La terapia de pareja, implicación y comunicación.

¿Para qué sirve una terapia de pareja? Una terapia tiene una finalidad de ayuda muy positiva para aquellas relaciones que viven una situación de conflicto o de crisis y no pueden o no saben solucionar por sí mismas estas diferencias y desean contar con la ayuda de un profesional experto que pueda guiarles en el camino con su conocimiento.

Una técnica de ayuda

Una terapia de pareja sirve para establecer una mejor comunicación. Los terapeutas suelen descubrir en una terapia de pareja qué diferente es la versión de cada protagonista de la historia que a pesar de vivir un mismo noviazgo parecen haber sigo protagonistas de una película totalmente distinta.

Una terapia de pareja sirve para tomar conciencia de qué está fallando en la relación y cuáles son los puntos de bloqueo principales. Con frecuencia, las parejas cometen el error de caer en el reproche de señalar con el dedo aquello que hace mal el otro ignorando sus errores en primera persona. Pues bien, en el contexto de la terapia cada uno también tiene la posibilidad de reflexionar sobre sus propios fallos. Y este es uno de los puntos clave para volver a luchar por la relación.

Trabajo de equipo en la pareja

Una terapia de pareja muestra también la esencia del propio amor en tanto que para que una relación avance ambos deben colaborar en su proyecto de vida en común. En el contexto de la terapia también se fortalecen las habilidades de comunicación para salir adelante aprendiendo de los errores del pasado.

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No te conformes con ser el plan B de alguien.

El amor y el respeto deben ir de la mano. Se supone que él debe amarte y que tú debes respetarlo. Sin embargo, muchas mujeres no están encontrando el amor debido a que no encuentran respeto. Muchos factores influyen al momento de ganarse el respeto de un hombre.

Adicionalmente a las múltiples alternativas, no podemos dejar de considerar una digna soledad, en sustitución de una relación con alguien para quien no somos más que un plato de segunda.

Muchas personas toman a otras de repuesto, prestándole atención solo cuando sus prioridades no están disponibles. Algunas veces quienes ocupan estos roles de papeles secundarios, tienen sus autoestima tan golpeada que se conforman con las sobras que alguien le pueda ofrecer.

Pero vale la pena entender que nadie tiene que hacer papeles de coprotagonistas en sus propias historias. Si alguien sabe amar, respetar, cuidar y sembrar en una relación, a lo mínimo que debe aspirar es a eso mismo por parte de la persona con la cual se relacione.

Es válido no querer a alguien, pero lo más sano en este caso es no darle cabida en nuestras vidas, no ilusionarlo, no jugar con sus sentimientos, no tenerlo de “por si acaso”. Si no está en nuestros planes darle importancia a alguien, resulta útil la honestidad. Es preferible causar un dolor puntual que prolongar la odisea de quien se carga de expectativas e ilusiones  que no podemos o queremos cumplir.

Resulta muy egoísta acaparar afectos que no estamos en condiciones de cuidar, inclusive resulta cruel y perverso el aprovecharse de los sentimientos de alguien que nos aprecia, por la necesidad de acumular, sin importar el dolor que causemos.

Debemos recordar que nada escapa de la Ley de Causa y Efecto, que lo que sembremos será lo que cosechemos, por ende no actuemos pensando solo en nosotros y en los beneficios que obtenemos de nuestras relaciones, es necesario pensar en el propio bienestar sin generarle daño a alguien más.

Del otro lado, de qué sirve que nos quieran a ratos, con condiciones, siempre esperando, sin poder dar rienda suelta a lo que sentimos, midiéndonos, para no salir más lastimados de lo que probablemente ya estamos. El amor no se ruega, la atención no se mendiga y no podemos decidir qué posición ocupamos para otra persona, pero sin duda podemos decidir si estamos conformes con ella o no y en función de eso tomar las medidas que consideremos necesarias para nuestro bienestar y que vayan en pro de lo mejor que podemos merecer.

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¿Qué hace que un hombre respete a una mujer?

Respétate

La mejor forma de que te respeten es respetándote a ti misma. Confucio dijo: “Respétate a ti mismo y los demás te respetarán”. Dostoevsky dijo: “Si quieres que te respeten, lo mejor que puedes hacer es respetarte a ti mismo. Solamente al respetarte, harás que los demás lo hagan”. Los hombres respetan a las mujeres que se aman y se respetan a sí mismas. Celebrarte a ti misma y a tu vida de gran forma es una forma importante de demostrar respeto por ti. Fija estándares altos y no tomes decisiones que sean una falta de respeto para tu vida y para quién quieres ser.

La mujer auténtica

Los hombres aman a las mujeres que son auténticas y femeninas según Mathew Boggs, autor de “Cracking the Man Code”. Les gusta ser el hombre y perseguir. Ser honesta contigo misma y no tratar de actuar de la forma que supones que el hombre quiere que te comportes, le permitirá al hombre respetarte por quien eres. Los hombres no necesitan mujeres que sean como ellos para respetarlas, necesitan mujeres para que sean mujeres. Esto no significa que no puedas ser igual de inteligente, trabajadora y abierta o incluso participar en deportes. Solo significa que debes permanecer en tu rol de mujer al lado de un hombre.

Di que no al sexo apresurado

Lo creas o no, por más sexo que los hombres quieran tener contigo, cuando te entregas demasiado rápido pierdes muchos puntos de respeto. Según el auto y ponente Mathew Boogs en “Cracking The Man Code”, los hombres necesitan tiempo para enamorarse de ti, o como él dice “sal de Miami y ve a Seattle”. Esto significa que los hombres piensan en fiestas, como si estuvieran en Miami cuando te conocen, y luego necesitan llevar sus mentes a un lugar donde puedan enamorarse. Esto lleva tiempo. Necesitan conocerte.

Di la verdad

La honestidad y la integridad son claves para ganarse el respeto de cualquiera. Nunca mientas. Un hombre no puede respetarte si no puede confiar en ti. También es clave no decir mentiras piadosas al describirte de una forma que termina dando una mala impresión. Si buscas una relación, di la verdad. Si él no busca una, no pierdas tu tiempo o el suyo al querer comprometerte.

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Cuando una mujer finge no darse cuenta de algo… ya ha visto suficiente

Todas las mujeres tenemos una capacidad innata de ver más allá de lo evidente, de percibir de manera intuitiva una situación que no encaje dentro de los parámetros normales. Algunas lo logran desarrollar más que otras, otras no aprovechan este don y se van por lo comprobable. Pero en términos generales, la mayoría de las mujeres sabe más de lo que manifiesta, aunque ni ella misma lo reconozca de manera consciente.

Es por ello que surge el dicho de que “cuando una mujer te pregunte algo, no le mientas, pues ella ya sabe la verdad”… Así somos, cuando presentimos una situación, generalmente ya sabemos la verdad y el no actuar, el no tomar medidas, tiene siempre una justificación, la cual puede ser tan práctica como que no nos conviene develar una realidad o tan romántica como que no queremos que nuestras sospechas nos conduzcan a una verdad dolorosa, que termine por alejarnos de quienes queremos.

El camino de la honestidad puede generar sufrimiento, pero por un trayecto corto, el camino de mentiras puede llevarnos por bellos y prolongados paisajes, pero que en el fondo sabemos que están sobrepuestos sobre otra realidad, no son más que escenarios prefabricados, que tarde o temprano terminarán por agotarse, generando mucho más dolor.

Si la verdad se ha asomado por las rendijas del escenario, evaluemos la conveniencia de guardarnos la información, de reservar para nosotros lo que ya sabemos, de fingir que no estamos al tanto de nada. Esto puede ser útil para comprobar sospechas, para ganar tiempo, para establecer estrategias, para procesar un duelo e inclusive en las más calculadoras para planear venganzas.

Sea cual fuese el caso, decantemos por la opción que mayor paz nos ofrezca, dejemos el ego a un lado y la necesidad de ganar, considerando que muchas veces una pérdida puede ser la mayor ganancia. Muchas veces no sirve de nada tener una verdad dolorosa en nuestras manos y no utilizarla, es como cuando tenemos una brasa ardiendo, si no la soltamos, nos haremos mucho daño.

Nada debe robarnos la tranquilidad, nuestro bienestar y nuestro derecho a sentirnos cómodas en cualquier lugar o situación. Si tenemos la capacidad de intuir, de descifrar enigmas, de detectar engaños, mentiras o cualquier acto que de alguna manera nos amenace, démosle buen uso y el mejor de ellos es preservarnos y protegernos.

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8 Pasos muy importantes para una buena comunicación en pareja.

  1. Escucha antes de hablar.Parte del respeto a tu pareja es escucharla, evita interrumpir el mensaje que quiere compartir contigo.
  2. Observa tu lenguaje corporal.Se recomienda permanecer con una actitud relajada y tranquila que refleje “naturalidad”.
  3. Anota tus pensamientos antes de hablar.Si esperaste un tiempo para poder expresar tus inquietudes y sentimientos es mejor escribirlo; así previenes futuras confusiones o reproches.
  4. Conoce a la persona.Es más sencillo al ser tu pareja; busca transmitir un mensaje que oriente y ayude a las necesidades que experimenta esa persona especial.
  5. Ofrece soluciones. Discutir acerca de un problema es “inútil” ya que no genera solución alguna, evita argumentar y ofrece una opción satisfactoria para ambos miembros.
  6. Demuestra seguridad.Pierde el miedo a expresar las cosas que te incomodan o aquello que sientes.
  7. Palabras afectuosas. Un“te amo” o un “te quiero” puede ayudar a solucionar y hasta a prevenir cualquier discusión o problema de pareja.
  8. no juzgues antes de tiempo: aprende a esperar que te den una explicación o pregunta lo que te inquieta antes de sacar tus propias conclusiones.

 

El amor verdadero no se encuentra, se construye.

El verdadero amor es el que tiene lo que se necesita para superar la prueba del tiempo.

Es flexible, adaptable, siempre creciente y cambiante. Y es increíblemente poco común ya que necesita una gran cantidad de tiempo para desarrollarse.Tienes que estar con alguien durante años para saber a ciencia cierta que lo que tienen no es cualquier amor, es verdadero amor.

Y es que el verdadero amor no es algo que encuentras ni con lo que te tropiezas. Es algo que construyes, despacio y con mucho cuidado.

El amor es algo precioso, pero no hay nada más precioso en este mundo que el verdadero amor. No porque sea demasiado puro (las personas somos seres imperfectos, por lo que nada puede ser realmente puro, ¿no?), sino porque es honesto y real.

Y en un mundo como el nuestro, esto es más de lo que puedes esperar.

Las primeras etapas del amor son las más intensas y emocionantes, pero también las más superficiales y frágiles.

Cuando nos enamoramos, el mundo de se vuelve un lugar más agradable. El sol brilla más brillante y la brisa sopla más fresca.

Es increíble cómo algo tan simple como enamorarnos puede tener un efecto tan profundo en nuestra percepción del mundo.

Cuando el amor es todavía nuevo, sentimos una necesidad intensa, casi como hambre, por la persona que amamos. Queremos pasar tiempo con esa persona, conocerla a un nivel íntimo, pasar de estar solo a formar una unión, una asociación.

Queremos conocer todo el misterio que se esconde tras de los ojos de nuestro amor.

Pero a medida que pasa el tiempo y vamos conociendo a esa persona a un nivel más profundo, el misterio comienza a desvanecerse. La excitación se vuelve menos excitante.

Este es el momento fundamental en cualquier relación. Es el momento en el que el amor muere o empieza a convertirse en algo más.

El verdadero amor se basa en la confianza y el respeto, y ambos necesitan un tiempo considerable para desarrollarse.

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Deja los celos… Al final todo el mundo está donde y con quien quiere estar.

¿Te la pasas celando y cuidando a tu pareja, sintiéndote inseguro de dónde está, con quién está, qué hace o deja de hacer mientras no está contigo? ¿Sientes deseos infinitos de revisar su celular, su ordenador, sus notas, buscando información que pueda incriminar a tu pareja en algún acto de infidelidad en cualquiera de sus escalas? ¿Evalúas su mirada, su respiración, cada uno de sus gestos, cada vez que le haces alguna pregunta, le suena el teléfono o saluda a alguien en la calle?

Pues te digo lo siguiente: estás perdiendo tu tiempo, pero sobre todo estás sacrificando tu paz. Evidentemente nadie quiere ser víctima de un engaño, de una infidelidad o cualquier tipo de acto que pueda ser considerado desleal o traicionero. Pero de qué sirve estar con alguien que no te inspira confianza, que no puedes poner la cabeza en la almohada sin estar con esa persona, sin pensar qué estará haciendo, y obviamente, ése: “qué estará haciendo” dista mucho de imaginarse que está sumergido en recuerdos y pensamientos que tienen que ver contigo.

Acá debemos revisar varias cosas asociadas al porqué celamos a esa persona, si es nuestra forma de relacionarnos, el problema es netamente nuestro. Acá debemos revisar qué creemos merecer en el amor, cuáles son nuestras creencias en relación a las relaciones y la fidelidad, cómo está nuestro amor propio, si hemos sido víctimas previamente de traiciones o cualquier otro factor que tenga un origen interno, más allá de la persona con la cual nos relacionemos.

Esto requiere de un trabajo individual, en el cual la pareja puede ayudar, pero será responsabilidad de cada uno entender  las causas de los celos y tomar medidas, desmontando creencias, perdonando y aceptando experiencias pasadas, entendiendo que cada vivencia es diferente, que cada persona es diferente y cada relación es diferente, pero sobre todo amándonos y estableciendo claramente lo que queremos para nuestras vidas.

Si la conducta celosa no es habitual, sino generada por la fractura de la confianza por parte de la pareja, no contemos con la honestidad o sinceridad del otro, porque podemos quedarnos de por vida esperando. Estemos alerta a las señales y si las dudas no se disipan, sino que más bien se incrementa el estado de incertidumbre o desconfianza, consideremos seriamente la opción de marcar distancia en la relación.

Entendamos que cada quien está con quien quiere estar, cada quien se compromete en la medida que su capacidad le dé. Perdemos el tiempo celando e intentando controlar, vivamos relajados nuestra relación, disfrutándola al máximo, pensando que nuestra pareja nos cuida tanto como nosotros a ella y si no saben valorar nuestro amor y como pasa normalmente, la verdad cae por su propio peso, sencillamente marquemos retirada y que haya durado lo que tenía que durar.

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Los conflictos son normales en una relación

El conflicto en sí mismo no significa que una relación sea necesariamente insana, ya que las diferencias de opinión son una parte casi inevitable de una vida compartida. En última instancia, el factor decisivo en la determinación de si un conflicto es saludable o no, es la manera en el que los miembros de la relación optan por resolver el conflicto, ya que la forma más sana de resolverlo es a través del diálogo civilizado que termina en un consenso compartido. Aunque darle al otro espacio después de una discusión para evitar la pérdida de la compostura es aceptable, ignorarlo es una forma de manipulación, como lo es la retención de afecto y debe evitarse. Un error común en las parejas es sacar a relucir argumentos pasados. El perdón es un componente esencial del éxito de la resolución el conflicto de relación y una vez que un socio se compromete a perdonar el pasado, el incidente no debe seguir siendo un punto de discusión frecuente.

Confiar en los instintos

A veces puede ser difícil que uno de los miembros de la relación comprenda realmente que está en una relación no saludable; sin embargo, muy frecuentemente, esa persona sabe instintivamente si una relación es sana o no. Tener una relación problemática no siempre es motivo de un final, especialmente cuando ambas partes están dispuestas a admitir que hay un fallo y trabajan en la solución del problema. En algunos casos, sin embargo, tales como la violencia doméstica extrema, el diálogo debe ser cerrado y terminar la relación como una cuestión de bienestar personal. Si estar en una relación con alguien, ya sea un amigo o cónyuge, da lugar a una sensación instintiva de peligro, lo mejor es confiar en las señales de alerta del subconsciente en lugar de arriesgarse a sufrir daños personales.

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Te digo adiós porque hoy sé que no eres para mí…

No me ha sido fácil entender que el hombre que siempre he amado no es para mí, luego de construir planes juntos, de almacenar vivencias y de pretender en todo momento que la situación saldrá a flote, me he dado cuenta que debo decirte adiós porque hoy sé que no eres para mí y que probablemente jamás lo serás

En la mayoría de las relaciones de pareja siempre hay una persona que hace más peso en la balanza, bien sea porque es más feliz o más infeliz o sencillamente porque es el motor de la relación, esto es muy común en las relaciones de pareja, tanto que las personas se acostumbran a vivir en esta situación y lo toman como algo normal.

El temor de quedarnos solos o de tener que volver a empezar nuevamente una relación de pareja, nos mantiene atadas en muchas circunstancias, a personas con las cuales sabemos que no llegaremos a ningún lado, porque sencillamente no son para ti y no lograrás cambiarlas.

Sin embargo, es necesario decir adiós a quien no es para nosotros, especialmente porque pase lo que pase siempre habrá un desencaje en la relación.

Si no eres para mí serás para alguien más?

Curiosamente, este es uno de los principales temores que tenemos las mujeres al separarnos de nuestra pareja, aunque hayamos estado inmersas en una relación infeliz, siempre surge en nosotras el ego femenino, que nos dice que no podremos soportar que termines cambiando junto a otra persona, sin darte cuenta que si esa persona no cambió estando a tu lado, es un argumento más para ti para decirle adiós y dejarle ir y que si llegase a cambiar junto a otra mujer, entonces probablemente tú no eras la compañera indicada.

Cuándo debo decirte adiós…

Si ya determinaste que la persona que está a tu lado definitivamente no es para ti, entonces no debes perder más tiempo, debes decirle adiós cuanto antes y permitirle que rehaga su vida junto a otra persona, que se ajuste más a sus necesidades y tú poder enfocarte a la búsqueda de esa persona que realmente te haga feliz y que cumpla con las exigencias o con las virtudes, que buscas para una relación de pareja.

Decir adiós porque hoy sé que no eres para mí, es una de las maneras más valientes y sensatas de continuar con tu vida y aprovechar tu tiempo y de igual manera respetar la vida de los demás, pues no tiene ningún sentido mantenerte al lado de una persona con la que sabes que de cualquier manera, tarde o temprano no funcionará y menos aún tiene sentido el pretender y esperar un cambio que no llegará, porque simplemente quien no es para ti no puede llegar a convertirse…

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Por más sospechas que tengas, descubrir un engaño siempre duele.

Podemos llamarlo intuición, pero muchas veces tenemos señales al frente y nosotros mismos nos negamos a verlas, decidimos pasarlas de largo y apostar por confiar, por sentir que nos cuidarán tanto como nosotros podemos hacerlo con las personas que nos importan.

Descubrir un engaño nos deja en la terrible posición de colocar en tela de juicio absolutamente todo lo que proviene de la misma fuente, cada palabra, cada gesto, cada alegría, cada entrega, queda manchada de manera irremediable por la duda, por esa sensación de que todo ha sido mentira.

Vemos el rostro avergonzado de quien nos ha engañado y compasivamente podemos notar su falta de norte, su carencia de escrúpulos, su limitación de poder pensar en alguien más que no sea en sí mismo… Y si podemos apartar el dolor y la rabia producto de la decepción, sentimos lástima, lástima porque esa persona no es capaz (entiéndase: no tiene capacidad), de valorar lo que tiene y en medio de su necesidad de tenerlo todo, de no querer dejar pasar una oportunidad, en simultáneo lo pierde todo.

Nada vuelve a ser como antes, independientemente de la decisión que tomemos, nada será lo mismo, nos quedará el sabor amargo de la desilusión y esa persona jamás volverá a ocupar la posición que tenía antes. Dependiendo del engaño y de las personas involucradas, las mismas se debatirán entre dejar pasar el engaño y tratar de continuar rearmando los pedazos, haciendo del perdón el mayor aliado; alejarse de la fuente del dolor y continuar el camino con mayor precaución; o bien, continuar y buscar venganza. Sea cual sea el escenario, siempre tendrá la sombra del engaño a cuestas, con las consecuencias propias de la decepción.

Sin caer en un estado paranoico, debemos estar alerta a las señales, si algo nos genera desconfianza, más si no es nuestro hábito, prestémosle atención, porque normalmente, arrojará el resultado que en el fondo ya sabemos y cada uno de nosotros lo mínimo que merece en sus relaciones personales es respeto, consideración, empatía y reciprocidad y nunca debemos conformarnos con menos de lo que nosotros estamos dispuestos a ofrecer.

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