El niño callado y obediente no siempre es un niño feliz.

El niño callado que mira el mundo desde un rincón y que obedece a la primera no siempre es un niño feliz, por mucho que sea “cómodo” para las personas que le rodean. A menudo, cuando sentimos temor, desesperación o vergüenza tendemos a escondernos en una esquina recóndita de nosotros mismos. Por ello, lo ideal es enseñar respeto, no educar mediante una obediencia ciega que parte de esa misma angustia que roba identidades.

No nos equivocamos cuando decimos que el tema de la obediencia es un aspecto sobrevalorado, e incluso mal entendido, por muchas familias. Es más, en boca de muchos padres y madres se escucha con demasiada frecuencia la clásica frase de que “la garantía de la felicidad está en la obediencia”. No falta tampoco el progenitor que se enorgullece de sí mismo al ver cómo sus hijos cumplen a la primera con las órdenes que reciben.

La obediencia ciega no es lo mismo que la obediencia inteligente. No, sobre todo si esta se aplica a través del miedo. No si al niño se le inculca desde bien temprano la idea de que lo más importante es complacer al otro, dejando a un lado las propias necesidades intrínsecas, criterios y voluntades.

Tarde o temprano, llegará el día en que ese pequeño deje de considerarse valioso. Acontecerá posiblemente ese momento en que deje también de defenderse a sí mismo para permitir que otros lo manejen a su antojo.

“El propósito de la educación es mostrar a la gente cómo aprender por sí mismos. El otro concepto de la educación es adoctrinamiento”.
-Noam Chomsky-

El niño callado y el efecto de la educación autoritaria
Hay niños exploradores. De esos que todo lo tocan, que todo lo miran y preguntan. Pequeños coloridos que ocupan espacios con una curiosidad insaciable. Son pequeños felices. Por otro lado, también hay niños callados, algo más reservados, pero que no tienen dificultad alguna para conectar. Basta con encontrar un tema que sea de su interés para verlos brillar y demostrar esa riqueza sensacional que guardan en su interior. Son niños introvertidos y felices.

Ahora bien, a menudo también nos podemos encontrar con esos pequeños que rehúyen la mirada. Parecen buscar la esquina más diminuta de su interior para hacerse un ovillo, para simular que no están. Para sentirse a salvo de un mundo que no entienden, pero al que obedecen a raja tabla. Son esos niños que no protestan por nada, y en cuyo vocabulario no existen los “por qués”, ni las preguntas que exploran, ni los ojos que cuestionan…

Queda claro que nuestros hijos y alumnos necesitan límites y unas normas estables. Sin embargo, el niño callado que obedece siempre sin cuestionar es muy a menudo el producto de una educación autoritaria. Esa donde las reglas se imponen mediante la amenaza y no a través de la inteligencia.

La inteligencia de quien no hace uso del miedo, sino de la empatía. De quien prefiere trasmitir a sus hijos el sentido del respeto y la oportunidad de entender por qué hay que cumplir ciertas reglas, ciertas normas.

En este mismo contexto, no podemos dejar de lado un hecho casi esencial. Los niños deben comprender el fundamento de todo lo que se les pide. Si nos limitamos a imponer una obediencia incuestionable, criaremos personas inmaduras, perfiles que siempre necesitarán de alguien que les diga qué hacer y qué no hacer en cada momento.

En la vida de una persona llega un instante en que debe hacer caso de sus propios criterios internos. La rebeldía ocasional o el cuestionar las normas que nos imponen nuestros padres, da forma a esos primeros intentos por definir nuestra propia identidad. Algo que los padres también deben entender.

Criemos niños felices, no niños esposados por la obediencia ciega
Como padres, madres o educadores, hay algo que todos sabemos. Alzar la voz y decirle un niño aquello de “haz esto y hazlo ya porque yo te lo digo” es un recurso que nos ahorra tiempo. Lo hacemos desde la urgencia y nos da buenos resultados, todo hay que decirlo.

Sin embargo, ¿qué precio pagamos con ello? ¿Qué consecuencias tiene aplicar una obediencia inmediata que se sirve del grito? Los efectos son inmensos. Daremos forma a un niño callado o con comportamientos desafiantes. Con ese tipo de dinámicas autoritarias perdemos lo más esencial que podemos construir con nuestros pequeños: la confianza.

Ahora bien, la siguiente pregunta sería pero ¿cómo consigo que mi hijo me obedezca? Queda claro que no es fácil, no lo es cuando hasta el momento solo lo hemos conseguido mediante la amenaza y el castigo. Sin embargo, a veces la respuesta es mucho más sencilla de lo que parece. Si deseamos que un niño confíe en nosotros cuando le pedimos que haga o cumpla algo, aprendamos también nosotros en confiar en él, aprendamos a respetarlos.

Madre hablando con su hijo para no educar a un niño callado

El respeto se muestra escuchando. Respondiendo preguntas, razonando con ellos, fomentando la reciprocidad. El respeto se gana teniendo en cuenta sus necesidades, sus preferencias, sus curiosidades. Hay que dar paso por tanto a un tipo de obediencia inteligente donde el niño entienda el por qué de cada cosa, donde interiorice las reglas conociendo primero su utilidad.

Queremos niños felices, receptivos con su entorno, ansiosos por aprender. No niños callados por la sombra del miedo y el autoritarismo.

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Para entender a los hijos hay que verlos desde lo que son, no desde lo que deseamos que sean…

Resulta natural que todos los padres y madres deseen lo mejor para sus hijos, que transiten caminos hermosos y siempre estén rodeados de bienestar, protegidos, seguros y triunfantes en la vida, de esta manera, desde temprana edad, comenzamos a sembrar en ellos, lo que para nosotros puede representar una vida exitosa, una familia, una profesión, un buen trabajo, las responsabilidades son buenas, pero no a temprana edad, siempre cubiertos en lo material y con la certeza de que merecen ser amados y muy bien tratados.

“Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ha hecho no te fijes en lo que ha logrado sino en lo que aspira a hacer.”
Khalil Gibran

Sin embargo, no siempre damos en lo que en realidad es, generalmente ocurre que no logramos entender en lo que los hijos se van convirtiendo, y resulta que esto se relaciona directamente, con el hecho de que nunca nos permitimos entenderlos desde lo que en verdad son y no desde aquello en lo que deseamos se conviertan.

Para los padres siempre resulta difícil y complicado entender a los hijos desde sus propios deseos, especialmente cuando no compaginan lo que para cada padre significa estar dentro del deber ser, o de lo moral, o desde aquello que pensamos es correcto, sin embargo, debemos saber que si no procuramos acercarnos a nuestros hijos desde su propia realidad, sino desde la nuestra, jamás llegaremos a conocerlos realmente, de allí que tantos padres, sino en su mayoría, tarde o temprano se vean sorprendidos por acciones y actitudes de sus hijos, que jamás imaginaron.

Las personas solemos llenarnos de prejuicios, es bastante simple terminar siendo arreados por la sociedad y por aquello que parece correcto, más no debemos olvidar que cada persona es un ser y nuestros hijos, lejos de convertirse en una extensión nuestra o en lo opuesto a lo que somos, deben más bien buscar su propio rumbo, enfrentar sus temores, sus debilidades y sus deseos, aprender a manejar sus emociones y esto solo es posible cuando se dejan fluir.

Resulta contradictorio, como muchos padres terminan convirtiéndose en los principales enemigos de sus hijos, llegan a niveles tan profundos de incomprensión, que no logran descifrar lo que ven con sus propios ojos, y es que tu hijo clama a gritos que le aceptes, que le reconozcas, desde lo que es, sin querer cambiarlo, que puedas llegar a compartir parte de su esencia y a admirar sus detalles, que lo ames sin prejuicios y sin comparaciones, que le des la oportunidad de decidir en que se quiere convertir en su propia vida.

amor

“El hombre está dispuesto siempre a negar todo aquello que no comprende.
Blaise Pascal”

El camino que elijan los hijos, puede resultarnos doloroso, sin embargo, será aún más doloroso si jamás llegamos a entenderlos, si en nuestra lucha por idealizarlos, nos distanciamos, creamos una muralla entre ellos y nosotros y únicamente vemos lo que deseamos ver de cada uno de ellos.

Date la oportunidad de entender a tus hijos, pero especialmente, ten la bondad de darle la oportunidad de mostrarse frente a ti sin temor a ser juzgado, el deseo de que sea tal o cual persona, tarde o temprano será solo eso, un mero deseo, más vale entender a nuestros hijos siempre desde lo que son, desde su realidad, su verdad a la luz, que pasar una vida creando una careta para ellos que tarde o temprano caerá.

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El desvelo de una madre es directamente proporcional al amor por su hijo.

El desvelo de una madre es eterno, pues las mujeres abocadas a la maternidad nunca duermen. Desde el momento en que comienzan a sentir da en sus vientres hasta la edad adulta de sus hijos, las mamás pasan noches enteras en vela.

Sin lugar a dudas, cada hijo tiene su ángel de la guarda, pero no debe buscarse en un más allá, sino en un “más acá”. Más precisamente, a su lado. En esta nota, te invitamos a reconocer y valorar los esfuerzos de toda mamá, quienes invierten días, meses y años de desvelo y dedicación en sus niños.

El desvelo de una madre gestante
El desvelo de una madre se inicia ya en el embarazo y se hace presente en cada etapa del crecimiento de su hijo.
 Pues especialmente en una edad gestacional avanzada de su bebé comenzará a pasar noches sin lograr pegar un ojo.

¿Por qué las madres se espabilan estando encinta? Las madres comienzan a frecuentar la nocturnidad por los movimientos de los inquietos pequeños noctámbulos o por los típicos malestares experimentados.

El desvelo de una madre tras la llegada del recién nacido
¡Llegó el bebé! Sin embargo, y a pesar de la alegría y emoción que reinan en el hogar, tus noches parecen no poder cambiar.
 Frases como “No me dejan descansar” o “No puedo ni debo dormir” se repiten incesantemente entre las flamantes madres.

No es para menos, pues los primeros meses de cualquier hijo son difíciles para cualquier mamá por cuanto comporta una serie de cambios y aprendizajes considerables. El recién nacido se despierta con frecuencia y llora desconsoladamente.

¿Tiene hambre? ¿Estará acalorado? ¿Será el pañal? Sin embargo, nada parece calmarlo más que tus brazos. Aun así, aquí se inaugura un período en el que ese eterno desvelo de una madre obedece pura y exclusivamente a la preocupación por el estado de su hijo.

Y a medida que el niño crece…
Tu pequeño comienza a crecer y seguramente muchas cosas van cambiando y otras tantas se van encauzando. Seguramente llegarás al estadío donde el niño corte sus primeros dientitos, comience a comer alimentos sólidos, empiece a gatear e incluso a dar sus primeros pasitos.

En esta etapa notarás y apreciarás un hecho glorioso: ¡el bebé comenzará a dormir plácidamente durante lapsos más largos! Incluso, si eres una madre afortunada, tu hijo llegará a descansar toda la noche de corrido. ¡Todo un logro, una hazaña!

Aquí es donde se hace presente un nuevo caso que habla del eterno desvelo de una madre: “¡No se quiere dormir!”. Pasan las horas y eres prisionera de un sueño infernal mientras tu hijo no da el brazo a torcer ante el cansancio de todo un día de juegos y diversión.

La rutina iniciada con un baño caliente seguida por canciones de cuna, cuentos, abrazos, besos y caricias no alcanza para cumplir el objetivo. Y aún cuando libres una intensa lucha contra el cansancio, ese soldado que no mata pero ataca, tu hijo estará más activo que nunca, intentando jugar, escapar y, por qué no, saltar en la cama.

Otros casos que generan el desvelo de una madre
Seguramente pensabas que nos habíamos olvidado de aquellas noches que pasas controlando la fiebre del niño, atenta a deposiciones, tos, sarpullidos y tantos otros síntomas
 que te llaman la atención y te preocupan, al punto de quitarte el sueño.

El desvelo de una madre se activa también frente a cualquier caso de enfermedad en cualquier momento de la vida de tu amado hijo. “No me puedo dormir”, el estado de hipervigilancia te mantiene desvelada y concentrada en cada signo y manifestación del pequeño.

Y sí, a medida que tu hijo crece, algunas cosas se tornarán inevitables, como sus primeras salidas. Seguramente, sea la primera fiesta o la décima, pasarás noches sin siquiera arrimarte a la cama. Pues no tiene sentido si asumes que intentar descansar será una verdadera misión imposible.

“Chao mami, me voy de fiesta, no me esperes despierta”. ¿El plan de esta noche? Dotaciones de café, alguna película y, por supuesto, cualquier reloj a mano para ir controlando el paso del tiempo. El lema se convierte aquí en “imposible dormir”.

Aun así, con tantos días desveladas, las mamás siguen apostándolo todo por la crianza de sus hijos. Por su amor incondicional, estos “ángeles de la guarda” velan noche y día por el bienestar del niño en cada período de su desarrollo. ¡Un aplauso cerrado para estos maravillosos seres!

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¿Sabías que la lactancia materna influye en el habla de tu bebé?.

La leche materna es el mejor alimento, tiene todo lo que ellos necesitan, eso lo sabemos, pero lo que poco se  ha dicho es que también influye en el desarrollo del habla, ya que gracias a los movimientos de succión que realiza el bebé se ejercitan los labios y los maxilares.

Estos movimientos tienen gran impacto en el desarrollo y crecimiento de la mandíbula, ya que al nacer ésta se encuentra detrás del maxilar superior y hasta el octavo mes de vida se coloca en la posición adecuada. La lengua también se beneficia con la succión pues va encontrando una ubicación más adecuada que se va dando con la musculatura oral.

Gracias a la succión, los bebés se preparan para la dentición y poder masticar, lo cual se logra mejor con la lactancia materna exclusiva. Diversos estudios comentan que cuando el bebé succiona, realiza entre dos y tres ml movimientos musculares faciales que estimulan a nivel motor y sensorial. También se logra un mejor crecimiento mandibula, se fortalece y desarrolla los músculos de la boca por eso a futuro y cuando sea el momento, tu peque tendrá más facilidad para decir sus primeras palabras.

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Te quiero desde tu primer latido

Te quiero, te quise y te querré. Desde tu primer latido que me habló de tu existencia. A partir de ese instante supe que serías mi persona favorita en el mundo. Mi héroe en este lío llamado mundo. Ni bien entendí que nunca más estaría sola.

Toda mujer en algún momento de su vida sueña, o cuanto menos fantasea, con ese momento. Convertirse en madre. Esa única carrera en donde primero que nada te otorgan el título, y después comienzas a cursar la carrera. Desde luego, dictada solo en la universidad del hogar.

“Nadie más conocerá la fuerza y el poderío de mi amor por ti. Después de todo, eres el único que conoce cómo suena mi corazón desde dentro.”
-Anónimo-

Casi todas hemos soñado en ese momento en que ese pedazo de nuestro ser abandona su vientre-cuna para apoderarse de nuestros brazos. Pero más que lo desees con todas tus fuerzas y lo anheles con todo tu corazón, hasta que no sientes determinadas señales que hablan de la magia de un hijo, difícil comprender lo que se siente.

Es que cuando escuchas los latidos de su corazoncito en las primeras ecografías, te invade una emoción inexplicable. Gestas vida en tu interior. Con el tiempo, un par de piernitas y bracitos comienzan a sacudirse, recordándote que la felicidad puede adquirir varias formas. Pero en esta oportunidad, la alegría toma la de un hijo.

Te quiero desde nuestra sintonía intrauterina
El amor que se puede sentir tras batallar un nacimiento es impresionante e inimaginable. La devoción que comienzas a experimentar ni bien observas y abrazas por primera vez a tu bebé es tan inexplicable como inigualable. Realmente se equipara con tocar el cielo con las manos.

Sin embargo, puedo afirmar con total convicción que te quiero desde que intuí esa perfecta sincronía intrauterina. La armónica música de nuestros corazones sonando al compás del futuro. Me conociste como nadie. Me sentiste. Aprendí a interpretarte en mi abdomen durante esos nueve meses.

Recuerdo tus primeros movimientos. Al principio, generaban mariposas en mi barriga. Era el amor y la emoción. Luego, se hicieron presente las pataditas y, por qué no, codazos. Pintabas con acuarela las más bonitas sonrisas en mi rostro. La ansiedad se hacía presente. Ya soñaba con tenerte en mis brazos, mi cielo.

Y finalmente ocurrió ese tan esperado milagro. Nuestra primera gran cita, a ciegas. Ésta no tenía margen de error, no podía fallar. Sabía que allí conocería al verdadero amor de mi vida. Un amor diferente a los demás. Profundo, puro, incondicional. Sobre todo, infinito, eterno.

Esto es lo que siempre te diré: “Hazlo, tú puedes”.

Hay algo que siempre te diré. Jamás me cansaré de repetirlo, y lo oirás de mi boca cuantas veces haga falta. Quizás te moleste mi insistencia, pero debes saber qué tú puedes lograr todo aquello que te propongas. Ni la vida, ni yo ni nadie podrá ponerte un techo. Hazlo, vuela tan alto como quieras, pues tú puedes.

No lo digo simplemente porque mi corazón anhela con todas sus fuerzas que seas feliz. Tampoco por la sencilla razón de que perseguiré por siempre tu bienestar. No hay otro motivo: sé quién eres y conozco tus capacidades. Las admiro noche y día.

Por ende, tengo en mente tus fortalezas, así como también tus debilidades. Y aún así, sigo convencida, creyendo que a pesar de la imperfección propia de cualquier ser, que eres perfecto, hijo mío. Te amo así, tal y como eres, sin importar la circunstancia.

Creo en ti y en tu inmenso poder. Valoro todos y cada uno de tus esfuerzos y sacrificios. Amo verte crecer, en cuerpo y alma. Y me gratifica y satisface verte intentarlo una y otra vez. Aquello que amas, que te apasiona y que te desvela. Mi vida, jamás te rindas.

Nunca oses a borrar tu sonrisa, siquiera a bajar los brazos. Libérate de las cadenas mentales y lánzate a por ello. Arriésgate, arriésgalo todo. Hazlo, tú puedes. Abrazo esta fe con una convicción que no podría sostener con vehemencia para otra causa que no seas tú.

Tú puedes, y siempre podrás
Hijo mío simplemente quiero hacerte conocer tu inmenso valor. Eres sinónimo de poder. Y si lo quieres, de seguro lo tendrás en tus manos. Ve por la gloria, que ya se siente el aroma de la victoria cada más cerca. Con solo tratar de alcanzar esa meta, los laureles te serán concedidos.

Es que, en definitiva mereces lo que sueñas. Quizás como nadie en esta tierra, mi cielo. Por esto mismo, ¡hazlo, tú puedes! Si lo quieres, ve por ello. Olvida los miedos y temores estúpidos que solo te alejan de tu gran objetivo. No pienses en los obstáculos. Solo quiero mi sol que no te preocupes, sino que te ocupes.

Puede que veas la vida como una constante lucha, y ciertamente lo es. Todo se trata de lograr que las cosas sucedan. Pero no te quedes ahí sentado, pon el cuerpo en movimiento y trabaja en ello. Recuerda siempre que las buenas nuevas no caen del cielo. Lo que buscas no aparecerá por arte de magia ni ilusionismo.

“El parto es una dieta a ciegas en la que conocerás al amor de tu vida
-Anónimo-“

Una cuestión de actitud
Conseguir aquello que tanto deseas siempre ha dependido de ti. Claro que sé que tú puedes si realmente lo quieres. Pero no basta con ello. Es que, como reza una vieja canción, “es solo una cuestión de actitud”. Necesitas creer en ti, confiar en tus capacidades y enfocarte en lo que anhelas.

Hijo mío, despierta cada mañana con determinación. Alimenta a diario la tenacidad y la perseverancia que guarda tu ser. Duro y complejo podrá ser el camino, pero con la clave del éxito en tu mano, nada resultará imposible. Solo de esta manera, mi cosita chiquita, conseguirás acostarte con una enorme satisfacción.

Jamás dejes que nadie te diga que no puedes lograrlo. Ni yo, en la furia de algún mal día. Que la calma y las esperanzas sean lo único que no se pierda cuando todo parezca gris. Abraza la ilusión que te motiva y moviliza a seguir.

No es preciso que apures el camino, bien sé que la llegada, el buen puerto, será tu inexorable destino. Durante la ruta, permítete llorar y gritar. Pero, sobre todo, limpia cada una de tus heridas. Ante cada tropiezo, levántate con más fuerza.

Toma impulso, cierra los ojos, abre las alas y échate a volar con plena libertad. Que no te aplaque el temor a errar. De las equivocaciones aprendemos y construimos. Lo importante es que siempre estaré a tu lado, diciéndote lo que ya te has cansado de escuchar de mi boca: ¡Hazlo, tú puedes hijo mío!

Esto pasa cuando deseamos una niña y tenemos un varón

Casi inmediatamente después de anunciar a la familia que estás esperando un bebé, viene la pregunta obligada: -¿Qué quieres? ¿una niña? ¿un niño?- y detrás de ella el sin fin de comentarios y razones por las cuales es mejor tener un varón o un aniña y luego las tías mayores contarán sus experiencias y todo mundo opinará. Luego, llegando el tiempo ideal, durante una revisión de rutina, el médico te preguntará: ¿quieres saber el sexo del bebé? Y si te dice esto mientras revisa el ultrasonido, quiere decir que él ya lo está viendo.

¿Qué responderías? ¿Te animas a saber con anticipación el sexo de tu pequeño o esperarás hasta conocerlo personalmente?
Algunas mujeres piden saber tan pronto se pueda el sexo del pequeño y comienzan a tratarlo ya como un él o ella, y aunque la ciencia cada vez es más exacta, todavía pueden errar y al final darte una gran sorpresa.

Hay otras que no quieren enterarse hasta el momento del parto para evitar justamente sorpresas o decepciones.

Pero ¿qué pasa cuando ya nació el pequeño y no es justamente lo que tú querías o esperabas?

Pena ante los demás
Cuando esperaba a mi primer bebé, mi mamá y otras mujeres mayores, constantemente me decían que yo sabría el sexo de mi bebé, yo lo entendía como algo que me sería revelado, como un súper poder de mamá o algo parecido, me insistían mucho que una madre desarrolla muchos dones y que yo sabría todo de mi pequeño aún antes de que naciera. Pero nunca sucedió. Mi mamá me dijo: -Pon atención a tus sueños- pero nada pasaba. Pasados unas semanas, me preguntó nuevamente sí ya sabía si era un niño o una niña, le respondí que solo soñaba gatos y ella como las demás se mostraron muy decepcionadas por mi “incapacidad”

Nació una niña hermosa y afortunadamente entendí que es mentira que sabré todo lo relativo a mi hija y que esto no debe avergonzarme.

Decepción
Tal vez en secreto tú deseabas una niña y nació un varón y al final te sientes decepcionada de ti misma porque crees que no sabrás criarlo, porque no te gustan los niños o simplemente porque no era lo que tú querías.

Este sentimiento es válido experimentarlo pero es mucho muy peligroso dejarlo anidarse en tu corazón.

Miedo
Pueden ser muchas las razones por las que se puede experimentar miedo o incapacidad para criar a un niño o una niña pero hay una que da respuesta y solución a todas: tú eres la mejor madre que ese niño puede tener, tú eres lo que él específicamente necesita.

Otros te hacen culpable
Aún hay culturas en las que se ve mal que el primogénito sea una niña, donde el nacimiento de un varón se celebra y el de una niña se recibe con vergüenza o culpa. Aún hay lugares donde las niñas recién nacidas se arrojan a la basura o donde la madre es repudiada por no tener varones.

La ciencia ahora nos ha aclarado que es el padre quien determina el sexo del bebé primeramente y en segundo término, recuerda que nadie puede hacerte culpable o inclusive responsable de lo que no está en tus manos y tu voluntad. No lo permitas.

Ahora para continuar con la vida y quitarte este peso de encima, es necesario que comiences a trabajar inmediato contigo misma. Vix recientemente publicó algunas recomendaciones muy acertadas:

Reconoce lo que estás sintiendo
Ya sea tristeza, pena, vergüenza, decepción, lo que sea por muy malo que se escuche, debes aceptar que lo estás sintiendo, negarlo solo retrasara la felicidad que te está esperando.

Aceptarlo
Si reconocer es el primer paso, aceptarlo es el segundo. Al aceptar que tú querías algo y que no se dio, dará pie a comenzar a aceptar al bebé que tienes en tus brazos, a amarlo y a aceptar todos los regalos que trae especialmente para ti. Acepta este gran regalo sorpresa que la vida te ha dado, si lo logras verás que lo que ha llegado, es mucho mejor que lo que tú deseabas.

Busca la bendición
Dicen que la vida no nos da lo que queremos sino lo que necesitamos y hay sabiduría en ello pues nos exigirá mayor trabajo, esfuerzo y un gran proceso de sanación y reconocimiento personal que solo este pequeño te podría ayudar a vivirlo y pasarlo con éxito.

Confía en ti misma
Tu bebé y tú se complementan, son perfectos el uno para el otro. ¿sabías que tú producirás la leche con los nutrientes exactos que ese pequeño necesita? ¿Que la leche que produces para cada uno de tus hijos es diferente una de otra? ¿Qué tu bebé emitirá sonidos y llantos específicos para tu oído?

Ese pequeño que tienes en tus brazos es la suma del amor de ambos padres y ahí en tus manos tienes a tus abuelos y padres y a una larga lista de seres amados gracias a la genética.

Y por último, busca ayuda profesional, la depresión post parto puede hacerte una mala pasada si no resuelves este tema a la brevedad.

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Amor de madre: 10 frases que ayudarán a tu hijo a desarrollarse en la vida.

El día a día con los niños puede llegar a ser muy estresante y, con demasiada frecuencia, nos olvidamos de lo afortunadas que somos de tenerlos. Por lo tanto, es importante pararnos de vez en cuando para decirles cuánto les queremos y darles algunos consejos sobre la vida.

1. Estoy siempre a tu disposición. ¡Siempre!

La cosa más importante que debes saber es que nunca estarás solo, porque yo siempre estaré a tu lado. En todo lo que te suceda en la vida, tanto los buenos como los momentos malos, yo estaré ahí por si necesitas consejo o ayuda, incluso cuando seas mayor y ya no vivas en casa. No te presionaré, simplemente estaré cerca por si me necesitas.

2. ¡Te quiero tal y como eres!

¿No eres el mejor de la clase ni el que más rápido corres? A mis ojos, eres perfecto tal y como eres.

3. Todo el mundo comete errores. ¡No pasa nada!

No pasa nada si no consigues tener siempre éxito en todo. Lo importante es que no te des por vencido ni pierdas el valor. Para mejorar hay que intentarlo, y yo siempre voy a ayudarte y a apoyarte.

4. Preocúpate por las personas que te rodean

Es importante que sepas lo que ocurre a tu alrededor. No te preocupes solo por ti mismo, sino también por las personas que te rodean. Porque todos vivimos juntos en este mundo y tenemos que mantenernos unidos.

5. ¡Cuida de ti mismo!

Preferiría ponerte entre algodones y no perderte de vista ni un momento. ¡Mi mayor temor es que te suceda algo! Por desgracia, no siempre puedo cuidar de ti, así que no te enfades si te llamo para decirte “¡Ten cuidado!” o “¡Ponte el casco de la bici!”. Disfruta y cuida tu vida, solo tienes una.

6. Eres muy especial

¡Eres único y muy especial! Eso no lo debes olvidar nunca, pero también te tienes que acordar de que cada persona en el mundo es única y valiosa. Por eso, debes apreciarte a ti mismo, ¡pero también apreciar a los demás!

7. ¡Haz felices a los demás!

¡Comparte toda tu felicidad con los demás! Deja que tu risa, tu alegría, tu energía y tu felicidad inunden a los demás. ¡Te lo devolverán con creces!

8. No te limites. ¡Prueba cosas nuevas!

Ahora que eres pequeño, la vida te parece muy larga, pero créeme, no lo es, así que, gasta tus días con prudencia y precaución y sin cerrarte puertas a nuevas experiencias o personas. ¡Sé valiente y prueba cosas nuevas! Aunque solo sea para que puedas mirar atrás cuando seas mayor y decir: “He aprovechado todas las oportunidades”.

9. ¡Persigue tus sueños!

¡Si tienes un gran sueño, debes convertirlo en tu meta! Si crees firmemente en ti mismo y trabajas duro para conseguirlo, ¡podrás logar cualquier cosa! E incluso si no funciona, ¡no te quedarás con las ganas de haberlo intentado!

10. Eres guapo, listo, talentoso y creativo

¡Nunca te podré decir suficientes veces lo fantástico que eres, pero es que no quiero que lo olvides! Eres inteligente, creativo, cariñoso e ingenioso, no lo olvides. ¡No me cansaré de decírtelo una y otra vez!

Hija, tú fuiste un gran maestro. Con sólo nacer me enseñaste a amar.

Nunca pensé sentir un amor tan grande hasta el día que te tuve entre mis brazos y mis ojos te vieron por primera vez fuera de mi pancita…lo recuerdo como si fuera ayer. Solo escuche tu llanto después de unas horas de espera y mi reacción fue inmediata, yo que pensé que era muy fuerte y que me iba a mantener firme con mis emociones en todo momento, pues me equivoque. al momento de escucharte lo primero que hice fue llorar de alegría al saber que estabas sanita. por más que no quería llorar no me pude contener, llore y inmediatamente te pusieron en mis brazos y no lo podía creer como un ser tan bello y pequeñito pudo salir de mí, me sentía tan dichosa que no me importaba nada más que tu en ese momento se me olvidaron todos mis problemas y solo comenze a vivir por ti y para ti.

tenia la necesidad de protegerte  y darte todo mi amor, solo se que desde que apareciste en mi vida la llenaste de puritita felicidad!!!

Querida hija quisiera poder evitarte muchos sufrimientos pero se que te privaría de las lecciones de la vida.

Hija: quisiera poder evitarte el dolor del aprendizaje, pero sé que te privaría del placer de aprender. Quisiera evitarte el dolor de las primeras frustraciones amorosas, pero te privaría de la madurez que brinda el sufrimiento. Quisiera poder evitarte los obstáculos que sin duda surgirán pero te privaría del orgullo de superarlos y así, descubrir tu propio poder de mujer.

Soy muy dichosa porque en la vida, me han sucedido cosas muy buenas, pero lo mejor que pudo pasarme es convertirme en madre de una pequeña tan bella como tú.

Tú tienes el poder de lograr cuanto quieras de la vida… te lo digo yo que soy tu madre.

Lo que me gustaría darte hija mía es la libertad. Y eso solo se logra con el ejemplo, no con la privación de las etapas de la vida. La libertad es una rienda floja, un permiso para ser diferente y única y ser amada de todos modos.

Te amo y mi mayor orgullo es ser tu madre, gracias por ser mi hija.