Fénix o el maravilloso poder de la resiliencia

Carl Gustav Jung nos explicó en su libro “Símbolos de transformación” que el ser humano y el ave Fénix tienen muchas similitudes. Esa emblemática criatura de fuego capaz de elevarse majestuosamente desde las cenizas de su propia destrucción, simboliza también el poder de la resiliencia, esa capacidad inigualable donde renovarnos en seres mucho más fuertes, valientes y luminosos.

Si hay un mito que ha nutrido prácticamente todas las doctrinas, culturas y raíces legendarias de nuestros países es sin duda ese que hace referencia al ave Fénix. Se decía de él que sus lágrimas eran curativas, que tenía una gran resistencia física, control sobre el fuego y una sabiduría infinita. Era, en esencia, uno de los arquetipos más poderosos para Jung, porque en su fuego se contenía tanto la creación como la destrucción, la vida y la muerte…

Asimismo, es interesante saber que encontramos tempranas referencias a su mitología tanto en la poesía árabe, como en la cultura grecorromana e incluso en gran parte del legado histórico de oriente. En China, por ejemplo, el Fénix o el Feng Huang simboliza no solo la más alta virtud, el poder o la prosperidad, sino que además, también representa el yin y el yang, esa dualidad que conforma todo lo existente en el universo.

No obstante, y esto vale la pena recordarlo, es en el Antiguo Egipto donde aparecen los primeros testimonios culturales y religiosos alrededor de esta figura y donde a su vez, se da forma a esa imagen que tenemos en la actualidad sobre la resiliencia. Cada detalle, matiz y símbolo que perfila este mito nos ofrece sin duda un buen ejercicio sobre el que reflexionar.

El ave Fénix o el poder de renacer de nuestras cenizas

Viktor Frankl, neuropsiquiatra y fundador de la logoterapia, sobrevivió a la tortura de los campos de concentración. Tal y como él mismo explicó en muchos de sus libros, una experiencia traumática siempre es negativa, sin embargo, lo que suceda a partir de ella depende de cada persona. En nuestra mano está alzarnos de nuevo, cobrar vida una vez más a partir de nuestras cenizas en un triunfo sin igual o por el contrario, limitarnos a vegetar, a derrumbarnos…

Esta capacidad admirable por renovarnos, por recobrar el aliento, las ganas y las fortalezas a partir de nuestras miserias y cristales rotos pasa primero por una fase realmente oscura que muchos habrán vivido sin duda en piel propia: hablamos de la “muerte”. Cuando atravesamos un momento traumático todos “morimos un poco”, todos dejamos ir una parte de nosotros mismos que ya no volverá, que ya nunca será igual.

Así, y de entre todas los mitos alrededor de esta figura, es la Egipcia la que nos ofrece como decíamos esos puntos clave en los que debemos detenerlos para entender mejor la relación del Fénix con la resiliencia. Veámoslos a continuación.

Ave Fénix en el antiguo egipto

El ave Fénix en Egipto

Ovidio explicaba en sus textos que en Egipto, el ave Fénix moría y renacía una vez cada 500 años. Para los egipcios esta garza majestuosa era Bennu, un ave asociada a las crecidas del Nilo, al Sol y a la muerte, y que según explicaban, había nacido bajo el árbol del Bien y del Mal. Esta criatura fantástica entendía que era necesario renovarse cada cierto tiempo para adquirir mayor sabiduría y para ello, seguía un proceso muy meticuloso.

Volaba por todo Egipto para construirse un nido con los elementos más bellos: ramas de canela, ramas de roble, nardos y mirra. Después, acomodado en su nido, entonaba una de las melodías más bellas que los egipcios habían escuchado jamás para seguidamente, dejar que las llamas lo consumieran por completo. Tres días más tarde, el ave Fénix renacía lleno de fuerza y poder. A continuación, cogía su nido y lo dejaba en Heliópolis, en el templo del Sol para iniciar así un nuevo ciclo con el que ofrecer inspiración al pueblo de Egipto.

La resiliencia y nuestro “nido” de transformación

Tal y como vemos podido ver, el mito egipcio del ave Fénix es una historia bellísima. Sin embargo, analicemos ahora alguno de sus detalles. Detengámonos por ejemplo en cómo construye el Fénix su nido. Busca las materias más ricas de su tierra, esas que combinan a la vez delicadeza y fortaleza, y que le ayudarán en su transformación, en su ascensión.

Si lo pensamos bien, este proceso es muy similar al que conforma la dimensión psicológica de la resiliencia. Porque también nosotros buscamos esos elementos mágicos con los cuales construir un nido bien resistente donde aunar fortalezas.

Todos esos componentes le ayudarán en su ascenso pero no sin antes ser consciente de un aspecto: que habrá un final, que una parte de nosotros mismos se irá también, se convertirá en cenizas, en los restos de un pasado que nunca más volverá.

No obstante, esas cenizas no se las llevará el viento, al contrario. Formarán parte de nosotros mismos para dar forma a un ser que renace del fuego mucho más fuerte, más grande, más sabio… Alguien que tal vez sirva de inspiración a los demás pero que, ante todo, nos permitirá seguir adelante con el rostro bien alto y las alas bien abiertas.

Quién no cree en el amor, está parada en el miedo.

Cuando las experiencias en el terreno amoroso no han sido satisfactorias y hemos “sufrido” los avatares del ser amado, vamos creando una costra en nuestra alma y tejemos pensamientos negativos respecto del amor. Hay mujeres que creen en el amor como una posibilidad de vida, otras que lo rechazan.

Se dice que los seres humanos sólo tenemos dos emociones, miedo y amor; claro, luego existen infinidad de sinónimos para referirnos a lo mismo. Los  psicólogos establecen que podemos pararnos en el umbral del Amor o del Miedo, que podemos oscilar de un punto al otro; pero que definitivamente no podemos estar en los dos al mismo tiempo.

Quién no cree en el amor, no cree porque no tiene experiencias positivas.

Cuando digo positivo quiero decir que no tiene la sensación de ganancia, de no lograr vincular algún episodio de su vida con un extra,  o valor agregado que el amor supiera darle. Será que en sus primeros años no lo recibió de sus padres; su contexto familiar ha sido frío y distante; o en la adolescencia /adultez ha vivido traumáticas relaciones.

De una u otra forma es un lugar de “cuidado y protección,” el miedo se instala en la mente para “defendernos” de algo que puede ocurrir. Si vivimos viendo una relación con abusos físicos y mentales; y nuestros padres o madres nos enseñaron que eso era amor, lo repetiremos en nuestras relaciones; porque hemos sido amamantadas con esas creencias. Salir de ellas implica una gran fuerza interior.

El amor es una energía sublime, que respeta, que crea, que genera, y multiplica.

La mente puede llevarnos a pensar que ya no cree en el amor, y aunque para algunas personas no es molesto vivir solas, muchas otras no pueden vivir sin la compañía del sexo opuesto, porque está arraigado en si mismos que el ser humano no nació para vivir en soledad toda la vida. Una o varias desilusiones en el amor pueden hacernos pensar que “todos son iguales”, que no hay nadie que ame de verdad o que nunca el amor te será correspondido cómo debiera serlo.

Crees que el amor verdadero no existe… Pero el hecho que lo digas o lo pienses no significa que sea verdad, búscalo en ti, en tu familia, en tu entorno y en todas esas cosas maravillosas que puedes disfrutar a diario. No cierres tu corazón al amor, si antes no te ha ido bien, analiza que es lo que estás haciendo mal o cuan precipitadamente estás tomando una decisión.

El amor puede perdurar, pero las fantasías se han de borrar.

En la mente de la mujer está el deseo de mantener las ilusiones del noviazgo por siempre, pero es conveniente que antes de pensar en el matrimonio se piense bien en lo que ello supondrá. No es lógico esperar que nuestra pareja cambie drásticamente después del día de la boda. Deben aceptarse el uno y el otro tal como son, como los han conocido durante el noviazgo. Si durante el noviazgo ambos aceptaban las condiciones de trabajo en las que se encontraban sus respectivas parejas, también harían bien en esperar más de lo mismo una vez casados.

Tengamos ilusiones, pero seamos realistas.

Cuando empezamos una nueva vida de casadas, o de convivencia en pareja, tenemos que ser conscientes de que no todo será igual que en la etapa de noviazgo. Pues ahora existen responsabilidades, como la manutención de la casa y los hijos. Es importante darse cuenta de ello, pues una mujer desilusionada podría tomar esto como una falta de atención de sus esposo, aun sin serlo.

Si aceptaste a tu esposo durante el noviazgo tal y como es, no trates de cambiarlo. Recuerda que te casaste con un hombre hecho y derecho, por lo que no te debes sorprender conocer nuevas cosas, hábitos o costumbres que no conocías. No esperes cambiar a tu pareja, él sigue siendo el mismo que conociste y del que te enamoraste.

No se puede cambiar a las personas, eso es luchar contracorriente. Mantén presente que después de la ilusión con la que se unieron viene la realidad de compromisos y obligaciones, muy diferentes durante el noviazgo.

Debemos admitir que la vida tiene altos y bajos.

Todos los días supone un constante aprender, aprender a amarse sin egoísmos, aprender a perdonar los defectos y amar las cualidades. Si luchamos por desprendernos de las ilusiones y fantasías, si comprendemos que el matrimonio no es un “lecho de rosas”, entonces podrán existir matrimonios duraderos, aceptando lo hermoso del amor y la tolerancia mutua. tiempos felices y tiempos de tribulación.

La familia es lo más importante, por eso requiere de luchar cada día por mantenerla unida y cómoda en un hogar de amor, después de todo, de la felicidad de los nuestros depende en gran parte nuestra propia felicidad.

La actitud lo es todo, y tu propia felicidad también.

Sé que muchas veces pasamos por situaciones de la vida que nos dejan con una gran tristeza, robándonos la alegría y las ganas de vivir… pero si buscamos en nuestro interior, seguramente encontraremos esa preciosa mujer que es capaz de reír en toda situación, por dura que sea. Cada día puede ser bello y traernos cosas positivas a la vida. Es cuestión de actitud.

La vida nunca es como uno realmente quisiera, está llena de dificultades.

Siempre encontraremos mucho con lo que tropezar y muchas malas rachas que atravesar… ¡pero despierta! Podremos con todo ello, podremos exitosamente todas las pruebas de la vida. Busca lo que te hace bien, no te alejes de aquello que te ofrece alegrías, acércate a las personas buenas, y decídete a disfrutar de todo ello.

No hay nada peor que hacer lo contrario, pensar que cada día todo irá de mal en peor, eso nos deja sin ánimo para levantarnos, sin ganas de hacer nada y ponernos pesadas con los demás… Esa no es la actitud que te va a hacer bien, así que evítala.

 Aunque ya no seas la que una vez fuiste, disfruta tu vida.

Disfruta de los recuerdos, de los amores que has tenido, de la sonrisa de tus hijos y de los besos de tus nietos. Siempre hay algo de lo que se puede disfrutar, cada momento es único en nuestras vidas, y no mejor decisión que vivirlo con el corazón contento y agradecido.

Vive feliz, no dependas tanto de factores externos, si lo que importa es tu propia actitud podrás ser feliz por ti misma. Sonríe, y mira la vida con buenos ojos. Sé una persona agradecida con la vida.

Nunca dejes de soñar, los sueños son esperanzas del mañana.

Sentir que todo te sale mal, que no importa cuanto lo intentes las cosas no mejoran, es algo que suele sucederles a las personas que habitualmente viven con pesimistas, malhumorados y aburridos que se la pasan todo el día quejándose de la vida y de que otros tienen mucho mientras ellos no tienen nada. creer que todo lo que quieras lograr en la vida lo puedes conseguir, porque tienes esperanza e ilusión. Nunca permitas que nadie te quite el derecho de lograr tus sueños, porque ello es el motor que te hace seguir adelante.

Recuerda que la vida es demasiado bonita como para que la vivas encerrada y sufriendo.

La incomprensión de alguien que apareció en tu vida y se adueñó no solo de eso sino hasta incluso de tus pensamientos. Mientras creas que puedes lograr tus metas inténtalo una y otra vez, que nadie te detenga, cierra tus manos y agarra todos esos sueños y no lo sueltes, ponlo en tu pecho como si fuese una joya valiosa, y guárdala en tú corazón, porque tus sueños sí son valiosos. No esperes que las cosas que deseas vengan de la nada hacia ti, tu persíguelas, con todas tus fuerzas busca aquello que te haga ser una mujer feliz.

Nunca sientas que has perdido porque algo no salió bien una vez, siempre hay que volver a intentarlo, que la perseverancia es lo más importante de una persona, se puede ser muy inteligente pero si no tienes constancia para hacer las cosas, nunca lo vas a lograr.

 Mira los días en colores, que lo opaco no le gane a la belleza que tienes frente a tus ojos.

Recuerda que cada vez que aprendes algo nuevo tu mundo se amplía y avanzas en la vida y puedes estar muy orgullosa de ti misma. No hagas nada que te disminuya, te mereces todos los sueños del mundo. Lo que te quita el sueño, no lo tomes en cuenta, bórralo de tu mente, retenerlos es malo para el alma, siéntete contenta contigo misma, ríe porque eres una mujer y tienes la capacidad de aprender de tus errores, no dejes que los malos sentimientos como el orgullo y la vanidad empañen tu bello corazón.

Tampoco te pongas triste por aquellos que no quieren que te sientas bien, no valen la pena, una persona que te ama de verdad, te acompañará a soñar y volará contigo tan alto como puedas, no te soltará y allí sabrás cual es tu verdadero amor, será aquel que te apoya en tus planes y en tus deseos.

¿Recuerdas tus sueños? Cuántos quedaron por ahí sin cumplirse.

Nadie excepto tú conoce lo que es “bien” para ti. Solo tú puedes experimentar eso en tu vida, porque es tu vida, tu experiencia, llegaste a este mundo con una misión que sólo te pertenece y elegiste, aun cuando en este plano no la recuerdes.

Ponte a la cabeza de tu propia historia, gestionar los recursos emocionales, intelectuales, y materiales, es decir, tomar conciencia de todo lo que tienes, porque el universo es abundancia, todo en el universo lo es, sólo que a menudo nos enfocamos en lo que falta, en lo que no salió cómo deseábamos, en lo que sería más agradable, y muchas veces aquello que llamamos mala racha termina siendo lo mejor para nosotros.

Ten la capacidad de saber que puedes regular tus emociones, y no controlarlas.

Controlar es como encerrar a un perro rabioso, regularlas es darle un vuelco a tu interpretación, es ver más allá, es coincidir que no hacemos lo que hacemos porque somos de una manera, sino porque estamos educados para ello. Estamos condicionados, auto-liderarte es verte a ti misma como fuente de inspiración.  Ser emocional forma parte de tu naturaleza humana, las 24h al día estás viviendo emociones, ellas están ahí que las niegues no significa que no existan, ni que te lleven a actuar de la forma en que lo haces.

Rodéate de personas que sumen en tu vida.

Hacemos lo que hacemos porque interpretamos al mundo de una manera, pero esta interpretación está influenciada por las emociones que tenemos en ese momento.  Las personas que son líderes de sus vidas a nivel emocional no necesitan de determinados conocimientos académicos para lanzarse por sus sueños. Su seguridad no está en un diploma, sino en su seguridad personal, su confianza, su fe íntima y personal.

Se rodean de personas que suman en su vida, y dejan fuera a las que restan, saben que la vida es demasiado finita como para hacerse problemas por personas que no tienen peso en sus decisiones, ella deciden por sí mismas, sin necesidad de hacer encuestas sociales ni morales.

Toma un baño y hazte una limpieza emocional a tu corazón.

Sería beneficioso para nuestras vidas hacer limpieza emocional, soltar lastre de emociones y actitudes que nos hacen mal. ¿Cómo hacer limpieza emocional y quedarnos con los pensamientos y emociones que nos ayudan en el día a día? Instrucciones claras sobre cómo conseguirlo. Soltar las toxinas de aquellas emociones que no son saludables para ti y que traen grandes complicaciones.

Tu rostro no evidencia el paso del tiempo, sino por el contrario, lo que no ha pasado y no logras soltar.

Cada vez que piensas en lo mismo, sientes lo mismo; es neuroquímico: en tu biología se refleja la forma en la que has llevado tu vida. No son los años los que nos traen arrugas, sino las emociones con las que hemos vivido estos años. Por supuesto que por ley de la biología nuestro cuerpo envejece, pero eso es algo que ya experimentamos desde que nacemos; sin embargo, si siempre has vivido con resentimiento, enojo, ira, pensamientos obsesivo recurrentes, fastidiada de todo y de todos .

Los hábitos de limpieza emocional comienzan por conocerte y dedicarte tiempo para resolver tus pendientes personales.

Escoge un pensamiento negativo que se te venga muchas veces a la cabeza. Escríbelo en un papel. Ahora escribe el sentimiento que esa emoción te produce. Ya tienes la pareja explosiva perfecta: El pensamiento que te limita, y el sentimiento nefasto.

Durante el tiempo que desees. Uno, dos o tres días, trabaja sólo con ese pensamiento, y cuando vuelva como siempre, cámbialo por el nuevo pensamiento, hasta que el nuevo pensamiento se vuelva rutina. Ya habrás quitado esa mancha emocional y ahora esa pared interior ya tiene escrita una nueva versión al respecto, que abre posibilidades para tu vida y genera emociones de una frecuencia vibratoria mayor.

Prestemos atención por si nos necesitan, antes de que sea tarde.

Escodemos nuestro lado flaco tras aquellas acciones intransigentes que, nos hacen olvidar que como seres humanos tenemos defectos, tristezas, dolores y heridas, haciendo que se nos olvide con mucha frecuencia que no somos los únicos seres en este planeta que tienen problemas, habrán personas menos afortunadas y otras sin mayores sobresaltos.

Pero la idea no es andarnos comparando con nadie para sentirnos más bendecidas o menos miserables. La idea es que hagamos un recorrido por el cuerpo de nuestra alma para que empecemos a diagnosticar el estado en el que se encuentra.

Lo que realmente nos da miedo son las cosas cotidianas de cada día que no somos capaces de enfrentar.

Empezamos cuando éramos pequeñas y nos daba pánico mirar debajo de la cama, ir al baño solas o simplemente permanecer con la luz apagada. Nos tapábamos con nuestras mantitas hasta la cabeza y apretábamos los ojos para no mirar aquel temible monstruo que vivía en la oscuridad. Tanto en la niñez como en la etapa adulta hay una constante: los monstruos los hemos creado nosotras mismas.

Ahora la única forma de acabar con aquello que nos atormenta es mirándole directamente a los ojos y diciéndole que aunque temblemos con su presencia, aunque aún sintamos que las fuerzas faltan, ya no estamos dispuestas a tenerle en nuestras vidas y que haremos todo lo que esté en nuestras manos para liberarnos de su  desesperanzado desierto.

Hay que tener valor, pero no ese de las personas temerarias que tanto se alaban en las vanas películas de acción, terror o suspenso.

Hay que tener el valor de reconocer que hay cosas en esta bienaventurada vida más importantes que el miedo y que, mientras nos esforzamos por caminar por una delgada capa de hielo, estamos perdiendo la oportunidad de nadar por las  bendiciones que han esperado tanto tiempo por nosotras.  

Acompañada, pero al final siempre sola.

En la etapa en que salimos del seno de nuestras familias para buscar relaciones y encontrar pareja, muchas mujeres salen a la caza de “la presa perfecta”, según los valores que aprendimos en el hogar. En muchas circunstancias esos prototipos son alcanzados pero no llegan a encajar lo que idealmente deseaba esa mujer, pero ella con la certeza de que es lo mejor para sí misma, acepta establecer una relación duradera con él, y con el paso del tiempo sienten crecer un gran abismo entre ellos.

Esa separación virtual pero existente de interés, valores, modos de pensar el mundo; genera en cada uno de los miembros un vacío, que algunos saben llenar buscando fuera de la pareja lo que creen que no encontraran en ella; y otros se quedan simplemente mirando el hueco que dejó el desencuentro.

Tengo compañía pero no me quita la soledad.

Cuando estamos inmersos en ella, la angustia, la tristeza y la ira son las emociones que marcan nuestro ser. Sentimos la urgencia de sanar esa herida que nos parte el alma; y nos llenamos de bronca por no poder cicatrizar a tiempo.  El mejor método es tomar distancia de tu subjetividad y mirar el panorama de forma objetiva; comprender qué es lo que te ha llevado a esa situación que ya no quieres para tu vida; y buscar formas efectivas para resarcir tu modo de vivir.

Cuando nos sentimos solas somos muy vulnerables.

Deseamos encontrar el verdadero amor, el que llene nuestras expectativas; deseamos encontrar al hombre caballero, atento, amoroso, que nos valore ¿Pero qué pasa cuando nos equivocamos y aun sabiendo que lo estamos, nos quedamos viviendo esa equivocación? Cuando se tiene un corazón vulnerable nos resulta más fácil ignorar la realidad y aferrarnos a las palabras de amor que nos dicen o nos dijeron en algún momento, quedándonos con la persona equivocada por miedo a quedarnos solas.

 Ante tan triste realidad, muchas veces preferimos ignorarla, darla por falsa, cerrar los ojos o mirar a otra parte, porque no queremos vernos solas, no queremos aún más soledad.