Cuando lo has dado todo, puedes irte en paz.

Tomar la decisión de irnos, de dejar atrás situaciones, personas, lugares…, puede ser difícil, podemos llenarnos de dudas, de miedos, de nostalgia y de tristeza, sin embargo, cuando hemos dado de nosotros lo mejor, cuando lo hemos dado sencillamente todo, las sensaciones amargas por la decisión se diluyen, nos armamos de valor y nos damos cuenta de que podemos irnos en paz.

Cuando podemos honestamente reconocer que agotamos los recursos para dirigir una embarcación con un rumbo determinado y no hemos podido obtener los resultados que queremos, podemos llegar a cualquier puerto y abandonar el barco.

No se trata de rendirse, se trata de darnos cuenta de cuándo ha sido suficiente, darnos cuenta de que algunas veces no podremos cambiar una realidad y que por mucho que pretendamos ponernos otros cristales, el resultado que vemos no es lo que queremos.

En la vida debemos preservarnos y debemos madurar, y ello implica entender que las cosas no siempre resultarán como lo planeamos y que eso no tiene que representar el fin del mundo, solo debe ser una experiencia sumada a nuestras vidas.

Muchas veces no hacemos suficiente y nos quejamos y nos lamentamos por los resultados y es el tiempo quien normalmente se encarga de pasaron la factura, donde podemos apreciar lo invertido y lo obtenido, para darnos cuenta de que no fue suficiente, que pudimos haber dado más, que nos quedamos cortos en nuestras cuentas y el resultado no pudo haber sido distinto.

Sin embargo, habrá veces que será evidente que por lo menos para un momento específico de nuestras vidas, considerando lo que se tiene y lo que se sabe, lo hemos dado todo, hemos procurado mejoras, hemos abierto caminos, hemos sorteado obstáculos, para simplemente llegar un sitio diferente a donde queremos.

Es válido sentir algo de frustración, sentir que hemos malgastado nuestro tiempo, sentir inclusive un vacío en nuestro ser por todo lo que dimos y considerar que tanto esfuerzo fue en vano… Pero toda experiencia nos deja un aprendizaje, adicional a que todo lo que sembramos en esta vida. Será lo que cosecharemos, aunque no necesariamente de manera inmediata o de los mismos personajes.

Es preferible sanar una frustración que vivir permanente en ella, siguiéndonos desgastando a través de aquello que nunca será lo que creemos merecer. Así que si sientes que los has dado todo, que cubriste las posibilidades de acción, que tomaste todas las medidas más una y no te sientes a gusto con lo que vives, date el permiso de escucharte y de marcharte sin remordimientos.

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Arrepiéntete de lo que no hagas, no de lo que hagas.

No se te ocurra arrepentirte de lo que has emprendido, de la valentía que has puesto en cada acción por conseguir tu meta o tu sueño. Arrepentirse de lo que uno ya ha hecho por la simpleza de que quizás no te haya ido como esperabas es absurdo y una pérdida de energía y de tiempo. ¿Y si hubiese ido bien? Entonces … ¿Te arrepentirías?

Si la respuesta es no, es que entonces no te arrepientes de haber dado el paso de tirarte a la piscina. Lo que de verdad te genera ese arrepentimiento es que no contabas con que a veces la expectativa han de verse frustradas. Es la vida, está bien, es

Quedarse en la zona de confort, soñando con lo que podría haber sido sí que es para arrepentirse. En ese caso, en el que ni siquiera lo intentamos, ya estamos dejando de alcanzar nuestros objetivos. Nos conformamos con una vida carente de emociones y solo por miedo a frustrarnos un poco.

Pero lo siento, las frustraciones y decepciones forman parte de la vida. Antes o después te llegarán, aunque no te arriesgues o saltes al vacío con algún proyecto. Aparecerán por otro lado: con la familia, con la pareja, con tu trabajo de toda la vida… Incluso la propia falta de riesgo puede convertirse en una fuente de frustración.

No colecciones arrepentimientos.

Todas tus decisiones, todas tus acciones, todo por lo que soñabas, luchaste y lo diste todo hoy configura tu ser, la persona que eres, el lugar al que has querido enfocar y guiar tu vida. Nadie debería arrepentirse de quien es o de como elige vivir.

Valoramos demasiado el resultado, pero no lo hacemos tanto con el progreso y con el sacrifico y esfuerzo de todas las personas que se dejan la piel en aras de conseguir sus objetivos. Sabiendo que a veces les saldrá bien y otras perderán la apuesta.

Esa esencia es la que realmente tiene valor. Tener una meta que nos empuje a seguir viviendo; amarla, arriesgar nuestro dinero, tiempo y trabajo por ella. En realidad, es esto lo que nos motiva y refuerza, y no tanto el resultado. La ilusión de vernos construyendo lo que queremos es lo que hace que nos levantemos cada mañana y nos sintamos un poco más felices.

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Prefiero las distancias honestas a las cercanías hipócritas.

En los entornos donde abundan los hipócritas, los sinceros son los malos y la verdad es la gran enemiga. Por ello, siempre serán preferibles las distancias honestas cuando nuestros valores choquen a esa cercanía sibilina que trae máscaras de amabilidad y armaduras doradas detrás de las que se esconden personas falsas.

Es muy posible que algunos no sepan que los científicos, sociólogos y los biólogos han querido llamar al actual periodo terrestre “Antropoceno” (hombre nuevo) en lugar de Holoceno. La intención es simple y hasta inspiradora: enfatizar un periodo donde la humanidad tiene como objetivo alcanzar una “cuota” más alta en cuanto a inteligencia, cohesión social, armonía, respeto y conciencia.

Sin embargo, libros tan interesantes como “Antropozoología”, abrazando la cohexistencia en el Antropoceno”, de los científicos Michael Tobias Charles y Jane Gray Morrison, nos hablan precisamente de una dimensión muy concreta: la hipocresía del ser humano. Seguimos siendo esa raza de vertebrados habituada a predicar una cosa y hacer otra. Padecemos un trastorno por déficit de naturaleza y además, aún nos cuesta mucho favorecer esa cohexistencia de los unos con los otros dejando a un lado diferencias culturales, sociales o de género.

Todos sabemos que no es nada sencillo establecer una distancia frente a quien no nos agrada o nos incomoda. En ocasiones, estamos obligados a compartir espacio con ese familiar de ideas extremas, o incluso con ese directivo que no calza nuestros mismos principios morales. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es crear adecuados espacios de autoprotección donde no caer nunca en el insaluble ejercicio de la hipocresía.

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6 Instrucciones que debes seguir para tener una actitud positiva.

Si la  vida  tiene la  tendencia  de abrumarte y llenarte con sentimientos negativos, trata de proyectar una actitud positiva. Un cambio de actitud puede propiciar  cambios  positivos en tu vida. Tener una actitud positiva tiene un rápido e importante impacto en tu autoestima, en tu confianza y en tu  bienestar  general. Esto puede ser una forma fácil y disfrutable para hacer grandes cambios en tu vida.

INSTRUCCIONES:

1.Sonríe. Nada transmite más una actitud positiva que una sonrisa genuina. Cuando sonríes, le indicas a tu cerebro que eres feliz, además de que relajas los músculos faciales.

2.Ríe con frecuencia. Reír tiene un efecto positivo en aquellos que te rodean y libera el estrés de tu cuerpo. Trata de reír incluso cuando te sientas molesto (si es apropiado), pues es una forma de poner las cosas en perspectiva.

3.Revisa tu diálogo interno. Cuando pienses algo negativo, escríbelo y conviértelo en algo positivo. Enseña a tu cerebro a pensar positivamente; por ejemplo, si te descubres pensando “Soy estúpido”, escríbelo y conviértelo en “Soy muy inteligente”; esto puede ser extraño al principio, pero verás la diferencia con la práctica.

4.Mantente derecho. Una postura y presencia buenas le dicen al mundo que estás listo para enfrentar la vida y disfrutar cada momento; también previene el estrés y la tensión para que no adoptes una mala postura y evites problemas de las articulaciones y espinales.

5.Disfruta los placeres sencillos de la vida. Sé amable contigo mismo, evita juzgarte y también a otros duramente. Dedica algo de tiempo para encontrar tu equilibrio cuando te sientas estresado.

6.Acentúa lo positivo de los demás. El cambio comienza contigo, pero después de que hayas desarrollado una actitud positiva, puedes ayudar a los demás a ver sus fortalezas. Ayudar a otros brinda una perspectiva positiva y más saludable, así que rodéate de personas positivas.

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Cuando te aman se nota… Cuando no, se nota más aún

Las dudas en el amor, pueden darse en etapas tempranas, cuando estamos en un proceso de conquista, de conocimiento mutuo, cuando estamos interesados en ganar el amor de esa persona que voluntariamente nos ha abierto la puerta para que ese proceso se dé… El amor cuando llega, lo hace luego de la etapa de enamoramiento, cuando el interés, el cuidado y la preocupación por el otro van más allá de un proceso bioquímico y una inundación hormonal.

No todos desarrollamos nuestros sentimientos a las mismas velocidades, por lo que es válido que una relación en sus inicios tenga a dos personas en las cuales solo una ame a la otra… pero es cuestión de tiempo, de siembra y de disposición que las condiciones se equilibran y se fomente una relación basada en un amor recíproco.

Una vez instaurada esta fase, no deberíamos tener dudas asociadas al amor. El amor se siente y se respira, el amor va más allá de si nos llevamos un día bien o mal, el amor implica preocupación, esfuerzo por generar en el otro bienestar, tener presentes los detalles, las caricias, las atenciones. En el amor las miradas y las acciones hablan, se verbaliza, se expresa explicita o tácitamente.

El amor inclusive puede traspasar fronteras, superar distancias y aun así estar presente, es la energía que al cerrar los ojos nos llena de paz y de tranquilidad, no que nos llena de dudas o nos coloca a prueba para ver qué tanto más podemos entregar y si realmente somos merecedores de ese sentimiento.

Quien nos ama lo hace sin pretensiones, lo hace cuando estamos acabados de despertar y estamos de mal humor, cuando estamos tristes y cuando sentimos que no podemos valernos por nosotros mismos, el amor nos cuida y nos protege, en presencia o en ausencia. El amor respeta, apuesta por la verdad, nos valora y sobre el podemos establecer sobre él una construcción que perdure en el tiempo.

Es válido que el amor como lo conocemos llegue a su fin y esto comience a manifestarse, surgen las dudas, las diferencias no contrastan, sino que separan, la inversión de tiempo y de energías comienza a escasear, las miradas no transmiten algo distinto a indiferencia y el frío nos hace helar hasta los huesos. La pasión puede verse disminuida y las ganas de estar solos tienden a cero.

Esta etapa es muy dolorosa, en cualquier escenario, pocas personas tienen la capacidad de maduramente aceptar que el amor llegó a su fin, sin que esto genere dolor en al menos una de las dos partes. Sin embargo,esto es uno de los riesgos del amor, pero nadie pierde por amar, si estamos en el caso de que el amor se ha esfumado o transformado en algo diferente a lo que nos llena, con madurez y dignidad aceptemos dar los siguientes pasos, que para estar colgando es preferible terminar de caer.

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El síndrome del corazón roto: muy habitual en la mujer.

Perder a un ser querido o sufrir una dura decepción puede, literalmente, rompernos el corazón. Hablamos de la cardiomiopatía de Takotsubo, un tipo de patología que más que fracturar este órgano, lo que hace es deformarlo. Una impronta dolorosa que tiene poco de poético, pero sí un género favorito: la mujer.

En la actualidad, el síndrome del corazón roto aún no es muy conocido. Tampoco queda claro por qué casi el 95% de los casos diagnosticados pertenecen al género femenino. Sin embargo, la prevalencia está ahí y no podemos cerrar los ojos a una realidad evidente. El mundo emocional impacta en ocasiones como un latigazo directo al corazón. Sin piedad. Nos hace creer que vamos a perder la vida, aunque afortunadamente, no suele ser así.

Se estima que entre el 1 y el 2% de las mujeres diagnosticadas por un ataque cardíaco lo que sufren en realidad es el síndrome del corazón roto. Es una dolencia que puede visualizarse perfectamente en las pruebas de diagnóstico, porque el corazón queda temporalmente deformado en su lado izquierdo. Es la huella clara de ese instante en que el estrés se vuelve tóxico en nuestro organismo y moldea en nuestros órganos, como buen artesano, la marca del dolor.

Es importante conocer sus desencadenantes y ahondar un poco más en la cardiomiopatía de Takotsubo. Te invitamos a descubrirlo.

El síndrome del corazón roto, cuando lo matafórico se vuelve realidad.

Si el sonido de los corazones rotos fuera audible, es probable que se convirtiera en esa banda sonora triste tan habitual en nuestro día a día. Ahora bien, a pesar de que la mayoría ha experimentado esta sensación alguna vez, lo que origina la cardiomiopatía de Takotsubo es algo más delicado, más profundo a la vez que complejo.

Cuando hablamos de problemas cardíacos los asociamos casi de modo automático a los hombres. Si esto es así es por una razón muy sencilla. La hormona salvaguardan -en cierta medida- el corazón de las mujeres durante gran parte de su vida, haciéndolas más resistentes. Aunque no invulnerables. Sin embargo, a partir de la menopausia esta pequeña barrera defensiva cae y el corazón empieza a ser menos resistente al estrés, a la ansiedad…

Muchos de estos enemigos silenciosamente instalados en nuestra mente y nuestro cuerpo van debilitando el tejido emocional. Hasta que un día, solo hace falta una decepción o una mala noticia para que esa tela se rompa del todo. Se produce la liberación repentina de grandes dosis de catecolaminas, unas sustancias similares a la adrenalina. En el corazón dispara su frecuencia cardiaca hasta producir un pequeño daño en el músculo cardiaco.

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3 formas de combatir el desánimo y la depresión

Si estás atravesando un momento difícil, lo normal es que te invada la tristeza y que no tengas ganas de realizar ni siquiera las tareas más simples. En un primer momento podría decirse que es “saludable” que des rienda suelta a tu dolor y a tu frustración pero si mantienes esta conducta en el tiempo tus pensamientos serán cada vez más pesimistas y la inactividad se apoderará de ti, haciendo que caigas en un círculo vicioso del que te resultará muy difícil salir. Para sentirte mejor, reúne tus fuerzas y pon en práctica estas 5 formas de combatir el desánimo y la depresión

No esperes a que te vengas las ganas

Cuando te invade el desánimo desaparecen las ganas de hacer cualquier cosa y probablemente te quedas en tu  casa , pensando una y otra vez sobre lo que te provoca la tristeza. Ten en cuenta que si continúas en ese estado durante mucho tiempo la inactividad se apoderará de ti y comenzarás a aislarte peligrosamente. No esperes a que te vengan las ganas nuevamente, haz acopio de todas tus fuerzas y comienza por algo pequeño. Date un buen  baño  que te relaje o cámbiate de ropa, aunque no tengas pensado salir. Comienza a dar paseos cortos con alguien con quien te sientas a gusto y poco a poco comenzarás a realizar actividades que realmente te gratifiquen.

Expresa lo que sientes a los demás.

Si bien cuando estás triste resulta muy difícil relacionarse con los demás, expresar lo que sientes y piensas aliviará tu aflicción y el desánimo. Ello te permitirá tener otra visión de tu problema, ya que cuando estás con depresión todos tus pensamientos son negativos. Además, es importante que le indiques a tus seres queridos cómo pueden hacerte sentir mejor, ya que de otro modo pueden actuar erróneamente y aumentar tu desánimo. El apoyo de los demás es  uno  de los remedios más efectivos para mejorar tu situación.

Busca la luz

Hay muchos estudios que han demostrado que la falta de luz causa depresión. Es por ello que para combatir tu desánimo deberías intentar exponerte a la luz del  día  tanto como sea posible. Busca un libro y siéntate al sol durante un rato o aprovecha a hacer las  compras  en la mañana o en las primeras horas de la tarde y verás como gradualmente vas recuperando la energía.

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Cinco signos de que estás en el camino correcto

En cada etapa de nuestra  vida , nos sentimos bombardeados por las expectativas que tienen los otros sobre nosotros. Estas expectativas puedes crear ideas irreales en nuestra mente, haciéndonos sentir que no estamos progresando o no estamos yendo en la  dirección  correcta. La verdad es que las cosas están mejor de lo que parecen. Aquí tienes algunas maneras de darte cuenta de esto.

No te importa fracasar

Cuando somos jóvenes, tenemos una  tendencia  a huir del fracaso. Por ejemplo, un estudio llevado a cabo por la organización YoungMinds descubrió que más de 50% de los jóvenes piensan que serán unos fracasados si no aprueban sus exámenes. Por el contrario, estás en el  camino  correcto si piensas que el fracaso es algo que sucede de vez en cuando, y no vale la pena deprimirse por eso.

Entiendes cuándo debes dejar ir el drama.

Apreciar el valor del fracaso va de la mano con entender la importancia relativa de las cosas. Esta lección de vida puede ayudarte a poner tu vida social en perspectiva. La gente joven se preocupa demasiado por las rivalidades interpersonales: quién dijo qué a quien, quién odia secretamente a quién. A medida que nos vamos poniendo adultos, elegimos continuar con esta obsesión o dejarla atrás. Si has aprendido a dejar de lado las rivalidades, estás en el camino correcto.

Tienes un lugar que llamas ´hogar´.

Tener un hogar, un lugar al que puedes considerar tuyo, no significa que debes tener una enorme casa o tener tu propio apartamento. Solo significa que estás dispuesto a establecerte en un lugar que refleja tu personalidad y que lo puedes controlar. Tener tu propio espacio te hace más feliz, saludable y más productivo. Si ya has logrado esto, estás yendo en la dirección correcta.

Eres honesto con lo que deseas.

El miedo a la crítica hace que no seamos claros sobre aquello que deseamos, ya sea en el trabajo o en las relaciones. Si puedes superar esto y ser franco sobre lo que quieres sin preocuparte sobre el efecto que cause en otros, estás en el camino correcto.

Eres feliz con tus gustos.

El miedo a que otros te critiquen puede ser muy limitante. Esta inseguridad hace que te avergüences de las cosas que te gustan y actuar como si no te gustaran. Si puedes abrirte y ser honesto sobre las cosas que te gustan, tomando las críticas como algo constructivo, tienes una razón para estar feliz.

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¿Ser bueno no es lo mismo que ser tonto.?

Ser bueno no es para nada sinónimo de ser tonto. Según un estudio de la Sociedad Asturiana de Psiquiatría,ser bueno es rentable porque nos proporciona bienestar emocional. Los valores humanos actúan en este caso como factores de protección.

Existen diez valores aplicables a todas las culturas que son considerados como buenos. La bondad, el universalismo, la independencia del pensamiento, llevar una vida excitante, hedonismo, logro o éxito personal, el poder y valores más tradicionales como la seguridad, la conformidad y la tradición.

Llevar una vida acorde a valores bondadosos nos proporciona protección frente a una sociedad que muestra cada vez más un umbral de tolerancia más bajo hacia los problemas. Cada vez hay más problemas adaptativos que acaban generando patología, como son las depresiones, los cuadros de ansiedad, el estrés, etc.

Buscando el bien de nuestros semejantes encontramos el nuestro

Todo aquello que lanzamos hacia los demás es un boomerang que recibiremos en gran medida según obremos. Cuando buscamos el bien para nuestros semejantes, ya sea a través de un pensamiento, un sentimiento o una acción, potenciamos conexiones con los demás. Una conexión que nos reportan emociones confortables, protagonistas de nuestro bienestar emocional.

La mayoría de lo que damos se nos es devuelto en algún momento o circunstancia de la vida, muchas veces multiplicado. Así que si se trata de ayudar, a través del amor debemos saber que, al darlo, automáticamente estamos abriéndonos para que se cumpla en nosotros esa ley natural mediante la cual se vuelve a reciclar el sentimiento.

La construcción del bien común es una labor de todos. En el momento actual hay una sensación de indiferencia en la sociedad, la gente está harta y se ha instaurado la desconfianza. Todos tenemos la sensación de que en muchos aspectos las vidas nos han engañado. Más allá del diagnóstico de la situación, la cuestión fundamental es cómo salir de ella.

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5 Formas invisibles de machismo

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1. El machismo en la frase “Te hace falta un novio”

Esta frase tiene que ver con tus estados de ánimo. Si estás muy triste poco importa el porqué. La conclusión es que necesitas un hombre a tu lado. Se supone que las mujeres se ponen insoportables si no tienen un hombre al lado. Así que, si estás preocupada, tensa o estresada, muchas veces te dirán “Lo que te hace falta es un novio”.

Esta frase en realidad encierra un componente muy agresivo. Plantea a la mujer como un ser “en falta” y concluye que lo masculino es todo lo que ella necesita para estar bien. Se trata de una de esas fórmulas que parten de la idea de que la mujer es el “sexo débil” y que necesita, sí o sí, de un hombre para ser feliz.

2. Tienes que cuidar tu apariencia, si no, ¿quién se va a fijar en ti?

Debes arreglarte siempre, tener un cuerpo armónico, lucir agradable. De lo contrario estás condenada a la invisibilidad. En otras palabras, a la inexistencia. Se asume de entrada que la belleza física es el único atributo que le otorga una presencia social a la mujer.

El problema de este tipo de afirmaciones es que esconden una amenaza muy agresiva que pasa desapercibida. Confinan el papel social de la mujer a la seducción. Minan la seguridad y el amor propio. Y reafirman la idea de que la mujer existe para gusto del hombre y no para ningún otro propósito.

3. El día que te cases…

Es una frase que los padres, y muy especialmente la madre, le repiten incansablemente a sus hijas en ciertas culturas. Se habla de “El día que te cases…” como su destino final. En el fondo, lo que están afirmando es que su proyecto de vida debe apuntar al matrimonio. Y a ser la buena esposa de algún hombre.

Se supone que la mujer ya ha alcanzado un lugar importante en la ciencia, la política y la cultura. Sin embargo, es de verdad muy frecuente escuchar este tipo de frases en los hogares. Quizás piensan que otras mujeres pueden escalar hacia grandes posiciones, pero su hija o su hermana no.

4. Deberías ser más femenina

La adjudicación de los roles de género es un asunto cultural. No existe alguna ley biológica que indique que un hombre no pueda ser sensible, o que una mujer no pueda ser ruda. Simplemente las culturas han distribuido la delicadeza de este modo. Quizás para impedir que la mujer se subleve o confronte al hombre.

El “deberías ser más femenina” es una llamada de atención para que la mujer suavice sus modales, cuando al mismo tiempo también es una invitación a no cuestionar su rol. A adaptarse pasivamente a lo que la cultura le impone. Al tiempo, implícitamente, define las maneras que se consideran “impropias” en los varones.

5. Los piropos en la calle

Es una situación muy incómoda tener que aguantar ciertas frases que pueden dedicarte por la calle. Y más que incómoda, es una situación que puede entrañar un riesgo para la mujer. Pero muchos hombres se sienten con ese derecho, mientras no sean frases ofensivas ni groserías, aclaran. Pocos aceptan que es una agresión injustificada.

Te pueden decir al verte que pareces un ángel, que estás muy bonita. Es posible que te reciten un poema. Sin embargo, es un abuso que no tendrías por qué soportar. Las mujeres que se oponen a este tipo de prácticas son llamadas “feminazis” o “amargadas”.

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