No te preocupes mamá, lo estás haciendo bien

No te preocupes mamá, porque lo estás haciendo bien. Porque todos tus desvelos nocturnos para atender llantos tienen sentido, porque sabes que alimentar con caricias es educar en fortalezas y porque nadie más que tú sabe lo que necesita tu hijo en cada momento.

Los expertos en crianza suelen indicarnos que sería muy necesario que se desarrollara algún tipo de medicina integral donde además de atender la salud de la madre y el hijo, se cuidara a su vez de las emociones, de “ese todo” que somos las personas donde cualquier pieza en desequilibrio, puede afectar al resto.

Algo que toda madre sabe es que no hace falta haber dado a luz a un hijo para saber lo que es el amor, sin embargo, la maternidad, por sí misma, no nos exime de tener ciertos miedos. Tememos que nuestros hijos dejen de respirar mientras duermen, nos preguntamos cada día si lo estaremos haciendo bien, y si tal y como nos dice nuestra propia madre o amigos, estamos “malcriando” demasiado a nuestros niños.

Nadie viene a este mundo sabiéndolo todo sobre crianza, sin embargo, hay algo que debes tener claro: lo estás haciendo bien, y si en algún momento tienes dudas, quien mejor te puede aconsejar es tu pediatra. Lo que diga la voz popular carece de importancia ante el instinto de una madre y la confianza de nuestros profesionales de la salud.
bebe con alas

Los tres miedos de toda madre
En ocasiones, los miedos de toda madre vienen marcados por su propia historia personal y familiar. Una infancia compleja, donde han existido carencias afectivas o maltratos provoca que por lo general, cualquier mamá desee evitar esos mismos abismos personales y ofrecer a sus hijos todo aquel equilibrio personal, afectivo y psicológico del que ella misma careció en su niñez.

Asimismo, cuando una mujer no se siente bien en su vida personal, con su pareja o con su situación profesional, desarrolla también muchas ansiedades que se esfuerza cada día por controlar y aliviar, para que todo ello, no afecte a la crianza de su hijo.

La maternidad es un escenario lleno de círculos. Por una parte está nuestro pasado personal, después está el de la propia sociedad y el contexto social y afectivo donde estamos incluidas. El último círculo, es el más delicado e importante, es el que establecemos con nuestros bebés.

Veamos ahora cuáles son los tres miedos que por lo general, suele experimentar una madre hasta el punto de pensar que hay cosas que no está haciendo bien.

  • Miedo a no saber entender las necesidades del niño. Esta es una realidad tan común como comprensible. Es más, aún teniendo varios hijos siempre aparece la misma inquietud, porque cada bebé es diferente y presenta unas necesidades.

No obstante, lejos de construir miedos alrededor de esta dimensión hay que recordar algo: tú eres la mejor respuesta a toda necesidad de tu niño. Ese vínculo que creas con él nada más llegar al mundo hará que seas intuitiva a muchas de sus demandas. Además, cuentas con el apoyo de maravillosos profesionales de la salud que te aconsejan en todo momento.

  • Miedo a cometer los mismos errores que hicieron nuestros padres. De un modo u otro, todos tenemos alguna imagen en nuestra mente sobre lo que nuestra familia hizo o no hizo cuando nosotros éramos niños. Ahora bien, vale la pena tener en cuenta que ser padre, ser madre no te exime de cometer algún error. Porque los padres perfectos no existen.

No obstante, lo esencial es “estar presente”, estar ahí para tus hijos siempre que te necesiten.

  • Miedo a no saber hacer felices a nuestros hijos. Este es otro temor habitual. No obstante, no hay que obsesionarse con ello. Basta con recordar unas claves esenciales: escucha a tu hijo, respeta sus tiempos, enséñale a ser responsable, hazle sentir que es una persona especial, y recuérdale que siempre estarás con él en cada sendero que elija tomar en libertad.

madre con hijo que lo está haciendo bien

Lo estás haciendo bien, eres una mamá completa
En un interesante artículo publicado en la revista “Psychologies” se nos define un interesante concepto por el cual, descubrirás sin duda que lo estás haciendo maravillosamente bien como madre.

Se trata de la idea de la “mamá completa”. Estos son los principales ejes vertebradores que configuran esta idea, esta imagen a la que todas deberíamos aspirar:

  • La madre completa no se ve a sí misma como una mamá perfecta, sino como una persona que aprende cada día para darle lo mejor a su hijo en base a sus necesidades.
  • La mamá completa no proyecta sus problemas emocionales sobre sus hijos. Un día gris en el trabajo, una discusión con la pareja no afecta a la calidad de su relación con sus hijos.
  • Una mamá completa no controla, no sobreprotege, ni corta las alas de sus niños. Les enseña qué es la responsabilidad y la madurez para que el día de mañana, sean adultos libres y felices.
  • La mamá emocional ofrece un maravilloso legado emocional que ayuda a sus hijos a fortalecer su autoestima y la seguridad en ellos mismos.

Vale la pena tenerlo en cuenta y confiar siempre en nosotras mismas.

Este artículo fue realizado gracias a ERES MAMÁ. Si deseas seguir leyendo artículos de tu interés, sigue explorando el sitio.

Desde que te tengo duermo menos pero sonrío más

Lo has hecho: desde que has llegado has vuelto mi vida al revés, dando un giro de 180º a mi corazón hacia la felicidad más intensa, la más enriquecedora. Me has quitado horas de sueño, no hay duda, pero me has regalado también un porvenir de ilusiones. Ahora sonrío más, ahora no solo respiro, ahora vivo de un modo más intenso, más lúcido y con más colores.

Estamos seguros de que muchas mamás y muchos papás recién estrenados en el mundo de la crianza, experimentarán esto mismo. Es como si alguien se guardara en secreto esos pequeños matices que acompañan a la llegada de un hijo, ahí donde la falta de sueño, los miedos, la lactancia, los cólicos y los llantos del bebé fueran la letra pequeña que uno no lee cuando decide tener un hijo.

Sin embargo, nada de esto importa. En realidad, se trata solo de asumir que no todo es fácil de entender, que habrá días más fáciles y otros más complejos. Lo importante es saber leer las necesidades del recién nacido y ante todo… disfrutarlo. Esto mismo es lo que nos explican por ejemplo en el interesante libro “El concepto del continuum” de Jean Liedloff.
mamá dando el pecho a su bebé

Cuando el bebé llega al mundo hay muchos padres que tienen su propio esquema prefijado sobre lo que es criar a un hijo. Sin embargo, en la crianza no hay esquemas, esas reglas que nos han sugerido nuestros padres, hermanos o amigos no siempre sirven para nuestros propios hijos. Se trata solo de vivir el día a día y el momento con el bebé y saber responder del mejor modo, con nuestro instinto.

Asimismo, nunca está de más recordar que en esos primeros años de vida de nuestro hijo lo que hay en realidad es un “continuum” como nos explica la doctora Liedloff. Una continuidad entre el cuerpo de la mamá y su bebé, ahí donde lo único que cuenta es la cercanía, el contacto, la piel, las caricias, las miradas…

Sonrío porque sé que lo estoy haciendo bien
A veces, sonrío al ver ese rostro que se refleja en el espejo y que apenas reconozco… ¿Soy yo? ¿De verdad esa mujer soy yo? ¿Esas ojeras inmensas son mías? ¿Cuánto tiempo hace que no me peino? ¿Desde cuándo descuido tanto mi aspecto físico?

Después de pensar todo esto cada vez que tropiezas de casualidad con tu imagen cuando vas al baño, dejas escapar un largo suspiro, recogiendo después ese mechón suelto de cabello que te cae por el rostro para colocarlo de nuevo tras la oreja. ¿Y qué más da? -te dices- ¿Qué más dará mi aspecto si mi bebé está bien, si lo estoy haciendo realmente bien?…
mamá y papá en la cama con el bebé

La madre orgullosa de su bebé no es consciente del profundo cansancio que acumula
En ocasiones sucede. La llegada de un hijo enciende unos mecanismos de alarma en el cerebro de la madre donde a menudo, ni siquiera es consciente de sus propias necesidades físicas.

  • Es un mecanismo natural con el que garantizar sin duda la correcta atención y cuidado del bebé, sin embargo, no conviene descuidarnos, no conviene llegar al límite de nuestras fuerzas.
  • Cuando el cuerpo y la mente acumula muchas horas de vigilia y atención sostenida, podemos caer en ocasiones en un estado de estrés no percibidoque puede afectar seriamente a nuestra salud.
  • Es necesario por tanto que repartamos tareas. El padre también cría, el padre puede cumplir exactamente las mismas tareas que una mujer a excepción, claro está, de dar el pecho.
  • Disfrutemos al máximo de la crianza repartiendo responsabilidades y también cansancios. Dejemos que las ojeras nos afecten a ambos, permitamos que se combine por igual la felicidad con las horas de sueño, las sonrisas con las preocupaciones.

Por tanto, recuerda, lo estás haciendo maravillosamente bien con tu bebé, no hay duda, y eso es motivo de alegría, pero nunca te descuides a ti misma…

Desde que estás conmigo las emociones positivas me acompañan
Ser madre, ser padre, cambia ciertas estructuras de nuestro cerebro, lo sabemos. Esa dosis extra de oxitocina no solo nos hace ser mucho más protectores, más sensibles a las necesidades del niño, sino que además, potencia esas dimensiones que nos hacen ser mejores, como puede ser la empatía, la capacidad de logro, la resiliencia, las ilusiones e incluso la necesidad de cultivar determinados valores que hacen un poco mejor este mundo.

Por otro lado, desde que tienes a tu hijo en brazos has hecho de tus debilidades tus fortalezas. Basta con cogerlo en brazos para que casi de forma automática, dibujes una sonrisa. Asimismo, no lo olvides, porque esa sonrisa no solo es reflejo de tu bienestar interior.

Es también el faro que guía a tu hijo, es un gesto emocional cargado de significados con el cual guiarlo hacia la sociabilidad, hacia la comunicación, hacia el cariño a los suyos para construir un vínculo que nace del amor y del reconocimiento inscrito en tu bella sonrisa.

Este artículo fue realizado gracias a ERES MAMÁ. Si deseas seguir leyendo artículos de tu interés, sigue explorando el sitio.

El cerebro del bebé madura de dentro a fuera y la clave está en el AMOR

El período más importante en el desarrollo del cerebro de un niño es la etapa comprendida entre los 0 y los 6 años. A su vez, algo que no se nos puede olvidar es que es a lo largo del primer año de vida donde asentará gran parte de su Inteligencia Emocional.

El modo en que interaccionemos con el recién nacido,  y la forma en que apliquemos nuestro estilo de crianza a lo largo de estas primeras etapas, garantizará una correcta maduración y la capacidad de ese niño para ser feliz y convertirse en un adulto que a su vez, sepa aportar felicidad.

Sabemos que es toda una responsabilidad, no hay duda, que ante nosotros se alza todo un mundo de necesidades y de detalles que es necesario gestionar de forma adecuada. Para lograrlo, nos será de gran utilidad comprender cómo se produce la maduración cerebral de nuestros hijos.
neuroeducación niña cerebro

El cerebro madura de dentro a fuera y de detrás hacia delante
Parece extraño pero así es. El cerebro de un recién nacido, como ya sabemos, es aún muy inmaduro cuando llega al mundo. Necesita terminar de asentar estructuras, de establecer conexiones y de dar forma a esas áreas cerebrales donde se regirán procesos tan básicos como la comunicación, el movimiento, la coordinación, el proceso de la información, la resolución de problemas…

Hasta los 3 años tendrá el doble de sinapsis que en la edad adulta
Desde la concepción hasta los tres años de edad, el cerebro de un niño se somete a una cantidad impresionante de cambios. Las sinapsis, es decir, la conectividad entre neuronas va desde un nivel casi insignificante desde el nacimiento, hasta que a los 3 años se alcanza el máximo esplendor. Nunca más volverá a repetirse un momento así. 

Y para que ello sea posible, no lo olvidemos, es necesario que el niño experimente las máximas  interacciones con el medio que le rodea, con sus padres, con el poder del afecto, la comunicación, los estímulos ambientales…

De dentro afuera y de detrás hacia delante
El cerebro humano consta de tres partes. La primera de ella es esa área que conecta la médula espinal con el cerebro superior. El recién nacido cuenta solo con esta estructura en un estado maduro: gracias a ella controla los reflejos y los procesos involuntarios como la respiración y el ritmo cardíaco.

  • Detrás del tronco cerebral y por debajo de la parte superior del cerebro está el cerebelo, implicado en el equilibrio y la coordinación. Una parte que irá asentando con lentitud pero de forma constante.
  • El bebé irá madurando día a día hasta llegar a esas áreas frontales establecidas en la corteza o el neocórtex, involucradas en procesos superiores como la memoria, el aprendizaje, la toma de decisiones, la resolución de problemas, la planificación…

Ahora bien, es en el interior del cerebro humano  donde se halla la auténtica magia. Es ahí donde halla esa brújula excepcional que rige nuestro mundo emocional. Estructuras  como el sistema límbico, la amígdala o el hipocampo son áreas muy primitivas, que regulan TODO el comportamiento del bebé. Es ahí donde se hallan sus miedos, sus necesidad de protección, sus desconsuelos, su capacidad de aprender lo que es el amor, el cariño…

El AMOR, los hábitos y la crianza afectuosa estimulan las sinapsis
Nuestros genes son los que permiten que el cerebro pueda reorganizarse en base a las experiencias que recibe del entorno. Si estas son positivas, estimulantes y afectuosas la actividad neuronal aumenta libre de posibles enemigos como puede ser el estrés y el miedo.

  • Por otro lado, el uso repetido y la interacción constante con el medio son canales externos que dan fortaleza interna, que generan las sinapsis.
  • Por ello, es importante recordar que para favorecer esa conectividad positiva es necesario que seamos constantes y que nuestro estilo de crianza sea siempre el mismo.
  • De nada sirve, por ejemplo, atender el llanto del bebé durante los 6 primeros meses de vida y después, dejar de hacerlo porque pensamos que es momento de que “madure”, de que se haga mayor y entienda que debe aprender a estar solo.

Hasta los 3 años un niño no asentará el patrón del sueño, ni habrán madurado en él muchos de esos procesos neurológicos con los que sentirse completamente seguro por las noches. Necesita nuestra cercanía.

Momentos clave en el desarrollo del cerebro de un bebé

  • 3-6 meses: La mielina comienza a aparecer en los axones de algunas neuronas durante el segundo trimestre. Este proceso – llamado mielinización – continúa hasta la adolescencia y permitirá al niño procesar más rápido la información.
  • 6-9 meses: la corteza cerebral del bebé empieza ya a desarrollarse y a adquirir potencialidad: interaccionará mucho más con nosotros.
  • Primer año: el cerebelo tripicla su tamaño, el lóbulo frontal y temporal adquieren ya predominancia y los niños empiezan a moverse con más seguridad iniciando ya un interés más intenso en la comunicación.
  • Los dos años: los cambios más intensos acontecen en esas áreas cerebrales relacionadas con el lenguaje.
  • Los tres años: es la edad mágica en todo niño. La densidad sináptica en la corteza prefrontal alcanza su máximo esplendor, de hecho triplica a la de un adulto. Su único interés es aprender, relacionarse y descubrir el mundo de tu mano.

Si lo guiamos a través del amor y el respeto, estaremos garantizando que sea un niño emocionalmente más fuerte.

Este artículo fue realizado gracias a ERES MAMÁ. Si deseas seguir leyendo artículos de tu interés, sigue explorando el sitio.

Mamá, hoy no te olvides de escucharme, de besarme, de disfrutarme

Ni la buena madre ni el mejor padre se olvida. Los padres que aplican esa crianza consciente y esa educación hábil, madura y ante todo presente, no se olvidan de que hoy es el mejor día de sus hijos, y por ello, al igual que ayer y al igual que lo harán mañana, los escuchan, los abrazan, los hacen reír y ante todo… los disfrutan.

En los últimos años, algo que todos hemos notado es que corrientes como el Mindfulness han llegado para recordarnos -e incluso advertirnos- de que debemos bajar el ritmo, y de que lo más importante, acontece siempre en el “aquí y ahora”. Quizá, por ello, no nos extraña que cada vez sean más las familias que asumen un nuevo y acertado concepto en la crianza con sus hijos.

De hecho, ya se empieza a oír un término muy interesante: “mamás zen”. Son grupos de mujeres que han iniciado un movimiento que va más allá de las clases de yoga o de meditación. Lo que promueven es desarrollar una actitud más sosegada, paciente y ante todo más presente con sus hijos, ahí donde saber escuchar, ahí donde entender que todo gesto cuenta, que toda palabra, caricia, silencio o distancia puede dejar huella en el cerebro del niño.
niña con atracciones en el cabello disfrutando del hoy

Lo esencial es evitar esas dinámicas tan comunes donde quitar cuanto antes el pañal, conseguir que coman sólido muy pronto, que aprendan a vestirse rápido, a terminar sin demoras su desayuno, e incluso, por qué no, lograr que asuman las competencias lecto-escritoras a los 3 años.

Hay madres y padres que sin duda, han olvidado qué es ser niño. Un niño, para quien haya editado, borrado o incluso tergiversado su propia infancia, no es ni mucho menos un adulto de pequeño tamaño. Es un ser humano que lo necesita todo de sus progenitores, alguien para quien lo más importante acontece justo en este momento.

Hoy es el mejor día para hacerme feliz, pero… ¿sabes cómo hacerlo?
Para hacer feliz a un niño no necesitamos hacerle un regalo, llevarlo a una feria, ni adelantar un mes su fiesta de cumpleaños. Se trata de algo tan sencillo como “saber estar presente”, y algo así, se puede conseguir aun teniendo un trabajo de muchas horas, porque el tiempo que le dedicamos es y será siempre de calidad.

A continuación, te damos unas claves en las que reflexionar y que sin duda, te serán de ayuda para garantizar esa calidad en el vínculo con tus hijos.

Regálale amor del bueno, del que se nota
Regálale amor del bueno, de ese que hace cosquillas en la tripa, de ese que hace reír.
Regálale tu atención, hazle ver que cada cosa que dice, piensa o se le ocurre es importante para ti.
Regálale tus caricias, tus brazos, tus canciones y esos besos que dan las buenas noches, los buenos días y el “porque eres mágico y mamá te quiere” o “porque eres especial y papá te adora”. Todos estos gestos son regalos de oxitocina que dejan huella en su cerebro.
madre e hija rodeadas de naturaleza disfrutando del hoy

Nunca se es demasiado grande para jugar
Hoy puede ser un día sensacional para jugar a piratas. Para ensuciarnos con tierra mientras plantamos semillas y soñamos con que se van a convertir en árboles gigantes, de esos que nos llevarán a otro mundo de colores y flores de gominolas.

Hoy, es un momento fantástico para llevarte a tu hijo de la mano y jugar con él en el parque, en la playa o en casa, porque pintar con acuarela las hojas y nuestras caras no será ninguna fatalidad, y si se apunta la mascota el resultado puede ser inolvidable.

Hoy haremos que las cosas pequeñas sean las más grandes
Hoy como ayer y también como mañana y pasado, harás ver a tus niños que las cosas más pequeñas son siempre las más importantes. Es así como conseguirás que tus hijos aprendan humildad, respeto y aprecio por dimensiones tan básicas como la amistad, el cariño, la naturaleza, el valor de una sonrisa, de “un gracias”, de un “te escucho, te respeto y entiendo tu punto de vista”.

Educar con efectividad para dar al mundo niños felices requiere de esa hábil artesanía “zen” donde vivir siempre en el aquí y ahora, donde disfrutar del piel con piel, donde sentir de cerca la respiración y las risas de nuestros pequeños, donde ver reflejada la vida y la luz del sol en la retina de esas criaturas a los que adoramos con locura.

madre con bebé en brazos disfrutando del hoy

Recuérdalo, hoy es el día más importante para tus hijos. Hoy necesitan ser escuchados, disfrutados y amados, no dudes en colmarlos de regalos emocionales, de esos que construyen seguridad y felicidad en su mente, en su corazón…

Este artículo fue realizado gracias a ERES MAMÁ. Si deseas seguir leyendo artículos de tu interés, sigue explorando el sitio.

En la mirada de mi hijo habita la bondad del mundo

En la mirada de todo niño pequeño baila la esperanza abrazada a la bondad. En los ojos de todo pequeño habitan las ilusiones y la siempre revoltosa curiosidad… Permitamos que esos habitantes tan nobles que viven en su interior no se pierdan, hagamos que esos inquilinos tan mágicos estén siempre en su corazón acompañándoles hasta la madurez.

Una pregunta que se han hecho desde siempre psicólogos, psiquiatras, sociólogos o filósofos es si los niños nacen con una bondad natural y es la propia sociedad, la crianza y el contexto quien, en ocasiones, trasforma esta virtud original en egoísmo, en falta de empatía, en desconsideración o en comportamientos agresivos.

La neurociencia nos explica que el ADN de la maldad existe solo en 1% de los casos. El resto, la razón de por qué hay niños, adolescentes y adultos que muestras comportamientos desafiantes y violentos estaría sin duda en el ambiente, en un vínculo parental nocivo, en una educación donde han estado presentes o bien los malos tratos o carencias afectivas profundas.

Todo ello nos hace pensar que, efectivamente, los niños llegan al mundo con una bondad natural, no obstante, más que bondad los especialistas lo definen como “ansias por conectar con su entorno”. Un niño lo necesita todo de los suyos, de sus padres, de sus abuelos, de su familia y de todos esos agentes que con su actitud, trato y adecuada inteligencia emocional, potenciarán sin duda lo mejor del niño.

rostro de una niña donde habita la bondad

Aprende a potenciar la bondad natural de tu hijo
Cuando tu bebé llegó al mundo, algo que sin duda te llamó rápidamente la atención fue su mirada. Más tarde, cuando esos ojos empezaron a fijarse en ti de forma voluntaria regalándote ya más de una sonrisa, descubriste que pocas cosas pueden ser más intensas, más maravillosas.

Es interesante saber que los ojos, más allá de ser la ventana de nuestro corazón y emociones, son también el modo en que solemos tomar contacto con los demás. Así, el niño que no busca el rostro de sus padres aun habiendo alcanzado los 2, 3, 4 años y el adulto que esquiva las mirada de su interlocutor, suele presentar algún tipo de problema subyacente que es necesario identificar.

Las personas hablamos con la mirada, nos buscamos y nos necesitamos mediante este canal para sentirnos validados, para comunicar afecto, interés, para regalar atención y ante todo, amor. La bondad habita entonces en esas ventanas preciosas de tu niño, así que no lo dudes, descubre cómo puedes potenciar en ellos el valor de la nobleza, de la empatía y de esa consideración que un bebé trae de forma natural en su interior.

Te enseñaré a tener conciencia de tu propia persona
Antes de tomar conciencia de los demás y de las emociones ajenas, un niño debe entenderse a sí mismo. Es necesario que entienda qué está bien y qué no, dónde están los límites y por qué en ocasiones, uno siente rabia, miedo, frustración.

  • Debe entender que cuando uno se enfada, “no se pega”, no se golpea a los demás.
  • Debe tener libertad para llorar cuando lo necesite sabiendo que mamá estará ahí para consolarlo.
  • Debe saber que cada cosa que hace y dice, tiene un impacto sobre los demás.

Te enseñaré a controlar tus emociones

  • Algo que debemos tener en cuenta es que enseñar a un niño a controlar sus emociones no significa vetar, no significa limitarnos a decirle “no grites”, “no te enfades”, “no llores”.
  • En lugar del “no”, pon un por qué: “¿por qué estás enfadado?”, “¿qué es lo que te hace llorar?”

Si potenciamos en el niño la comunicación emocional desde edades tempranas, facilitaremos en él una mayor competencia en esta área.
rostro de un niño donde habita la bondad

Te abriré las puertas para que sepas qué es la conciencia social
La conciencia social nace en el propio hogar, más tarde se extiende al mundo de la escuela y poco a poco, se abre en otros entornos que rodeen al niño.

Es en estos contextos progresivos donde nuestros niños deben demostrar y aplicar día a día su bondad, su respeto, su consideración por los demás, su  empatía y su capacidad para comprender todos esos aspectos que crean lazos fuertes entre las personas.

Nosotros seremos sus guías, nosotros seremos su mejor ejemplo y ese facilitador y potenciador cotidiano que sacará del pequeño lo mejor de su persona.

Habilidades sociales
Las habilidades sociales, tales como la buena comunicación o la asertividad, darán al niño la capacidad de establecer y mantener relaciones sanas, respetuosas y ante todo gratificantes.

  • Es así como aprenderá, por ejemplo, a defenderse de esos otros niños que ejercen el bullying en las escuelas, es así como servirá de ejemplo a otros, como resolverá conflictos y conseguirá relaciones de amistad sólidas y enriquecedoras para él.

Fomentar la bondad en nuestros hijos es una tarea cotidiana en la que es necesario invertir esfuerzos, en la que no podemos descuidarnos nunca. Hagamos que esa mirada preciosa conserve siempre el brillo de la esperanza y la bondad más noble.

Este artículo fue realizado gracias a ERES MAMÁ. Si deseas seguir leyendo artículos de tu interés, sigue explorando el sitio.

Lo que me gustaría que la gente entendiera sobre perder un hijo

Lo que me gustaría que la gente entendiera sobre perder un hijo, es que nadie está preparado para ello. De ahí, y en primer lugar, que desee recomendar algo tan esencial como maravilloso: debemos disfrutar de cada instante con los nuestros. Nada en esta vida es seguro, nada está garantizado, ni siquiera el que los hijos sobrevivan a los padres.

Si hay un aspecto que resaltan todas las personas que han sufrido la tragedia de perder a un hijo, es el sentimiento de soledad e incomprensión que llegan a sentir durante los primeros momentos. Muchos se sienten aislados porque piensan que nadie puede entender su dolor.
mujer en escenario nevado

En primer lugar cabe decir que no existen unas estrategias que puedan servirnos a todos por igual, a la hora de afrontar el duelo por la pérdida de un hijo.

No obstante, lo que sí debemos tener claro es que nunca debemos afrontarlo en soledad. El núcleo familiar debe mantenerse unido y atenderse, curarse y aprender a vivir con ese vacío orientando de nuevo el día a día. Merece pues tener en cuenta estas sencillas reflexiones que hoy queremos compartir contigo.

He de luchar cada día contra la parálisis de mi espíritu, de mi cuerpo
Perder un hijo supone que de la noche a la mañana, el mundo se detiene. Es algo contra natura que nuestra mente no puede asumir. Y nos quedamos quietos, sin aire, como si nos hubiéramos quedado sin alma…

Esto es algo que deberíamos evitar. Nuestra mente es incapaz de procesar lo sucedido, y de ahí las negaciones, el bloqueo y la inmovilidad. No obstante, el propio proceso del duelo nos debe ayudar a gestionar todas estas emociones.

Hemos de evitar quedarnos aislados, porque la propia soledad nos empuja a esa misma parálisis. Es vital pues contar con la ayuda de la familia, los amigos, y de cualquier profesional de la salud para gestionarnos.

Debo aprender a convivir con mi tristeza
Decir que la muerte de un hijo se supera no es cierto. Superar significa vencer, y nadie puede ni debe pasar por encima de una ausencia, de un vacío que se arraiga a nuestra propia esencia como persona.

  • La muerte de un hijo se asume, se llora y se acepta. Aprendemos a vivir con ese vacío, pero somos conscientes de que esa tristeza siempre va a sentirse en nuestro corazón.
  • Y lo creamos o no, acaba llegando un día en que el dolor ya no es tan desgarrador, y podemos respirar sin que nos duela, andar sin que nos pese el alma y respirar sin que nos duela el corazón.
  • Porque vivir de nuevo es honrar la memoria de quienes no están. Es comprender que los llevamos con nosotros, que recordarlos es honrarlos, y que el amor nos trasciende aunque siga habitando en nosotros la tristeza.
    paisaje nocturno luna

No debo descuidar a mi pareja
Perder un hijo supone ver cómo el proyecto vital y familiar de una pareja ha quedado huérfano de pronto. El vacío es inmenso y los vínculos ya no son los mismos, pero no por ello hemos de dejar de luchar por ese proyecto.

  • Es necesario evitar la culpa y el reproche. En estas situaciones incluso el propio silencio puede ser dañino y destructivo.
  • Hemos de respetar el modo en que cada persona asume el duelo. Hay quien dispone de mayores estrategias y es capaz de abrirse, otros en cambio, necesitan tiempo “para poder reaccionar”, y ello es algo que debemos saber comprender.
  • La intimidad, el compromiso y la pasión son tres pilares que deben seguir estando presentes en el círculo de la pareja. Si seguimos alimentándolos, la relación seguirá adelante. Si solo mostramos vacíos, o nos echamos en cara determinadas cosas, lo más probable es que acabe surgiendo el distanciamiento.

Perder un hijo y no descuidar a los otros
Los niños asumen de un modo muy diferente la muerte a como lo podemos hacer nosotros. Y no hemos de descuidar su propio proceso, en especial si se encuentran en una edad comprendida ya entre los 6 y los 1o años.
padre e hijo

Es recomendable que los niños expresen sus palabras, que atendamos sus dudas y que favorezcamos su desahogo emocional sin esconder tampoco nuestro pesar. El dolor debe ir tomando forma para poder liberarse y canalizarse.

Es preciso volver a tener proyectos en el día a día, permitirnos sonreír de nuevo con los niños honrando la memoria del que ya no está. Aprenderemos a vivir sin ese hijo pero jamás perderá ese rincón privilegiado en nuestro corazón. La vida será distinta después de esa pérdida, no cabe duda, pero es preciso permitirnos ser felices de nuevo. No debes sentirte culpable por ello.

Este artículo fue realizado gracias a LA MENTE ES MARAVILLOSA. Si deseas seguir leyendo artículos de tu interés, sigue explorando el sitio.

Si alimentamos a los niños de amor, los miedos morirán de hambre

Lo más interesante de asumir la educación emocional de nuestros niños es que a través de ella cambiamos la química de sus cerebros; o, lo que es lo mismo, les estamos ofreciendo la posibilidad de controlar su biología.

La influencia negativa y penetrante de los medios de comunicación, las prácticas educativas poco acertadas o la falta de respeto hacia las escuelas o hacia la sociedad están mermando las capacidades emocionales de nuestros niños.

Podemos aceptar que es inevitable que cierto tipo de cambios sociales ocurran, pero lo que tenemos en nuestras manos son herramientas para potenciar su salud emocional.¿Qué podemos hacer? En realidad es muy sencillo, véamoslo…

Niños viendo un atardecer

Que una sonrisa le sirva de paraguas
Sabiendo que la serotonina es la hormona principal en la regulación de nuestro estado de ánimo, podemos ayudar a nuestro cerebro a producirla de una manera natural. Para regularla basta con mantener una dieta saludable, dormir las horas adecuadas o hacer ejercicio de manera habitual.

Es decir, que para una correcta salud emocional, debemos implementar en su vida diaria hábitos saludables. De esta manera, lograremos que su cerebro se encuentre en las condiciones óptimas para evitar las sobrecargas de energía que se derivan del estrés y de los miedos.

Cabe apuntar, como curiosidad, que investigadores destacados señalan que decirles a nuestros niños que sonrían y que las cosas irán mejor es verdaderamente útil. De hecho, a la luz de los datos, los seres humanos podemos equilibrar nuestros niveles de serotonina con una simple sonrisa.

Jugar es el trabajo de los niños
Lo que hemos comentado hasta ahora viene a confirmar la idea de que las cosas pequeñas son importantes. Pero si de alguna manera podemos articular el aprendizaje emocional infantil es a través del juego.
Me gusta como soy

La mejor forma de enseñarles habilidades que les permitan gestionar sus emociones es a través del juego, pues lograremos brindarles la oportunidad de aprender y practicar nuevas maneras de sentir, de pensar y de actuar.

Además, podemos convertirnos en parte integral del proceso de aprendizaje emocional de una manera tremendamente eficiente. De hecho, una vez que introduzcamos una dinámica atractiva, la curiosidad y la repetición que el niño solicita de algo que le divierte harán el resto del trabajo.

Si articulamos una serie de juegos de este tipo o de otros como las marionetas, la relajación o la exploración corporal, lograremos que el niño adquiera las habilidades necesarias para gestionar sus emociones.

Esto supondrá, además, un grato autorreconocimiento, el cual fomentará su interés por trabajar aspectos de los que todavía no alcanza a comprender la complejidad.  Gracias a ello fomentaremos el desarrollo de una autoestima saludable basada en el autorrespecto y en la consecución real y propia de sus logros.

Niña viendo la ciudad desde la ventana

Claves para aumentar sus habilidades emocionales
Como hemos dicho antes, a veces es muy sencillo lograr que nuestros niños crezcan de manera equilibrada. Así, basta con los alimentemos de amor para que sus miedos y sus problemas emocionales se mueran de hambre. Veamos a continuación cómo podemos hacerlo en 3 sencillos pasos…

1. Ofreciéndoles un hogar, un lugar en el que se sientan protegidos y arropados: Un hogar se crea de emociones que parten de las personas que lo componen. No vale de nada que tengan cientos de juguetes en su habitación si no compartimos con ellos nuestro amor a través de gestos de cariño y de cuidado.

2. Háblales de manera cariñosa: Cuando los niños hacen algo mal o se comportan de manera agresiva solemos emplear estrategias de rechazo hacia su persona. Esto es algo así como decirles “ya no te quiero”“qué malo eres”; sin embargo, de esta manera no les hacemos ver que lo que está mal es lo que han hecho (o sea, su comportamiento) y no su propia valía.

Por esta razón, el mensaje que debemos transmitirles sería del tipo “no está bien lo que has hecho” , sin mermen su autoestima ni poner en duda nuestros sentimientos hacia ellos.

3. Regalándoles nuestro tiempo, nuestro interés y el deseo de disfrutar los desafíos que nos proponen: Lo que nuestros niños ven en nosotros no lo ven en nadie más. Ni siquiera alcanzan a imaginarlo. Por ello, es indispensable regalarles todo de nosotros y ofrecerles una visión de su mundo cálida e incondicional.

Este artículo fue realizado gracias a LA MENTE ES MARAVILLOSA. Si deseas seguir leyendo artículos de tu interés, sigue explorando el sitio.

Todo lo que no me contaron sobre el posparto.

La maternidad no es como la pintan las revistas, pensé decepcionada a los dos días de llegar a casa con mi bebé. Estaba recién parida, me dolía todo el cuerpo, me sentía tan cansada que podría haber dormido durante dos días seguidos y, para colmo, mi bebé no paraba de llorar.

Si ya nació pequeñito, encima había perdido peso y no era por falta de leche, porque yo tenía el pecho hinchado y a punto de estallar. Había tenido una subida muy rápida de leche y mi hijo se enganchaba como podía a un pecho duro, que no conseguía vaciar en cada toma. Poco después, la matrona me enseñó a sacarme la leche y, poco a poco,conseguí establecer la lactancia.

Los primeros días tras el parto son los más duros

nuestra familia estrenaba nieto, sobrino y ahijado y habían escogido mi casa como lugar de reuniones para pasar horas… comidas, meriendas y cenas charlando alrededor de la cuna. Con la mejor de sus voluntades, se mostraban encantados de echar una mano, de ir al supermercado, a la panadería y a la farmacia, de recoger los platos y vasos en la cocina, poner el fregaplatos y, sobre todo, de coger a mi bebé en brazos para que no llorase. Pero de intimidad, nada de nada.

Ser una joven madre primeriza es duro, sobre todo, durante la primera semana, que luego pueden ser diez o quince días. El cuento de hadas, que vives durante el embarazo, se derrumba con la vuelta a casa. El orgullo de madre estupenda saliendo de la clínica con tu bebé se vive, claro, pero de estupenda nada, estás dolorida, cansada y preocupada por la que se te viene encima.

Pero, siempre que ha llovido ha escampado, como me decía mi madre, y lo cierto es que con el tiempo todo vuelve a colocarse en su sitio. Tuve suerte de no caer en una depresión posparto, aunque he de decir, que tuve un par de días en que lloraba sin saber por qué, sin motivo aparente, ni causa justificada. Mis hormonas estaban haciendo de las suyas y, como había leído sobre el tema, no me dejé atrapar.

Un mes después de dar a luz, si me hubieran preguntado, como a las famosas: ¿cómo ha sido tu experiencia de ser madre?, hubiera dicho convencida que ser madre es la experiencia más gozosa que he sentido en la vida y, aunque aún era pronto para decirlo, no descartaba tener más hijos. Y así ha sido. Me encanta ser madre.

Este articulo fue realizado gracias a www.guiainfantil.com Si deseas seguir leyendo artículos de tu interés sigue explorando el sitio.