¿Cómo reaccionan las personas altamente sensibles?

  1. Se sienten abrumadas cuando tienen muchas tareas por delante

Las personas altamente sensibles son capaces de mantenerse muy concentradas en una tarea, pero suelen sentirse muy agobiados cuando tienen muchas cosas por delante. En ese momento se dispara su nivel de ansiedad y estrés, por lo que disminuye considerablemente su productividad y se vuelven irritables.

  1. Intentan evitar a toda costa los ambientes caóticos

Las personas altamente sensibles reaccionan mal ante el caos. Les resulta difícil gestionar tantos estímulos a la vez, los sonidos, las interrupciones, los olores y la actividad a su alrededor. Es como si sus sentidos se saturasen ante tanta información por procesar. Por eso prefieren evitar a toda costa estas situaciones.

  1. Se bloquean bajo presión

Las personas altamente sensibles pueden llegar a ser muy creativas y a menudo son excelentes en su trabajo, precisamente porque tienen una sensibilidad especial. Sin embargo, para dar el máximo de sí suelen necesitar tranquilidad y soledad. De hecho, suelen reaccionar mal ante la presión, cuando se sienten observados pueden agobiarse o incluso bloquearse por completo.

  1. Reaccionan intensamente ante las conductas de los demás

Las personas altamente sensibles tienen una gran capacidad para reconocer las microrexpresiones, lo cual significa que saben cuándo alguien se siente mal y necesita ayuda pero también cuando le rechazan. Por eso, pueden reaccionar intensamente ante señales negativas que los demás no comprenden simplemente porque no han sido capaces de captarlas.

  1. Se sienten muy incómodas con los ruidos fuertes

Las personas altamente sensibles tienen un umbral de ruido inferior al resto de la población, por lo que reaccionan con intensidad ante los sonidos fuertes, como los fuegos artificiales. A menudo también padecen misofonía; es decir, les irritan sonidos cotidianos como el que se hace al masticar. Esas reacciones son difíciles de controlar ya que tienen un componente visceral pero terminan enfadando a los demás.

  1. Necesitan pasar tiempo a solas

Las personas altamente sensibles disfrutan de la soledad, la necesitan casi tanto como el aire para respirar. Después de un día complicado y caótico, todo lo que necesitan es estar tranquilas. Por eso, en muchas ocasiones suelen declinar las invitaciones de los amigos, no es que no les guste pasar tiempo en compañía, pero necesitan la soledad para recargar las pilas.

  1. Tardan más de lo habitual en tomar decisiones

Para las personas altamente sensibles tomar una decisión siempre es complicado, incluso las más pequeñas, como elegir el sabor de un helado. El problema es que su mente valora continuamente los pros y los contras de todas las alternativas y les atemoriza enormemente tomar una mala decisión. Obviamente, eso puede ser desesperante para algunos.

  1. Se obsesionan con los detalles

Las personas altamente sensibles sienten una pasión especial por el arte, su ojo agudo capta muchísimos detalles que para los demás suelen pasar desapercibidos. No obstante, en ocasiones ese nivel de detallismo les complica la vida ya que desean que las cosas sean perfectas. Si descubren algún error, llegan a sentir una molestia física con la que les resulta muy difícil lidiar.

  1. Se toman las cosas como algo personal

Para una persona altamente sensible la mayoría de las situaciones que vive son “personales”. Al ser muy empáticas, sienten en carne propia el dolor y la angustia de los demás. Por eso reaccionan intensamente ante las injusticias sociales y no son capaces de asumir una distancia emocional de seguridad. El consejo “no te lo tomes como algo personal” simplemente no funciona con ellas. Por eso, también suelen reaccionar mal ante las críticas.

  1. Están muy conectadas con su cuerpo

Estas personas no solo son sensibles ante el medio sino que están perfectamente conectadas con su cuerpo. Por eso, cuando se rompe su delicado equilibrio, pueden sentirse muy mal y mostrarse irritables. Sin embargo, a quienes le rodean les resulta difícil entender por qué ese dolor de cabeza o el simple hecho de tener hambre provoca esos cambios abruptos de comportamiento.

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