Una crianza respetuosa va mucho más allá de no pegarle a un niño

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Cuando hablamos de crianza respetuosa debemos abarcar un gran terreno, que no está delimitado por el hecho de no agredir físicamente a un niño. La crianza respetuosa es la opción más sana al momento de ayudar a formar a cualquier pequeño que esté bajo nuestra influencia y forma parte de ella la proyección, la protección, la atención, el respeto y el acompañamiento.

Existen muchas maneras de maltratar a un niño, de poner en riesgo su autoestima, de tambalear sus bases, de generar y potenciar inseguridades, de sembrar complejos y muchas veces  llevamos a cabo estas acciones durante la crianza, sin prestarle mayor atención, sin darnos cuenta o sin medir las consecuencias.

Algunos padres se sienten orgullosos por llevar una crianza respetuosa por el hecho de no pegarles a sus hijos, pero puede ocurrir que estén criando un niño sumiso, bajo excesivo control, puede que lo estén maltratando de manera verbal o quizás ignorando.

niño triste

La crianza tiene mucho de sentido común, ¿Cómo nos hubiese gustado que nos trataran nuestros padres cuando estábamos pequeños ante determinadas situaciones?, ¿qué nos hubiese gustado recibir?, ¿qué hubiese sido de utilidad? Así como nos gustaría que hubiesen sido nuestros adultos de referencia, deberíamos ser con nuestros hijos.

Muchas personas asocian la crianza respetuosa con el libertinaje, no se trata de consentir al niño en lo que quiera, sin establecer normas, sin colocar límites. Se trata de comunicarnos de manera efectiva, con un lenguaje acorde a la edad, se trata de atender, de acompañar, de hacer entender desde el cariño, de tomarnos el tiempo necesario para argumentar, para concientizar… Una crianza respetuosa se basa en el amor y en la construcción de unas bases sólidas para un ser humano que se inicia en este recorrido.

Lo que suele predominar en términos de crianza es una repetición de patrones, puede que la persona haya tenido una triste infancia o simplemente considere que pudo haber sido mejor, pero aun así, repite de manera consciente o inconsciente lo que recibió durante su formación.

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El argumento mayormente utilizado es: “a mí me criaron de esa manera y ahora soy una persona de bien”… No quisiera entrar en detalles de lo que puede significar “una persona e bien”. Pero generalicemos y pensemos que esa misma persona que hoy repite un patrón de control, de maltrato, de excesiva disciplina, sin opción a la participación o la opinión por parte del pequeño, pudo haber desarrollado una mejor vida si su formación se hubiese basado en el respeto.

Evidentemente no hay manera de comparar los resultados de la evolución de un mismo individuo ante una crianza respetuosa y una en la cual sus principales derechos se ven amenazados. Pero cabe intuir que alguien con una autoestima fortalecida, reforzada, con libertad para plantear sus preferencias, con posibilidades de ser escuchado, con empuje y ánimo para alcanzar lo que quiere, una persona que se siente amada sin condiciones y consciente de que merece respeto, especialmente de sus afectos, probablemente pueda desarrollarse mejor en una sociedad, pueda establecer relaciones sanas y sostenibles en el tiempo, pueda tener la capacidad de interactuar sin miedos, ni resentimientos.

Cuidemos a nuestros niños, ¿quién más sino nosotros tiene posibilidades de sumar a su felicidad? Preguntémonos cada día ¿cómo me hubiese sentido yo siendo niño si mi mamá o papá me hubiese tratado como tratamos a nuestro hijo? No tengamos miedo de crecer junto a los niños, da mucho más miedo quebrar la esencia de esos pequeños seres que esperan lo mejor de nosotros y confían plenamente en que lo estamos haciendo lo mejor posible.

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