Aprendamos a valorar.

0
9

Aquellos eran los días en que las horas eran como minutos, y los minutos eran como segundos. Los días, donde no podemos vivir sin el contacto del otro. Momentos en que pensé que todo lo que necesitaba en esta vida eras tú.

Me acordé de la primera vez que te conocí, estaba sentado junto a una barrera y pasaste por allí y dije “hola”. ¿Quién habría pensado que “hola”, la palabra más sencilla y básica pronunciada por un extraño, pronto se convertirá en el hombre cuyas palabras, pensamientos, acciones significarán el mundo para mí?

Recordé cuando me preguntaste si podía ser tu novia de la manera más sincera en la que podría pensar. No hay necesidad de rosas o globos porque ya eres suficiente.

Eras tú, siempre. Estabas en mi mente, mi corazón y mi vida de una manera que nadie me puede quitar.

Las palabras heridas de la gente eran como piedras arrojadas a mí. No puedo entender por qué no te quieren por mí. No puedo aceptar oír esas palabras de la gente que pensé que me apoyaría. Significaste todo para mí y que nunca lo entenderán.

Esas palabras dejaron heridas, pero fueron sanadas por ti. Me curaste, de una manera que nunca pensé que pudieras. Hemos pasado días, meses y años juntos pensando que juntos los podríamos todo.

Hasta que empezaste a desmoronarte mientras yo estaba luchando para que no te quebraras. Pensé que era sólo una fase en la que tenía que probar que una angustia no es suficiente para alejarme de ti. Pensé que era sólo una fase, algo que pasaría, pero nunca lo hizo.

La mirada de tus ojos cambió. Tus abrazos empezaron a carecer de calidez, me sostuviste como si no quisieras. Me estaba deslizando lejos de ti. De una manera que querías.

Decías “te amo” sólo porque eso quería escuchar. Comenzaste a sentirte menos emocionado por verme, y las fechas importantes ni siquiera importaban más. Desde visitas sorpresa y largos mensajes hasta llamadas no devueltas y aniversarios no preparados.

Sentí que ya no era yo y me gustaría que me lo hubieras dicho. Prefiero tratar con la verdad que ser apuñalada por una mentira. Prefiero que me digas que ella te hace feliz que me digas que me refiero al mundo para ti, incluso cuando ambos sabemos que ya no.

Sabía que tenía que dejarte ir no porque no te amara, sino porque tenía que hacerlo. Dejarte libre era una verdad incalculable cuando no me querías.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here