Esto te ayudará con tus hijos…

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Primero, deja de negar tus sentimientos

Nacemos abiertos y perceptivos. Los niños recogen todo tipo de cosas que los adultos parecen extrañar. La mayoría de los niños son naturalmente intuitivos e inquisitivos. Su entorno nutrirá esa experiencia o la obstaculizará.

Lo que los niños necesitan es alguien que los ayude a identificar y articular lo que están experimentando. Los sentimientos y las emociones tienen un propósito. Nos comunican información que es necesaria para el éxito de la navegación de la vida. Desafortunadamente, hay a menudo poca tolerancia de ellos, a menos que sean felices y alegres.

Si no estamos siendo sinceros acerca de nuestros propios sentimientos y emociones, ¿cómo podemos enseñar a nuestros hijos a ser veraces acerca de los suyos? Los sentimientos que tenemos no son el problema, lo que hacemos con ellos podría serlo.

Los padres a menudo piensan erróneamente que tienen que proteger a sus hijos de sus propias emociones y sentimientos. Es algo parecido a esto:

Tú, el padre, te sientes triste. Tu hijo dice: “¿Estás triste, mamá / papá?” Mamá / papá dice: “No, cariño, mamá / papá no está triste…”.

Ahora tu hijo está confundido. Él notaba que había tristeza en ti, pero ahora están dudando de sí mismos, porque por supuesto, confían en que lo que les dices es verdad. Otra cosa que están captando es un mensaje tácito que dice: “No hablamos de nuestros sentimientos dolorosos y / o algunos sentimientos no están bien para expresar”.

Reconocer cuando tus hijos tienen la razón alimentará la intuición natural y la inteligencia emocional de ellos. Eso los va a encaminar en la contribución a su salud mental, como el ejercicio para el cuerpo contribuye a la salud física.

Segundo, deja de juzgar los sentimientos como buenos o malos

¿Alguna vez le has dicho a alguien que no debería sentirse así? ¿O te has dicho eso alguna vez? No sé tú, pero normalmente no elijo mis sentimientos. Ellos parecen elegirme.

Si aceptamos lo que sentimos, no importa lo horrible que pueda parecer, podemos empezar a aprender de y transformar esos sentimientos.

Entonces, por supuesto, podemos dejar de juzgar los sentimientos de nuestros hijos. Esto les permitirá traer sus propios sentimientos a la luz, sin vergüenza. Sólo entonces podrán aprender y transformar sus propios sentimientos. Sólo entonces esos sentimientos podrán seguir adelante.

Lo que no está expresado y articulado será actuado.

Lo vemos en las escuelas todos los días. Lo vemos en las noticias todos los días.

Tenemos que dejar de juzgar la forma en que nuestros hijos se sienten. Todos los sentimientos son parte de la experiencia humana.

Decirles que “eso no es bueno” no resuelve el problema. Preguntarles por qué se sienten de esa manera y lo que les permite expresar sus sentimientos si lo hace. Necesitan nuestra guía y perspectiva para ayudarlos a reconocer y entender sus sentimientos.

En tercer lugar, evita decirles a tus hijos lo que piensas que deben pensar

Si quieres saber lo que está pasando en la cabeza de tus hijos, tienes que hacer preguntas. Preguntarles como la están pasando en su escuela o en el mundo o en su hogar.

Cuando no les impones tus propios puntos de vista a tus hijos, sino que los escuchas con interés y aceptación incondicional, aprenderán a aceptarse a sí mismos y a ver sus propios puntos de vista como valiosos.

Cuarto, y lo más importante, ¿cómo estás lidiando con tus propios sentimientos?

Si no hemos resuelto nuestros propios problemas emocionales o tenemos poca comprensión de su propia existencia, entonces no podremos ayudar a nuestros hijos a manejar los suyos.

Nunca es fácil ver a los niños sufrir. Sin embargo, no podemos pasar por la vida sin que esto suceda. Cuanto mejor preparados estamos para tratar con nuestros propios sentimientos, mejor trataremos los de nuestros hijos.

Cuanto mejor podamos navegar nuestro propio mundo emocional, mejor ayudaremos a nuestro hijo a navegar el suyo.

No se trata de ser perfecto. Se trata de enfrentar la situación y poder llegar a donde queremos llegar.

Puede ser útil mirar hacia atrás en tu propia infancia para entender cómo aprendiste o no aprendiste a lidiar con tus sentimientos y emociones.

¿Qué era aceptable y qué no? ¿Cómo tu familia procesó tus sentimientos?

No hay vergüenza en ello. Nunca es demasiado tarde para volver y sanar lo que ayudamos a romper. Reconocer nuestras propias insuficiencias puede ser liberar. Vivimos en una cultura que exige perfección, donde la perfección no existe.

No lo sabemos, lo que no sabemos. Siempre hay espacio para aprender. ¿No han sido tus hijos los mejores maestros? ¿No te desafían más allá de lo que crees que puedes hacer?

¿No merecen crecer en los adultos saludables, felices, productivos, amorosos que deseas que sean?

Por supuesto que sí. Lo difícil es que tengamos que serlo primero.

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