Educar con amenazas es un error: razones, consecuencias y solución.

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“Si no recoges todos esos juguetes inmediatamente, no te compro nunca más ningún juguete”. Esas palabras que encierran una amenaza, y para lograr que los niños obedezcan son muy comunes. Sin embargo, educar con amenazas es un error, ya que utilizar el miedo para educar tiene un mal pronóstico. Por eso, los padres deben esforzarse en no hacer mal a sus hijos y, más bien, sentar una base fuerte y positiva a la hora de educar.

Las amenazas en la educación de los niños
Son muchos los padres que basan su educación en las amenazas, pero los hijos se dan cuenta rápidamente que, cuanto más prometen y amenazan, menos cumplen. Esto conlleva a que pierdan el respeto a su autoridad, aunque los vean completamente enfadados y molestos. Esto se da porque las amenazas no son realistas, es decir, son difíciles de aplicar o casi nunca se pueden cumplir.

En vez de poner en práctica este tipo de educación, es mejor que los padres desarrollen otras técnicas o estrategias educativas. En especial aquellas que les ayuden a entender mejor el funcionamiento mental de un niño.

De este modo, les será mucho más fácil educar eficazmente y sin estar amenazando para que los hijos obedezcan. Asimismo, lograrán evitar que los hijos los vean como personas negativas y autoritarias, en vez de positivas y amorosas.

¿Por qué educar con amenazas es un error?
Educar basándose en el miedo para lograr una determinada conducta es una base errónea que, a largo plazo, tendrá el efecto contrario debido a los siguientes motivos:

  • Se crea un ambiente de inseguridad y desconfianza en la familia.
  • Es una educación autoritaria y negativamente antipedagógica.
  • Encierra cierta violencia.
  • No hay coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Graves consecuencias en los niños educados de este modo

Las amenazas no son un buen recurso educativo. Aunque pueden parecer manifestaciones inofensivas, son una demostración clara de violencia psicológica. Algunas veces, van acompañadas de gritos, lo que puede afectar el comportamiento y el bienestar psicológico de los niños.

Entre sus claras consecuencias, provocan que el niño:

  • No asuma la responsabilidad de sus actos. Se logra que responda pero solo para evitar un castigo o recibir un beneficio o una recompensa.
  • Pierda credibilidad en la palabra de los padres. Esto se debe a que, en un momento de rabia, las amenazas llegan a ser tan fuertes que luego, al pensarlo con calma, son imposibles de cumplir.
  • Pierda confianza en sí mismo. Cuando los padres cumplen las amenazas, el niño reconoce que debe temer a sus padres y no desarrolla su propio criterio y autocontrol.
  • Sufra de estrés, el cual no es beneficioso para su desarrollo emocional.

“Las amenazas solo muestran que los padres no tienen recursos para educar”

3 sugerencias eficaces a la hora de enseñar
Para que consigas tener autoridad en frente de tus hijos, es imprescindible que exista coherencia e integridad entre lo que dices y lo que al final haces.

  • No plantees consecuencias drásticas, porque así su efectividad será menor.
  • Nunca digas lo que no estás seguro que vayas a cumplir o a realizar.
  • Debes ser fiel a lo que prometes, sea para bien o para mal.

Cómo educar correctamente sin amenazar
Tratar de controlar la conducta de los niños eligiendo educar con amenazas es un error, porque solo es muestra de que los padres no tienen recursos para educar. Pone al descubierto que tienen dificultad para marcar límites y no que poseen conexión con sus hijos.

Entonces, los padres necesitan eliminar los viejos recursos, como son:

  1. Los sermones.
  2. Las manipulaciones y chantajes.
  3. El maltrato verbal o físico.
  4. Los premios y castigos.

En lugar de estos modos, debes enseñarle que cometer errores es normal, pero que se puede aprender de ellos y corregirlos. Déjale claro que no hay un error tan grande como para que lo dejes de querer.

En definitiva, no se trata de dejar al niño sin castigo, pero debes tener en claro que educar con amenazas es un error que acarrea consecuencias negativas a corto y largo plazo. Más bien, es cuestión de comprenderlo y ayudarle a sacar lo mejor de él, no por miedo, sino por su propia voluntad.

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