Encontrar pareja cuando nos hacemos mayores

Hace apenas algunas décadas quien tenía cincuenta años básicamente estaba viviendo la última etapa de su vida. Encontrar pareja en la madurez parecía algo inalcanzable y la única compañía posible parecía ser, a veces, la soledad.

Con los cambios en los niveles de esperanza de vida la situación es muy diferente. Por eso se ha popularizado la idea de que “los cincuenta son los nuevos treinta”. Lo que antes era visto como un tiempo de decadencia, hoy se mira como una cumbre de la existencia.

También hoy en día es grande el número de personas que llegan a los cincuenta sin pareja. La alta tasa de divorcios hace que esto sea una realidad cada vez más palpable. De ahí que cada vez es menos raro ver a personas de esa edad buscando una nueva pareja.

¿Es posible encontrar pareja y enamorarse a esa edad?

Pareja madura felizHay quienes piensan que las “mariposas en el estómago” son un asunto solamente de jóvenes. Se equivocan. El amor “no tiene horario, ni fecha en el calendario”, como dice la canción. A cualquier edad de la vida es posible encontrar pareja y volver a enamorarse.

Claro que un amor a los cincuenta tiene unas características muy diferentes a las de un amor de juventud. La intensidad del afecto ya no se expresa como súbitas alteraciones en el estado de ánimo, ni como un impulso irrefrenable. Se manifiesta más bien a través de una fuerte voluntad de compromiso.

Los tiempos de las relaciones también cambian, así como las modalidades de encuentro y el trámite de las mismas. Una pareja de cincuenta y tantos años no va a conocerse en una disco, ni se va a la cama después de algunas copas en una noche loca.

Probablemente, tampoco pasarán por esa etapa de medida y tanteo, para protegerse y para impresionar al otro a la vez. A los cincuenta, el amor tiene mucho más que ver con la amistad, con la compatibilidad, que con la reafirmación de la identidad o la necesidad de control.

Las sorpresas de enamorarse a los cincuenta

Pareja de personas mayores en la camaVivir la experiencia de encontrar pareja y enamorarse a los cincuenta, o cincuenta y tantos, es una manera de descubrir otra vez la vida y hacer ajustes.

La simulación, tan frecuente en las relaciones entre jóvenes, ya no protagoniza muchos de los episodios de la pareja. Al contrario. Revelarse, mostrarse al otro, se convierte en uno de los grandes intereses en las parejas de esa edad. Estos caminos para la autoafirmación suelen incluir nuevos acuerdos en la forma de relacionarnos con otros y con el mundo.

La sexualidad, por supuesto, también es diferente. Hay menos complejos y mayor posibilidad para conversar del tema cuando sea necesario. También menos acción, pero esto se ve compensado por la calidad de los encuentros.

A edades relativamente avanzadas es más difícil encontrar la oportunidad para conocer a alguien y entablar una nueva relación. Pero te sorprendería saber que buena parte de estas parejas se conforman entre viejos conocidos, o viejos amores.

Adicionalmente, cada vez hay más programas y espacios de encuentro para personas de edad mayor. Así que si estás en esa edad, te sientes solo o sola y no quieres renunciar a una vida plena, es una gran idea abrir tu corazón a la posibilidad de un nuevo amor. Nunca es tarde para encontrar pareja.

El amor no muere… Muere el compromiso

El amor cuando es verdadero, no muere, pero sí puede transformarse, y dependerá siempre de cómo canalicemos los sentimientos y la energía. Cuando nos enfocamos en relaciones amorosas, podemos notar cómo cuando llegan a un final, generalmente es porque el compromiso ha muerto antes de que el amor llegase a transformarse.

Hacia donde dirijamos nuestras energías, hacia ese sitio irán nuestros sentimientos. Evidentemente si estamos en una relación amorosa, y decidimos pensar en una tercera persona, ocupar nuestra mente, idealizar, visualizar, invertir tiempo y recursos en alguien más, lo lógico es que nuestra pareja resulte desplazada y lo que sentíamos por ella, cambie.

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Lo que se ha roto es el compromiso, no se trata de algo forzado, sino ese que nace del corazón, el deseo, la voluntad de ocupar nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro corazón con alguien en particular.

Cuando nos sentimos comprometidos (no obligados), con una relación, con una persona, todo fluye de manera natural, todo funciona en congruencia entre los pensamientos, las palabras, las acciones, todo suma al fortalecimiento de una relación, todo agrega valor.

Inclusive al momento de afrontar un conflicto, es el compromiso que se tiene, el que nos hace aprender a dominar los impulsos, a pensar en un mañana, a hablar desde la construcción y evitar de esta manera palabras hirientes, acciones que no tengan vuelta a atrás o generar brechas entre ambas personas que no puedan nunca más rellenarse.

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Hacer las cosas desde el amor, es lo único que nos permite crecer sin heridas, que nos permite solventar los problemas, sin arrasar al paso, que nos permite apostar por un futuro juntos y entender que cada quien está haciendo lo mejor que esté a su alcance, considerando una serie de factores que influyen en lo que define a cada quien, para que las cosas tengan los mejores resultados.

Entendamos que todos somos personas muy distintas, con metas, crianzas, creencias, influencias, etc, diferentes y el acoplarse a otra persona es todo un reto, cargado de momentos muy demandantes a nivel emocional, donde el crecimiento será inevitable y cada uno tendrá que llevar consigo la mayor disposición para que sea viable un engranaje que funcione y una proyección a futuro.

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Mantener un compromiso a pesar de tener una alto contenido emocional, puede corresponder a un proceso racional, lo cual permite tener un control un tanto mayor de lo que hacemos, buscando objetivamente lo mejor para nosotros… En paralelo debemos mantenernos siempre atentos a esa voz interior que nos hablará cuando lo necesitemos, especialmente en esos momentos en los cuales la duda se apodera de nosotros.

No le temamos al compromiso, él no corresponde a una cadena o a una cárcel, es un proceso voluntario, que comienza por preferir un estado, y desde allí las cosas más especiales suceden.

Perdonar no es sinónimo de regresar

¡Cuán inspiradas se tornan esas canciones que casi de rodillas piden perdón por un error que causó una gran herida a un ser que supuestamente se amaba!

Nos prometen mil y un cambios, nos dan muchas justificaciones, nos juran reparar el daño… Pero ya nada es igual, no podemos rebobinar nuestro corazón y borrar aquel episodio de dolor y decepción. Dicen que si no regresas con aquel que te lastimó, entonces es porque no has perdonado, porque aún guardas rencor y por ello no quieres volver al mismo paisaje.

Pero ¿a quién se le ocurre que perdonar es sinónimo de sacar un bisturí y volver a poner las cosas donde estaban antes de la herida daño y seguir adorando a quien fue nuestro verdugo? Perdonar no es sinónimo de regresar, el perdonar lejos de las tele novelescas historias que afirman en el inconsciente colectivo esa creencia de que tras los peores atropellos llega la felicidad, no involucra acabar con nuestra dignidad y autoestima, el perdonar significa un desapego del pasado y sus dificultades, un reconocimiento al camino que tenemos enfrente en lugar de revolcarnos en nuestras tristezas.

Perdonar es un acto de altruismo, pero no siempre viene acompañado de reincidencia. Nuestras ex-parejas pueden llegar a creer que si no regresamos con ellas es simplemente porque queremos humillarles, porque antes de regresar con ellos queremos que nos rueguen y nos imploren por amor. Pero la verdad es que nosotras sabemos qué es lo que significa humillarse por un traguito de amor, nosotras sabemos la tristeza que se siente ver el cómo las personas que amamos se alejan de nuestra alma sin remedio alguno, razón por la cual no le deseamos el mismo mal ni siquiera a quien nos hizo sufrir.

Quienes nos tuvieron un día a su lado compartiendo el azul del cielo, deben saber que nosotras les agradecemos por los aprendizajes que con sonrisas o lágrimas obtuvimos de ellos, que gracias a su presencia le encontramos un nuevo sentido a nuestras vidas, que sabemos que se han arrepentido por las heridas que nos ocasionaron, pero que también sabemos que no les podremos volver a mirar con los mismos ojos, no porque les tengamos algún resentimiento, sino porque nuestros sentimientos han cambiado y nos hemos dado cuenta de que ninguno de los dos hubiese sido feliz en una relación que adolecía de correspondencia.

Nosotras deseamos ser felices a plenitud y quien nos hirió ya no está en nuestros planes, no por obstinación sino por sensatez.

 Aceptamos que como seres humanas tenemos debilidades y que no en todas las oportunidades tenemos plena conciencia de las consecuencias que nuestros actos pueden traer, pero a pesar del arrepentimiento, nuestro corazón ya se partió en incontables pedacitos y debemos lidiar con ello. La constancia a veces no es una virtud, por ello debemos ser muy claras con nuestras ex-parejas y decirles:

Quien hace daño, no puede esperar que su existencia se encuentre llena de bellos parajes, porque a pesar de que la justicia a veces tarde en llegar, algún día lo hará y a cada quien le entregará lo que ha forjado, tú solo debes dedicarte a tejer los sentimientos que un día se rompieron.

Me despierto cansada ¿que pasa ?

Hay personas que se despiertan por la mañana con una gran pesadez en el cuerpo, con una falta de motivación para realizar actividades diarias.

Las pocas ganas de salir de la cama, en muchos casos, incluso habiendo dormido bien, son incapaces de estar descansados a la hora de empezar el día. Ese cansancio matutino es consecuencia de los problemas para dormir o muchas veces de un estilo de vida poco saludable, por ejemplo, por no practicar ejercicio físico.

¿Cuáles son las causas de levantarse de la cama cansada?

El 25% de la población sufre insomnio, un trastorno muy común entre la población. El insomnio es la incapacidad de conciliar el sueño o permanecer dormido toda la noche, lo que causa serios problemas para el bienestar de las personas y su funcionamiento en el día a día. Y es que las personas con insomnio suelen despertarse cansadas y experimentar somnolencia a lo largo de la jornada.

Pero algunas personas sufren diferentes tipos de trastornos del sueño.

Para gozar de un buen bienestar. La apnea del sueño es una de las patologías más frecuentes, en la que el paciente sufre una pausa en la respiración durante el sueño. Además de esta patología del sueño existen otras que también afectan a cómo la persona se despierta por la mañana.

Algunas personas pueden experimentar es la ansiedad nocturna.

La ansiedad nocturna es aquella desagradable sensación en la que la mente no desconecta y hace que la persona entre en un círculo vicioso en el que desea dormirse pero los pensamientos negativos aparecen una y otra vez por la mente. El cuerpo necesita dormir, pero la mente no consigue relajarse.

Hábitos y prácticas que realizamos a la hora de acostarnos y que afectan positivamente a cómo dormimos.

Si miramos la televisión por las noches o tenemos un cojín incómodo, las probabilidades de interrumpir el sueño reparador son altas. Otras prácticas que influyen positivamente en cómo dormimos son: el ejercicio físico, la dieta saludable, evitar los estimulantes, no abusar de la dieta, acostarse y levantarse a la misma hora, entre otros.

El alcohol no es la única sustancia que hace que las personas se levanten cansadas.

Aquellos que tienen como objetivo ayudar a las personas a dormir, provocan efectos secundarios como el embotellamiento, especialmente aquellos que forman parte de la familia de los antihistamínicos H1. Esto causa que las personas se levanten cansadas y con somnolencia pese a haber dormido bien.

El trastorno del estado del ánimo que puede llegar a provocar dificultades a la hora de levantarse es la depresión.

Las personas deprimidas suelen desear acostarse, y se encuentran cansadas la mayor parte del día.

Hay personas que se sienten siempre cansadas y que padecen una condición llamada astenia.

Que hace que el individuo sufra una reducción de energía y fuerza en el cuerpo. Ésta se encuentra física y mentalmente agotada, la persona que experimenta esta condición puede tener problemas y dificultades en su día a día y en los diferentes ámbitos de su vida. Sin duda, las personas con astenia padecen un gran cansancio pese a dormir bien.

Cómo salir adelante después de haber tocado fondo.

Tocar fondo no es lo peor que te puede pasar.

Si llegas al fondo es porque ya no puedes caer más, lo cual te abre una doble vía: puedes quedarte ahí, hundido en tu propio dolor eso es lo peor que te puede pasar  o puedes usar ese fondo para coger impulso y volver a ascender. Pero sacar fuerzas para tomar ese impulso no siempre es fácil, de hecho la mayoría de las veces es complicada porque la superficie es pequeña y resbaladiza.

Haber tocado fondo te ha enseñado una importante lección de vida.

Pero como ser humano que eres sabes que puedes volver a resbalar. Puede que el miedo a volver a pasar por una situación similar te paralice y te impida vivir al máximo, frene tus iniciativas o te impulse a encerrarte en tu burbuja. Sin embargo, eso solo te perjudica a ti. Y acabarás tocando fondo de nuevo, porque el miedo nunca es buen consejero.

Las experiencias nos dejan enseñanzas.

Lo que parece un pozo sin fondo con una vertiginosa caída, en realidad sí que tiene un final. No niegues lo que ya has vivido y no te avergüences de todo lo malo que has pasado. Desde el recuerdo del sufrimiento experimentado podrás entender y aplicar mejor las siguientes sugerencias.

Identificar lo que sientes es la única manera de soltar ese el dolor. Si intentas distraerte pensando en otra cosa esa, emociones seguirán creciendo, luchando por encontrar su sitio en tu mente. No busques culpables, no pienses en tomar medidas. Simplemente siente. Al contrario de lo que pueda parecer, esas emociones no te devorarán, sino que pasarán y te dejarán libre.

Necesitas tiempo para darle un significado lo que has vivido y para entender cómo te ha afectado.

Una vez que hayas dejado fluir las emociones, es el momento empezar aliviar tu mente y a aligerar tu corazón. Es el momento de aprender una nueva lección. Pero reflexionar no implica jugar al juego de las culpas, sino ser conscientes de nuestra responsabilidad, perdonarnos y tomar decisiones positivas que nos hagan más fuertes. Esto puede llevar más o menos tiempo. Tómate el que necesites.

Que tan fuerte puede ser la dependencia afectiva.

Como ocurre con otras dependencias, como en la adicción al consumo de sustancias tóxicas, la dependencia emocional opera mediante mecanismos de refuerzo positivo, que acaba generando dependencia psicológica en el sujeto.

La dependencia emocional afecta por igual a mujeres y hombres. 

Sin embargo, los hombres suelen ocultar este problema pues se sienten menos capaces de reconocer que están ‘atados emocionalmente’ a otra persona. A causa de la vergüenza en expresar el problema, algunos hombres presentan cuadros de dependencia más severos.

Lo más habitual es que el patrón de dependencia emocional en el sujeto se observe a lo largo de su vida y con las diferentes parejas que tenga.

 Esta dependencia sentimental no hace referencia a motivos materiales (como podría ser una dependencia de tipo económico), sino que alude a la necesidad de amor y vínculo afectivo. Las personas que la sufren tienen un gran miedo a estar solas y no pueden concebir su vida si no es al lado de una pareja sentimental.

Resulta significativo que muchas de las personas que son dependientes emocionales buscan parejas con un carácter dominante.

En algunos casos, el dependiente emocional refiere haber sufrido algún tipo de maltrato físico o psicológico por parte de su pareja, lo cual no resulta extraño teniendo en cuenta el perfil que hemos comentado. La persona dependiente tiende a idealizar a su cónyuge, viviendo en una cierta sumisión hacia él.

La persona afectada es capaz de reconocer el maltrato y el menosprecio que sufre a diario, pero no tiene la capacidad para dejar de estar ‘enganchada’ a su pareja.

Causas de la dependencia afectiva.

El fondo del problema de la dependencia se encuentra en una pobre autoestima, que conduce al dependiente emocional a desvalorizarse sistemáticamente. Se muestran críticos consigo mismos y con su forma de ser, hasta el punto de sentirse inferiores y culpables, incluso, del menosprecio que puedan recibir por parte de sus parejas sentimentales. La situación se torna aún más insostenible con el paso del tiempo, en que el transcurso de la relación exacerba la relación subordinada del dependiente emocional respecto a su pareja, que ejerce un rol dominante.

De este modo, el menosprecio de la persona dominante hacia el dependiente emocional se incrementa, llevando al extremo su subordinación. También es común observar que este tipo de relaciones acaban rompiéndose en poco tiempo, pero eso no soluciona el problema.

El primer paso es que el afectado sea capaz de reconocer que tiene un problema y decida buscar la manera de solucionarlo.

Este punto es muy difícil: el dependiente logrará encontrar múltiples excusas y justificaciones para su conducta. Suelen ser del tipo: “Vosotros no lo/la conocéis bien”, “Me quiere mucho”, “Nadie es perfecto”, “La culpa es mía también”… Es prácticamente imposible lograr que funcione una terapia que no haya sido requerida por el propio afectado, e igual que ocurre con las demás adicciones, será necesario una ruptura absoluta con la pareja.

 

Llorar no es para nada un signo de debilidad.

Hay personas de lágrima fácil que lloran con películas o con situaciones emotivas. Una expresividad emocional que tradicionalmente ha sido considerada “de mujeres” y a la que se ha señalado como un signo de debilidad y cursilería.

Nada más lejos de la realidad, llorar es propio de personas  con fuerza de carácter, y si lloras hasta cuando ves una película lo cierto es que mayor sea la carga emocional nuestro cerebro liberará más oxitocina.

Segregación de esta hormona nos ayuda a conectar con otras personas, ocasionando que seamos más amables, más empáticos. Por lo tanto, llorar no es para nada un signo de debilidad, sino más bien una señal de empatía, de que sabemos conectar con los demás, de que podemos sentir en nuestra piel las emociones ajenas y esto nos hace personas emocionalmente fuertes, no lo contrario.

Las personas que carecen de empatía tienen una gran desventaja en sus relaciones interpersonales.

No sabrán conectar ni entender qué puede sentir la persona que está frente a ellas. Esto les provocará serios problemas y conflictos. Conectar con los demás es muy importante para establecer relaciones sanas y que impliquen apoyo.

Llegados a este punto, queda claro que llorar no nos hace más débiles, ¡esto es un mito! Cada vez que te encuentres con una persona que llora por casi todo, ya no la verás cómo alguien débil, sino que sabrás que es más fuerte de lo que piensas.

Las personas emocionalmente fuertes no reprimen el llanto.

Esto es un síntoma de las personas emocionalmente fuertes, pero para sacarle el máximo partido debes dejar que las lágrimas fluyan. De alguna manera, actúan como forma de desahogo y aunque te sientas muy mal en un primer momento, luego todo mejora.

Las personas emocionalmente fuertes saben que llorar es positivo para ellas. Gracias a las lágrimas pueden desahogarse, empatizar con los demás y conectar con el resto de personas, la fuerza de un león viven en ellas.

Los ojos dicen que son los reflejos del alma.

La mirada es la parte del ser humano que más comunica, la que más transmite y con la que conectamos de forma más intensa. Entender todas esas pistas no verbales inscritas en los ojos de los demás nos permitirá intuir, por ejemplo, falsedad, sinceridad o la magia de la atracción.

Es tal el magnetismo de estos órganos fascinantes que a veces no somos plenamente conscientes de todos los secretos que esconden. Aunque muchos de nuestros comportamientos, actos y palabras pueden filtrarse por los condicionamientos sociales y por nuestra voluntad, la mirada se expresa un tipo de lenguaje que no siempre podemos controlar.

Si alguien nos atrae la pupila se dilata.

La mirada se ensancha cuando nos sorprendemos, se dirige a una dirección cuando intentamos recordar algo o baja cuando nos quedamos suspendidos en un estado de introspección. Son tantos y tan sutiles los matices que caracterizan el comportamiento de nuestros ojos que siempre es interesante conocer más información al respecto. De este modo, podemos llegar a profundizar en la mente de los demás o a leer sus emociones de un modo efectivo.

Cuando hablamos del lenguaje de los ojos no nos referimos solo al globo ocular y la pupila.

El gran poder expresivo de nuestra mirada se orquesta sobre todo por un complejísimo entramado de nervios y músculos que intervienen en el movimiento de las cejas, los párpados, las sienes, etc.

Todo ello reflejan la activación emocional de cada momento, ahí donde los parpadeos, cumplen también su función.

Por ejemplo, se sabe que cuando algo nos sorprende, nos indigna o incluso nos enfada, tendemos a parpadear mucho más. Asimismo, también en es común que se parpadee bastante cuando interaccionamos con alguien que nos agrada o cuando estamos pensando en muchas cosas a la vez.

Puede que todo ello nos parezca contradictorio, pero conviene saber que este acto, el de parpadear de forma más intensa de lo normal, es un mecanismo que pone en marcha el cerebro cuando se siente más nervioso de lo habitual. Por tanto, si deseamos leer las emociones de los demás a través de sus ojos es importante centrarnos en el contexto o en la conversación que mantenemos en ese momento.

Los presentimientos a medio camino entre la intuición y la premonición.

Lo llamamos corazonadas, Son una forma de premonición, pero no está referida a grandes acontecimientos, sino a situaciones personales que nos involucran. Son la suposición de que algo sucederá de determinada forma. el corazón de una madre nunca se equivoca.

Esta afirmación hace referencia a que, aparentemente, las madres son capaces de detectar lo que le conviene o no a sus hijos. También se habla del “me late”, o del “me huele”. Esas expresiones tienen que ver con la supuesta posibilidad de que se pueda ver más allá de lo aparente.

Actúan como una especie de radar. Captan de forma imprecisa que va a suceder algo bueno o malo.

También que está por llegar un acontecimiento grato o, por el contrario, una tragedia.

¿Podemos tomar muchos relatos como base para afirmar que sí existen los presentimientos?

 hay ocasiones en que los seres humanos, efectivamente, se anticipan a lo que va a suceder. La clave de todo esto no está en ninguna fuerza mágica, sino que se encuentra en el inconsciente. Los investigadores indicaron que el inconsciente tiene una información y unos conocimientos mucho más amplios y profundos que los del consciente.

Algunas mediciones fisiológicas indicaron que el organismo responde antes de que el estímulo se haga consciente. Aunque no podemos dar crédito a todas las sensaciones y a todos los pensamientos que nos invaden, muchas veces estos son tan intensos que no somos capaces de hacer oídos sordos.

Llamémoslo sexto sentido, intuición o pálpito, bienvenidas sean aquellas sensaciones que nos ayudan o bien a protegernos o bien a disfrutar del momento solo sigue tu camino que todavia es muy largo de recorrer.

Por qué aveces nos aferramos al pasado?

En el pasado siempre encontramos los mejores momentos, las mejores oportunidades (algunas que perdimos), mejores relaciones, hombres, amistades… ¡Ay, cómo deseamos poder volver atrás!

Pero el recuerdo del pasado que constantemente rememoramos y añoramos no es real, nunca existió tal como lo recordamos. Es una reconstrucción selectiva (consciente o inconsciente) de detalles del pasado, de las cosas buenas que vivimos. Y ese pasado semi-imaginario, idealizado en nuestras mentes con el paso del tiempo, es el que añoramos, y más cuando no somos felices. Has avanzado en la vida, ya no tienes la misma vida de antes, los años han pasado, alcanzaste metas y otras quedaron atrás… ahora tienes nuevos sueños, nuevas esperanzas, una vida diferente a la del ayer.

Pero si no eres feliz con lo que tienes, con quien eres, o con lo que estás viviendo, todo lo que te rodea te molestará. Si ya no soportas la vida que tienes, al hombre que un día llenó tu vida y que hoy sólo te la vacía, entonces es muy común acabar añorando el pasado. Añoramos el pasado cuando las cosas nos van mal. Nos ponemos a recordar esos años maravillosos que tan diferentes son a los de ahora, los amores del ayer… Pero, ¿no se te olvida algo?

 En qué pensar si extrañas el pasado:

  • Si lo que añoras es un hombre que ya no está contigo… Seguramente se amaron mucho, pero la relación no resultó, no salió bien. Te ha costado salir del agujero negro que la ruptura supuso, recuperarte de todo lo que supuso en su momento el motivo de que la relación no funcionase… Piensa en eso: que no resultó. Cuando has querido tanto en la vida, cuesta desprenderse de las cosas pasadas, quizás nunca las olvides pero sí puedes dejar de idealizarlas y tratar de ver lo que tienes hoy frente a ti. .
  • Si lo que añoras son tiempos mejores con tu hombre… A veces no necesariamente hace falta que nuestra pareja se marchase de nuestro lado para que añoremos el pasado… ¡añoramos cuando la relación funcionaba mejor! Entonces, ¿por qué no hacer un esfuerzo y volver a enamorarte de él? Si pese a todo lo malo ahora estás con él, es que en algún momento te sentiste a gusto y ha merecido la pena. Aún hay cosas rescatables en la relación, el potencial obviamente está ahí, tú lo viste, lo viviste, lo tuviste, sólo hay que sacarlo de nuevo. Piensa en lo que te enamoró de él, míralo del lado positivo, vuelve a pensar qué es lo que te gustaba tanto de él, qué te llevó a querer estar con esa persona, a formar un hogar, a entregarte de nuevo al amor…

El pasado debe permanecer en el pasado

 Nadie puede vivir añorando el ayer, mucho menos si ha sido un triste recuerdo. Es comprensible que todo lo que hagas hoy te traiga recuerdos, es normal que hasta llores al recordar; pero ya pasó, esa persona ya tiene otra vida, tiene a quien dar amor y cariño; y si no eres tú, es otra. Trata de pensar de esa manera, el ayer no puede volver, lo que hicimos mal ya no se puede deshacer, hay que volver a intentar y hacer las cosas mejores en el día de hoy para que tengamos un buen equilibrio en la vida.