El desvelo de una madre es directamente proporcional al amor por su hijo.

El desvelo de una madre es eterno, pues las mujeres abocadas a la maternidad nunca duermen. Desde el momento en que comienzan a sentir da en sus vientres hasta la edad adulta de sus hijos, las mamás pasan noches enteras en vela.

Sin lugar a dudas, cada hijo tiene su ángel de la guarda, pero no debe buscarse en un más allá, sino en un “más acá”. Más precisamente, a su lado. En esta nota, te invitamos a reconocer y valorar los esfuerzos de toda mamá, quienes invierten días, meses y años de desvelo y dedicación en sus niños.

El desvelo de una madre gestante
El desvelo de una madre se inicia ya en el embarazo y se hace presente en cada etapa del crecimiento de su hijo.
 Pues especialmente en una edad gestacional avanzada de su bebé comenzará a pasar noches sin lograr pegar un ojo.

¿Por qué las madres se espabilan estando encinta? Las madres comienzan a frecuentar la nocturnidad por los movimientos de los inquietos pequeños noctámbulos o por los típicos malestares experimentados.

El desvelo de una madre tras la llegada del recién nacido
¡Llegó el bebé! Sin embargo, y a pesar de la alegría y emoción que reinan en el hogar, tus noches parecen no poder cambiar.
 Frases como “No me dejan descansar” o “No puedo ni debo dormir” se repiten incesantemente entre las flamantes madres.

No es para menos, pues los primeros meses de cualquier hijo son difíciles para cualquier mamá por cuanto comporta una serie de cambios y aprendizajes considerables. El recién nacido se despierta con frecuencia y llora desconsoladamente.

¿Tiene hambre? ¿Estará acalorado? ¿Será el pañal? Sin embargo, nada parece calmarlo más que tus brazos. Aun así, aquí se inaugura un período en el que ese eterno desvelo de una madre obedece pura y exclusivamente a la preocupación por el estado de su hijo.

Y a medida que el niño crece…
Tu pequeño comienza a crecer y seguramente muchas cosas van cambiando y otras tantas se van encauzando. Seguramente llegarás al estadío donde el niño corte sus primeros dientitos, comience a comer alimentos sólidos, empiece a gatear e incluso a dar sus primeros pasitos.

En esta etapa notarás y apreciarás un hecho glorioso: ¡el bebé comenzará a dormir plácidamente durante lapsos más largos! Incluso, si eres una madre afortunada, tu hijo llegará a descansar toda la noche de corrido. ¡Todo un logro, una hazaña!

Aquí es donde se hace presente un nuevo caso que habla del eterno desvelo de una madre: “¡No se quiere dormir!”. Pasan las horas y eres prisionera de un sueño infernal mientras tu hijo no da el brazo a torcer ante el cansancio de todo un día de juegos y diversión.

La rutina iniciada con un baño caliente seguida por canciones de cuna, cuentos, abrazos, besos y caricias no alcanza para cumplir el objetivo. Y aún cuando libres una intensa lucha contra el cansancio, ese soldado que no mata pero ataca, tu hijo estará más activo que nunca, intentando jugar, escapar y, por qué no, saltar en la cama.

Otros casos que generan el desvelo de una madre
Seguramente pensabas que nos habíamos olvidado de aquellas noches que pasas controlando la fiebre del niño, atenta a deposiciones, tos, sarpullidos y tantos otros síntomas
 que te llaman la atención y te preocupan, al punto de quitarte el sueño.

El desvelo de una madre se activa también frente a cualquier caso de enfermedad en cualquier momento de la vida de tu amado hijo. “No me puedo dormir”, el estado de hipervigilancia te mantiene desvelada y concentrada en cada signo y manifestación del pequeño.

Y sí, a medida que tu hijo crece, algunas cosas se tornarán inevitables, como sus primeras salidas. Seguramente, sea la primera fiesta o la décima, pasarás noches sin siquiera arrimarte a la cama. Pues no tiene sentido si asumes que intentar descansar será una verdadera misión imposible.

“Chao mami, me voy de fiesta, no me esperes despierta”. ¿El plan de esta noche? Dotaciones de café, alguna película y, por supuesto, cualquier reloj a mano para ir controlando el paso del tiempo. El lema se convierte aquí en “imposible dormir”.

Aun así, con tantos días desveladas, las mamás siguen apostándolo todo por la crianza de sus hijos. Por su amor incondicional, estos “ángeles de la guarda” velan noche y día por el bienestar del niño en cada período de su desarrollo. ¡Un aplauso cerrado para estos maravillosos seres!

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¿Sabías que la lactancia materna influye en el habla de tu bebé?.

La leche materna es el mejor alimento, tiene todo lo que ellos necesitan, eso lo sabemos, pero lo que poco se  ha dicho es que también influye en el desarrollo del habla, ya que gracias a los movimientos de succión que realiza el bebé se ejercitan los labios y los maxilares.

Estos movimientos tienen gran impacto en el desarrollo y crecimiento de la mandíbula, ya que al nacer ésta se encuentra detrás del maxilar superior y hasta el octavo mes de vida se coloca en la posición adecuada. La lengua también se beneficia con la succión pues va encontrando una ubicación más adecuada que se va dando con la musculatura oral.

Gracias a la succión, los bebés se preparan para la dentición y poder masticar, lo cual se logra mejor con la lactancia materna exclusiva. Diversos estudios comentan que cuando el bebé succiona, realiza entre dos y tres ml movimientos musculares faciales que estimulan a nivel motor y sensorial. También se logra un mejor crecimiento mandibula, se fortalece y desarrolla los músculos de la boca por eso a futuro y cuando sea el momento, tu peque tendrá más facilidad para decir sus primeras palabras.

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Te quiero desde tu primer latido

Te quiero, te quise y te querré. Desde tu primer latido que me habló de tu existencia. A partir de ese instante supe que serías mi persona favorita en el mundo. Mi héroe en este lío llamado mundo. Ni bien entendí que nunca más estaría sola.

Toda mujer en algún momento de su vida sueña, o cuanto menos fantasea, con ese momento. Convertirse en madre. Esa única carrera en donde primero que nada te otorgan el título, y después comienzas a cursar la carrera. Desde luego, dictada solo en la universidad del hogar.

“Nadie más conocerá la fuerza y el poderío de mi amor por ti. Después de todo, eres el único que conoce cómo suena mi corazón desde dentro.”
-Anónimo-

Casi todas hemos soñado en ese momento en que ese pedazo de nuestro ser abandona su vientre-cuna para apoderarse de nuestros brazos. Pero más que lo desees con todas tus fuerzas y lo anheles con todo tu corazón, hasta que no sientes determinadas señales que hablan de la magia de un hijo, difícil comprender lo que se siente.

Es que cuando escuchas los latidos de su corazoncito en las primeras ecografías, te invade una emoción inexplicable. Gestas vida en tu interior. Con el tiempo, un par de piernitas y bracitos comienzan a sacudirse, recordándote que la felicidad puede adquirir varias formas. Pero en esta oportunidad, la alegría toma la de un hijo.

Te quiero desde nuestra sintonía intrauterina
El amor que se puede sentir tras batallar un nacimiento es impresionante e inimaginable. La devoción que comienzas a experimentar ni bien observas y abrazas por primera vez a tu bebé es tan inexplicable como inigualable. Realmente se equipara con tocar el cielo con las manos.

Sin embargo, puedo afirmar con total convicción que te quiero desde que intuí esa perfecta sincronía intrauterina. La armónica música de nuestros corazones sonando al compás del futuro. Me conociste como nadie. Me sentiste. Aprendí a interpretarte en mi abdomen durante esos nueve meses.

Recuerdo tus primeros movimientos. Al principio, generaban mariposas en mi barriga. Era el amor y la emoción. Luego, se hicieron presente las pataditas y, por qué no, codazos. Pintabas con acuarela las más bonitas sonrisas en mi rostro. La ansiedad se hacía presente. Ya soñaba con tenerte en mis brazos, mi cielo.

Y finalmente ocurrió ese tan esperado milagro. Nuestra primera gran cita, a ciegas. Ésta no tenía margen de error, no podía fallar. Sabía que allí conocería al verdadero amor de mi vida. Un amor diferente a los demás. Profundo, puro, incondicional. Sobre todo, infinito, eterno.

Esto pasa cuando deseamos una niña y tenemos un varón

Casi inmediatamente después de anunciar a la familia que estás esperando un bebé, viene la pregunta obligada: -¿Qué quieres? ¿una niña? ¿un niño?- y detrás de ella el sin fin de comentarios y razones por las cuales es mejor tener un varón o un aniña y luego las tías mayores contarán sus experiencias y todo mundo opinará. Luego, llegando el tiempo ideal, durante una revisión de rutina, el médico te preguntará: ¿quieres saber el sexo del bebé? Y si te dice esto mientras revisa el ultrasonido, quiere decir que él ya lo está viendo.

¿Qué responderías? ¿Te animas a saber con anticipación el sexo de tu pequeño o esperarás hasta conocerlo personalmente?
Algunas mujeres piden saber tan pronto se pueda el sexo del pequeño y comienzan a tratarlo ya como un él o ella, y aunque la ciencia cada vez es más exacta, todavía pueden errar y al final darte una gran sorpresa.

Hay otras que no quieren enterarse hasta el momento del parto para evitar justamente sorpresas o decepciones.

Pero ¿qué pasa cuando ya nació el pequeño y no es justamente lo que tú querías o esperabas?

Pena ante los demás
Cuando esperaba a mi primer bebé, mi mamá y otras mujeres mayores, constantemente me decían que yo sabría el sexo de mi bebé, yo lo entendía como algo que me sería revelado, como un súper poder de mamá o algo parecido, me insistían mucho que una madre desarrolla muchos dones y que yo sabría todo de mi pequeño aún antes de que naciera. Pero nunca sucedió. Mi mamá me dijo: -Pon atención a tus sueños- pero nada pasaba. Pasados unas semanas, me preguntó nuevamente sí ya sabía si era un niño o una niña, le respondí que solo soñaba gatos y ella como las demás se mostraron muy decepcionadas por mi “incapacidad”

Nació una niña hermosa y afortunadamente entendí que es mentira que sabré todo lo relativo a mi hija y que esto no debe avergonzarme.

Decepción
Tal vez en secreto tú deseabas una niña y nació un varón y al final te sientes decepcionada de ti misma porque crees que no sabrás criarlo, porque no te gustan los niños o simplemente porque no era lo que tú querías.

Este sentimiento es válido experimentarlo pero es mucho muy peligroso dejarlo anidarse en tu corazón.

Miedo
Pueden ser muchas las razones por las que se puede experimentar miedo o incapacidad para criar a un niño o una niña pero hay una que da respuesta y solución a todas: tú eres la mejor madre que ese niño puede tener, tú eres lo que él específicamente necesita.

Otros te hacen culpable
Aún hay culturas en las que se ve mal que el primogénito sea una niña, donde el nacimiento de un varón se celebra y el de una niña se recibe con vergüenza o culpa. Aún hay lugares donde las niñas recién nacidas se arrojan a la basura o donde la madre es repudiada por no tener varones.

La ciencia ahora nos ha aclarado que es el padre quien determina el sexo del bebé primeramente y en segundo término, recuerda que nadie puede hacerte culpable o inclusive responsable de lo que no está en tus manos y tu voluntad. No lo permitas.

Ahora para continuar con la vida y quitarte este peso de encima, es necesario que comiences a trabajar inmediato contigo misma. Vix recientemente publicó algunas recomendaciones muy acertadas:

Reconoce lo que estás sintiendo
Ya sea tristeza, pena, vergüenza, decepción, lo que sea por muy malo que se escuche, debes aceptar que lo estás sintiendo, negarlo solo retrasara la felicidad que te está esperando.

Aceptarlo
Si reconocer es el primer paso, aceptarlo es el segundo. Al aceptar que tú querías algo y que no se dio, dará pie a comenzar a aceptar al bebé que tienes en tus brazos, a amarlo y a aceptar todos los regalos que trae especialmente para ti. Acepta este gran regalo sorpresa que la vida te ha dado, si lo logras verás que lo que ha llegado, es mucho mejor que lo que tú deseabas.

Busca la bendición
Dicen que la vida no nos da lo que queremos sino lo que necesitamos y hay sabiduría en ello pues nos exigirá mayor trabajo, esfuerzo y un gran proceso de sanación y reconocimiento personal que solo este pequeño te podría ayudar a vivirlo y pasarlo con éxito.

Confía en ti misma
Tu bebé y tú se complementan, son perfectos el uno para el otro. ¿sabías que tú producirás la leche con los nutrientes exactos que ese pequeño necesita? ¿Que la leche que produces para cada uno de tus hijos es diferente una de otra? ¿Qué tu bebé emitirá sonidos y llantos específicos para tu oído?

Ese pequeño que tienes en tus brazos es la suma del amor de ambos padres y ahí en tus manos tienes a tus abuelos y padres y a una larga lista de seres amados gracias a la genética.

Y por último, busca ayuda profesional, la depresión post parto puede hacerte una mala pasada si no resuelves este tema a la brevedad.

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Mujeres y madres de corazón

A una joven madre le entregaron para cuidado una bebé que a sus escasos tres meses de edad estaba muy grave de salud y a punto de morir. Desde su nacimiento había estado descuidada y desnutrida. En pocas semanas su mejoría se hizo muy notoria, pues fue cuidada con amor, ternura y dedicación. Al cabo de un tiempo más la niña recuperó totalmente la salud, se convirtió en una estrella más de la constelación de estrellas de aquél humilde hogar que la acogió.

Aprendieron a verla como la hermanita más pequeña, la nena por fin conocía el amor de madre, y la madre de todos esos niños muy pronto se dio cuenta que no podía separar a la niña “de su familia” la única familia que conocía. La pobre mujer angustiada de que la verdadera madre quisiera quitarle a la niña, no lo pensó mucho y luego de los trámites legales la adoptó como propia. Este es el caso de una niña que fue acogida en una familia que siempre la amó y la protegió.

Hoy por hoy aquella niña enferma y a punto de morir es una mujer profesional, felizmente casada y madre amorosa, le da gracias a Dios por haberle dado la vida, una “madre amorosa” y una familia que ahora es suya. Incontables son los casos de parejas que se casan con la idea de formar una familia, pero

¿Qué pasa cuando la naturaleza les niega el privilegio de tener sus propios hijos?

 Optan por la adopción y cumplen así su anhelo de ser padres. Los hijos adoptados, son niños que gozan del amor y la protección de padres que no les dieron la vida, pero si dedican su vida a amarlos, y se dedican a cuidarlos como si éstos fueron el más preciado de todos los tesoros del mundo. Sin preocuparles en absoluto el momento en que tendrán que hablarles sobre su verdadero origen. Y tú amiga lectora, ¿estarías preparada como para hacerte cargo de un hijo que no nació de tu vientre, y educarlo como propio, junto a tus hijos propios?

Hija, tú fuiste un gran maestro. Con sólo nacer me enseñaste a amar.

Nunca pensé sentir un amor tan grande hasta el día que te tuve entre mis brazos y mis ojos te vieron por primera vez fuera de mi pancita…lo recuerdo como si fuera ayer. Solo escuche tu llanto después de unas horas de espera y mi reacción fue inmediata, yo que pensé que era muy fuerte y que me iba a mantener firme con mis emociones en todo momento, pues me equivoque. al momento de escucharte lo primero que hice fue llorar de alegría al saber que estabas sanita. por más que no quería llorar no me pude contener, llore y inmediatamente te pusieron en mis brazos y no lo podía creer como un ser tan bello y pequeñito pudo salir de mí, me sentía tan dichosa que no me importaba nada más que tu en ese momento se me olvidaron todos mis problemas y solo comenze a vivir por ti y para ti.

tenia la necesidad de protegerte  y darte todo mi amor, solo se que desde que apareciste en mi vida la llenaste de puritita felicidad!!!

La depresión infantil: desconocida, confundida y olvidada.

La depresión infantil es un trastorno que pasa desapercibido: es olvidado, desconocido y confundido con otros. Muchos consideran que es imposible que un niño caiga en las garras de la depresión: “Cómo se van a deprimir los niños si no tienen responsabilidades ni preocupaciones, si lo tienen todo”. Según los datos de recientes investigaciones 1 niño de cada 100 y 1 de cada 33 adolescentes sufren depresión.

El problema más grave es que solo un 25% de los niños y adolescentes con depresión son diagnosticados y tratados. Un porcentaje tan bajo es la consecuencia de que muchas veces los adultos le restamos importancia, lo ignoramos o incluso se producen otros diagnósticos erróneos. Un diagnóstico erróneo habitual es el que se produce cuando se diagnostica TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hipertactividad) en vez de depresión.

La sintomatología depresiva sale a la luz a partir de ciertas vulnerabilidades personales o se refleja en ciertas vulnerabilidades personales. Es decir, al carecer de algunas habilidades sociales, emocionales o cognitivas y ante una situación que puede exigir un desempeño alto si tenemos en cuenta el nivel de la persona, en este caso el niño, esta puede sentirse incapaz de responder, bloqueada. Todo ello genera una fuerte carga de estrés y una cadena de emociones de valencia negativa, como tristeza, falta de sentido, inutilidad, fragilidad, vacío o peligro, entre muchos otras.

“La depresión es una prisión en la que eres tanto el prisionero como el cruel carcelero”.
-Dorthy Rowe-

¿Qué caracteriza a un niño deprimido?
Desde la tristeza hasta el trastorno depresivo hay un amplio espectro. La tristeza, la ansiedad, la hostilidad y la ira son emociones normales, adaptativas y entendibles, necesarias en ciertos momentos y que pueden traducirse en conductas.Por ejemplo, el miedo es la emoción del peligro, y la tristeza la emoción de la pérdida. No son emociones perjudiciales en sí: nos ayudan a adaptarnos a lo que ocurre en nuestro entorno, a ponernos a salvo si sentimos peligro o a escribir una historia, nuestra historia, en la que toda pérdida termine cobrando un sentido.

No hay que patologizar las emociones. Todos los niños y adolescentes están tristes en alguna ocasión, incluso han llegado ha experimentar síntomas de depresión, pero un trastorno depresivo es más que eso.

Es importante saber distinguir entre tristeza y una posible depresión infantil. Para ello se debe tener en cuenta la frecuencia, intensidad y duración de las conductas, así como el malestar del menor, cómo interfiere en su rutina (si es que lo hace), si presenta irritabilidad y enfado, poco apetito, problemas para dormir, agitación y síntomas psicofisiológicos o motores.

En la depresión infantil es frecuente el enfado y la irritabilidad, mientras que en adultos suelen presentarse la tristeza y el desconsuelo. Otro síntoma diferente en niños es la agitación. En el caso de los adultos con depresión se produce enlentecimiento motor y mental, mientras que en los menores es habitual una mayor activación (de ahí en parte la confusión en el diagnostico con el TDHA). Debido a este cambio de sintomatología, la depresión infantil pasa desapercibida o se confunde con otro tipo de problemas de conducta.

Muchos niños llegan a consulta porque no tienen ganas de hacer cosas, están muy irritables, enfadados, presentan somatizaciones (dolores de cabeza, dolores de barriga, vómitos, diarreas, etc.). La información más fiable que podemos obtener en referencia a sus pensamientos y emociones va a ser a través del propio menor. Los adultos de su entorno, en cambio, podrán informar mejor sobre las conductas observables y momentos específicos.

Algunos factores de vulnerabilidad son la falta de habilidades sociales, un déficit en la solución de problemas, el aislamiento social, un autoconcepto negativo, dificultades interpersonales con familiares o compañeros y actitudes disfuncionales con pensamientos de culpa. Es frecuente que el estado emocional en el que están se alimente de la “rumiación” de ciertos pensamientos,como “Todo me sale mal, soy un desastre, la vida no merece la pena, es todo culpa mía”.

“Recuerda siempre que eres más grandes que tus circunstancias, eres más que cualquier cosa que te pueda ocurrir“.
-Anthony Robbins-

Teoría de indefensión aprendida y depresión infantil
Estamos generando niños indefensos. Un día se les premia y otro se les castiga por la misma conducta. Suceden hechos a su alrededor y nadie les explica su origen. No se les pone límites ni se les enseña a manejar y tolerar la frustración. Es muy importante transmitirles que para conseguir aquello que apreciamos hay que esforzarse, esperar, dedicar tiempo, trabajar, equivocarse y volverlo a intentar.

Dicho aprendizaje se produce a través de las experiencias personales, pero si les damos todo hecho estas experiencias aleccionadoras quedarán reducidas a la mínima expresión. Es entonces cuando vienen los problemas de conducta, estallidos de ira, inestabilidad en el estado de ánimo, falta de control de impulsos y un largo etcétera.

Los diferentes elementos (conductas, objetos, personas…) tienen el valor que uno mismo les da, y ese valor también depende del esfuerzo y sacrificio que se haya hecho para conseguirlos. A lo largo de los años, y a medida que crecemos, aprendemos a establecer relaciones entre nuestros actos y las consecuencias que estos tienen.

Algo es fundamental porque es lo que nos da la sensación de control y posibilita la autoeficacia. Por supuesto que no todo está en nuestras manos, pero sí que podemos hacer mucho por dirigir nuestra vida. Si los niños no perciben esta relación se sentirán indefensos. Si no aprenden los posibles resultados que existen frente a sus actos y las consecuencias son aleatorias o difusas se encontraran totalmente perdidos.

En las teorías de indefensión aprendida se ha demostrado que lo más importante es la percepción, es decir, percibir que aquello que hacemos tiene consecuencias sobre lo que recibimos posteriormente. Por ejemplo, si percibimos que el esfuerzo es algo importante para lograr nuestros objetivos entonces el esfuerzo se plasmará en nuestros actos, pero si el niño percibe que los resultados dependen del azar asumirá la creencia de que actuar es inútil e innecesario, se generará un ser vulnerable. Para prevenir la depresión infantil, los niños deben sentir que lo que hacen tiene consecuencias esperables a su alrededor y para ellos mismos.

Creencias disfuncionales en la depresión infantil
Las creencias disfuncionales son valores sobre los que se apoya nuestra autoestima.
  Los niños aprenden sesgos en sus propias creencias desde muy pequeños, por ejemplo “Si no eres el primero eres un perdedor, y si eres un perdedor entonces no vales nada”. De esta manera condicionamos nuestra interpretación de la realidad y de nosotros mismos. Cuando un niño ha puesto su propia valía personal en ideas imposibles, antes o después, está condenado a sentirse frustrado, deprimido, incompetente o inútil, porque siempre habrá alguien más listo o más guapo, cometeremos errores o no podremos satisfacer a todo el mundo.

Los niños tienen que aprender desde pequeños a graduarse. No hay que ser la perfección absoluta ni el desastre al completo. No podemos estar al cien por cien en cada momento, ni tampoco dejar todo a un lado. La vida no es blanco o negro, hay grises, y por ello habrá momentos y áreas de nuestra vida donde se tienen que ordenar prioridades. Por ejemplo, en época de exámenes aprenderán que es el momento de dedicar más tiempo al estudio, y al terminar dicha época será cuando puedan disfrutar durante más tiempo de sus amigos, familia y entorno. Es importante aprender a priorizar responsabilidades y a manejar el tiempo en base a las propias decisiones y sus consecuencias.

Suicidio en menores
La depresión es uno de los principales factores precipitantes del suicidio y romper con los mitos que lo rodean es una tarea clave para prevenirlo. El 72% de niños y adolescentes deprimidos tienen ideas suicidas. En el caso de los niños pueden existir dichas ideas aunque ellos no las verbalicen. Muchos deseos infantiles no son expresados mediante palabras y sí mediante otras formas de comunicación, como el juego o los dibujos. Como adultos es importante que aprendamos a “leer entre líneas” lo que los niños expresan.

A continuación vamos a identificar algunos de los mitos que existen sobre la depresión infantil:

  • “El suicidio viene de familia” – En muchos casos se piensa que si uno de los padres o familiares se ha suicidado el menor tiene más probabilidades de quitarse la vida. Es cierto que ha tenido un modelo erróneo de afrontamiento, pero el suicidio no está genéticamente determinado. Habrá que trabajar con  él y hablar de forma clara. Es muy importante no silenciar lo ocurrido ni tampoco silenciar sus deseos o sentimientos. Se hablará con el menor a través de un lenguaje adaptado a su edad y con explicaciones concretas que pueda entender. Es esencial encontrar de manera conjunta soluciones a los problemas por los que el niño busca la muerte como salida liberadora.
  • “El que lo dice mucho nunca lo hace, es por llamar la atención” – Nunca debe darse por sentado que no existe la posibilidad de consumación. Para los padres es difícil afrontar que su hijo tiene deseos de quitarse la vida pero lejos de evitar el problema lo urgente es abordarlo. Pensar que no va a suceder pero actuar como si pudiera ocurrir.
  • “La decisión es irrevocable” – Considerar que las ideas de suicidio que tiene el menor no pueden cambiar es otro error. Los sentimientos son ambivalentes, se mezcla la insatisfacción y el miedo junto con la valoración positiva de la muerte. Por ello es tan importante estar atento a las señales verbales y conductuales que nos permitan intervenir a tiempo.
  • “Un suicida lo es para todo la vida“ – Los deseos son transitorios, la mayoría de las veces se arrepienten e incluso se avergüenzan de ello. Hay que dedicar tiempo para hablar sobre las emociones y normalizar el hecho de tener sentimientos encontrados. En la vida se presentan experiencias muy duras pero a partir de ellas se pueden lograr grandes aprendizajes.
  • “Hablar del suicidio conduce a consumarlo” – Convertirlo en tabú puede ser uno de los actos que mayor daño cause. Hablar del tema alivia el malestar y permite a la persona expresarse. Empatizar, normalizar e intentar comprender es la prioridad para buscar soluciones.
  • “El que se suicida tiene un trastorno mental” – Otro error frecuente es pensar que para quitarse la vida la persona tiene que sufrir siempre algún problema psicológico. Si bien la depresión es un factor de riesgo para el suicidio, existe un alto porcentaje de suicidios de carácter impulsivo en adolescentes sin trastornos mentales.

¿Qué hacer en caso de depresión infantil?
Desde las intervenciones psicológicas el objetivo es abordar los factores de riesgo y las conductas problemáticas que se encuentran asociadas a la depresión del menor.
 La intervención abarca al menor, su familia y su entorno. Con el niño o adolescente se trabajan diferentes habilidades de afrontamiento, cómo solucionar problemas, se hace hincapié en que aprenda a procesar la información y a manejar el malestar emocional. Se busca cambiar sus pensamientos automáticos negativos y las autoevaluaciones que pueda hacer de sí mismo y del mundo que puedan mantener el estado emocional en el que se encuentra.

A los padres se les da pautas para que puedan manejar las conductas de sus hijos, fomentar la escucha empática, controlar la ira, evitar la conflictividad, comunicar los mensajes y sentimientos de forma efectiva, aprender a tomar decisiones, solucionar conflictos y cambiar formas de interaccionar entre los miembros de la familia.

En la prevención de la depresión en menores es esencial que esté presente la incondicionalidad del amor. Nunca debemos supeditar el cariño a una acción o característica concreta del niño. Es bueno que el amor sea percibido como incondicional, como un vinculo que sobrevivirá a cualquier circunstancia que se dé. Además tienen que estar presentes unas normas razonables y aplicadas de manera coherente, el refuerzo de conductas adecuadas, la demora de recompensas, trabajar la motivación intrínseca, no ceder en procesos de coerción y establecer una buena comunicación.

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Las mamás más felices acuestan a sus hijos temprano.

Las mamás más felices siempre tienen tiempo para ellas mismas. Las mamás más felices acuestan a sus hijos temprano e incluyen esta regla dentro de las rutinas para que el sueño de los menores sea relajado y placentero.

La historia sin fin del niño que no quiere dormir
Cuando son las 8 de la noche y nuestro hijo no quiere dormir, algunas madres dejamos que juegue otro ratito. Llegan las 9 y a esa hora ya el pequeño debería estar en la cama, pero a veces, les dejamos un poco más, y por eso les damos unos crayones para que pinte, algunas plastilinas para que moldee… En fin, distracciones no impliquen mucho alboroto.

Llegan las 10 de la noche y el niño debería estar rendido, pero a esa hora acabamos de terminar con la ropa lavada y queremos unos minutos para darnos una ducha y estar totalmente listas para él. Entonces postergamos su sueño y seguimos siendo permisibles.

A las 10:30 ya es hora de ir a la cama. Es un poco tarde para él, pero seguro eso va a traducirse en un mejor descanso. ¡Error! Esa noche el niño se queda hasta las 11 y las 12 retozando en la cuna y sin querer pegar ojo.

Necesita tomar agua, beber su biberón, que le busquemos este u otro muñeco, ir a hacer pis, volver a tomar agua… A medida que complacemos sus deseos, la lista se vuelve más y más larga. Y allí estamos nosotras hasta las tantas de la noche. Por fin, a las 12:30 el niño cae rendido.

Esa madrugada nuestro pequeño despierta 5, 6, o 7 veces para que lo acunemos y volvamos a dormir. Se sobresalta igual que si alguien lo llamara con insistencia y no dejara que volviera a conciliar el sueño. Por eso cuando creemos que está profundamente dormido lo vemos voltearse una y otra vez, brincar y despertarse nuevamente.

Cuando es hora de ir para la guardería, no quiere despertarse. Nuestro hijo y nosotras mismas nos levantamos con deseos de volvernos a acostar. Él se mantendrá somnoliento el día entero y nosotras sumamente estresadas y sin poder rendir en el trabajo.

Las mamás más felices acuestan a sus hijos temprano

Las mamás más felices, las más descansadas, acuestan a sus hijos temprano. Ten presente que el descanso temprano del niño se convierte en:

  • Horas libres para dedicar a ti y a tu pareja. Al fin y al cabo tu felicidad y bienestar también depende de eso.
  • Menos tensión a la hora de hacer las tareas domésticas que sueles hacer por las noches. No tienes que fregar, lavar, sacudir o hacer cualquier otro deber con la preocupación de ir constantemente a ver qué está “inventando” tu niño en la habitación contigua.
  • Relajación, sueño profundo y placentero. Tu hijo contará con las horas necesarias para su descanso y tanto su cuerpo como su cerebro tendrán la oportunidad de reponer sus energías para el día siguiente.
  • No tener que sentirte obligada a franquear el límite de la permisibilidad. No será tu hijo quien imponga su voluntad cada vez que te diga que no desea irse a dormir. Si lo acostumbras a acostarse temprano no estarás sometida a soportar sus pataletas cuando no quiere irse a la cama y ceder a su capricho. Recuerda que esa no es la educación disciplinada que deseas darle.
  • El disfrute del reposo y el sueño rejuvenecedor que tanto necesitas.
  • Tranquilidad para el resto de la familia. Si convives con otros miembros en casa todos tendrán la oportunidad de reunirse y compartir los temas familiares que no deben hablarse en presencia del niño.

Mamá, ante todo, establecer una rutina para el sueño y seguirla cada noche. Si tu hijo juega dile que eso va a ser hasta una hora determinada y cuando el reloj indique que el tiempo se ha terminado, hay que irse a descansar aunque quiera seguir jugando. Persuádelo con una canción, un cuento, un ratito en la cama de mamá y papá… seguro conoces sus gustos.

Nunca olvides lo importante que es el sueño para él y el descanso para la buena madre que eres.

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Las mamás más felices acuestan a sus hijos temprano.

Las mamás más felices siempre tienen tiempo para ellas mismas. Las mamás más felices acuestan a sus hijos temprano e incluyen esta regla dentro de las rutinas para que el sueño de los menores sea relajado y placentero.

La historia sin fin del niño que no quiere dormir
Cuando son las 8 de la noche y nuestro hijo no quiere dormir, algunas madres dejamos que juegue otro ratito. Llegan las 9 y a esa hora ya el pequeño debería estar en la cama, pero a veces, les dejamos un poco más, y por eso les damos unos crayones para que pinte, algunas plastilinas para que moldee… En fin, distracciones no impliquen mucho alboroto.

Llegan las 10 de la noche y el niño debería estar rendido, pero a esa hora acabamos de terminar con la ropa lavada y queremos unos minutos para darnos una ducha y estar totalmente listas para él. Entonces postergamos su sueño y seguimos siendo permisibles.

A las 10:30 ya es hora de ir a la cama. Es un poco tarde para él, pero seguro eso va a traducirse en un mejor descanso. ¡Error! Esa noche el niño se queda hasta las 11 y las 12 retozando en la cuna y sin querer pegar ojo.

Necesita tomar agua, beber su biberón, que le busquemos este u otro muñeco, ir a hacer pis, volver a tomar agua… A medida que complacemos sus deseos, la lista se vuelve más y más larga. Y allí estamos nosotras hasta las tantas de la noche. Por fin, a las 12:30 el niño cae rendido.

Esa madrugada nuestro pequeño despierta 5, 6, o 7 veces para que lo acunemos y volvamos a dormir. Se sobresalta igual que si alguien lo llamara con insistencia y no dejara que volviera a conciliar el sueño. Por eso cuando creemos que está profundamente dormido lo vemos voltearse una y otra vez, brincar y despertarse nuevamente.

Cuando es hora de ir para la guardería, no quiere despertarse. Nuestro hijo y nosotras mismas nos levantamos con deseos de volvernos a acostar. Él se mantendrá somnoliento el día entero y nosotras sumamente estresadas y sin poder rendir en el trabajo.

Las mamás más felices acuestan a sus hijos temprano

Las mamás más felices, las más descansadas, acuestan a sus hijos temprano. Ten presente que el descanso temprano del niño se convierte en:

  • Horas libres para dedicar a ti y a tu pareja. Al fin y al cabo tu felicidad y bienestar también depende de eso.
  • Menos tensión a la hora de hacer las tareas domésticas que sueles hacer por las noches. No tienes que fregar, lavar, sacudir o hacer cualquier otro deber con la preocupación de ir constantemente a ver qué está “inventando” tu niño en la habitación contigua.
  • Relajación, sueño profundo y placentero. Tu hijo contará con las horas necesarias para su descanso y tanto su cuerpo como su cerebro tendrán la oportunidad de reponer sus energías para el día siguiente.
  • No tener que sentirte obligada a franquear el límite de la permisibilidad. No será tu hijo quien imponga su voluntad cada vez que te diga que no desea irse a dormir. Si lo acostumbras a acostarse temprano no estarás sometida a soportar sus pataletas cuando no quiere irse a la cama y ceder a su capricho. Recuerda que esa no es la educación disciplinada que deseas darle.
  • El disfrute del reposo y el sueño rejuvenecedor que tanto necesitas.
  • Tranquilidad para el resto de la familia. Si convives con otros miembros en casa todos tendrán la oportunidad de reunirse y compartir los temas familiares que no deben hablarse en presencia del niño.

Mamá, ante todo, establecer una rutina para el sueño y seguirla cada noche. Si tu hijo juega dile que eso va a ser hasta una hora determinada y cuando el reloj indique que el tiempo se ha terminado, hay que irse a descansar aunque quiera seguir jugando. Persuádelo con una canción, un cuento, un ratito en la cama de mamá y papá… seguro conoces sus gustos.

Nunca olvides lo importante que es el sueño para él y el descanso para la buena madre que eres.

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Las madres que cuidan de sus hijos también son mujeres trabajadoras.

En la actualidad existe la peligrosa tendencia de juzgar a las amas de casa. El 8 de marzo se conmemoraba el día de la mujer trabajadora, excluyendo a todas aquellas madres que cuidan de sus hijos en casa.  Ellas, que se dedican en cuerpo y alma al hogar y a los niños, también son mujeres trabajadoras.

Lamentablemente, la conmemoración tiene una una historia muy trágica detrás. Ese día, en 1911, un gran grupo de mujeres obreras moría en un incendio de una fábrica textil. Lo único por lo que luchaban era por la igualdad, o mejor dicho, el reconocimiento de sus derechos.

Su meta era conseguir mejoras laborales, sin importar su género o su condición. Hoy en día, su implicación se rememora en esta fecha como símbolo histórico del feminismo.

Ahora bien, ¿es lícito considerar  que aquellas madres que dedican su vida al hogar no son también dignas de celebrar este día?

Definitivamente, no. Aquellas que decidieron y eligieron eso para su vida merecen igual reconocimiento que quienes optaron por profesionalizarse, descartando o no la maternidad. El cuidar de una casa y una familia también es una ardua tarea, que no tiene remuneración y que nunca termina.

Son mujeres que cuidan de sus hijos sin cotizar ni cobrar. No perciben aguinaldos ni cuentan con vacaciones pagadas. Para mucha gente, ni siquiera suman. Sin embargo, sin ellas nosotras no estaríamos aquí. Son algunas de nuestras madres, hermanas, abuelas, tías y amigas. Y todas merecen el mismo respeto.

No, no es atenuante el permanecer dentro de casa. Ellas tampoco viven en una suerte de vacaciones un poco más ajetreadas. Es algo que la sociedad tiene que empezar a asumir, porque las madres que cuidan de sus hijos también son mujeres importantes.

Mujeres trabajadoras puertas para adentro
Los días transcurren dándolo todo a cambio de nada.
 Desinteresadamente, solo por amor. Pueden pasar una jornada completa simplemente recogiendo juguetes y limpiando muebles. En otras ocasiones, sienten que son multitarea, y no paran ni un segundo, corriendo entre comida, ropa, desorden y niños.

Pueden pasar días e incluso semanas sin entablar relación con una persona adulta (que no sea su marido, claro). Realmente ser madre a tiempo completo puede ser mucho más duro de lo que verdaderamente parece. Solo hay que pensar en la monotonía de cada día para darse cuenta de que no es un trabajo sencillo.

Desde luego, no se trata de competir para ver quién tiene más sueño, más ojeras y quién se sacrifica más. De hecho, hay madres que trabajan el doble: fuera y dentro de casa. Entonces, ¿por qué no pensar que todas, a su modo, son mujeres trabajadoras?

“La cuestión no es quien me va a permitir, si no quien me va a detener”
-Ayn Rand-

Sea como fuere, hay otra triste realidad que subyace de fondo. Ya de por sí es muy complicado encontrar trabajo siendo madre.La gente juzga sin haberlo vivido. Solo hay que oír testimonios de mujeres que dedicaron tiempo a sus hijos y que ahora intentan reinsertarse en el mercado laboral.

A la frustración que, de antemano, supone no encontrar el trabajo que se necesita, la sociedad condena y señala. Doblemente castigadas, por el simple hecho de ser madres. Por la decisión de elegir una prioridad diferente a la de otras mujeres.

Todas somos mujeres trabajadoras
Ciertamente, aquellas madres que cuidan de sus hijos también deben ser consideradas mujeres trabajadoras. Si perciben un sueldo o no, y si aportan o no, poco importa. No viene al caso.

Las unas y las otras merecen el mayor de los respetos. El trabajo, cualquiera sea, dignifica. Se debe valorar la labor de todas y cada una de ellas. Cuidar jamás ha sido un trabajo menor y menos aún en los tiempos que corren. El tener la responsabilidad de criar a un niño es algo muy duro, y no todo el mundo da la talla. Hay que guiarse más por la paciencia y por el corazón.

Cuidar implica mucho más que un simple verbo. Precisamente, ignoramos que muy poca gente quiere hacerlo de manera genuina. Esta acción, que a ojos de muchos puede parecer menor, conlleva dosis de amor que casi nadie puede llegar a experimentar.

Cariño, abnegación, dedicación y esfuerzos en dosis elevadas. Sueño y cansancio por mayor. Sobre todo, sacrificio, una entrega por completo a un hijo. Eso que la gente no tiene en cuenta, posee un gran valor emocional, para el niño y para la madre. Un niño que, acompañado en su crianza, no sufrirá ningún tipo de carencia sentimental, algo que el mundo entero agradecerá.

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