La gente intelectualmente brillante suele tener una percepción más profunda de la realidad.

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Seguramente todos estaremos de acuerdo en dicha idea, porque todos habremos dado en alguna ocasión con esa esencia tan característica de la estupidez humana donde se actúa con completa negligencia emocional y racional, sin ser consciente del efecto de ciertos comportamientos.

No obstante, y a pesar de que la mayoría sabemos reconocer al “ignorante”, al que actúa con marcado orgullo, con presuntuosidad y arrogancia, nos suele surgir una pregunta:

 ¿Por qué siguen teniendo tanto poder en nuestros escenarios más comunes?

Y la respuesta es Por qué la estupidez ha alcanzado cuotas tan elevadas de poder en nuestra sociedad. Las personas más necias suelen mostrar una elevada seguridad, son más vehementes, más “ruidosas” y tienen la capacidad de influenciar a los demás por este tipo de rasgos. Todas estas dimensiones no crean impacto. Aún más, vivimos en un mundo donde la inseguridad sigue viéndose como una característica negativa.

Seguimos teniendo un concepto algo erróneo sobre las personas un cociente intelectual muy elevado. 

Las personas inteligentes suelen sufrir ansiedad social. Rara vez se sienten completamente integrados en un contexto determinado: escuela, universidad, trabajo, Debemos admitirlo, la seguridad personal atrae y nos inspira. Nos gustan ese tipo de personas capaces de decidir rápido, de mostrar aplomo y una rauda capacidad de reacción en cada circunstancia. Sin embargo.., ¿es realmente acertado e incluso deseable estar siempre tan “seguros” de nosotros mismos?

La respuesta sería “sí pero no”. La clave está en la mesura, en el equilibrio. 

La gente más ingenua o tonta es la que suele mostrar mayor nivel de seguridad personal. Son perfiles incapaces de reconocer cuándo algo está mal o de aplicar un pensamiento analítico y reflexivo para valorar, previamente, el efecto de ciertas decisiones, acciones o comentarios.

Sin embargo, y aquí llega lo extraño y preocupante, “la personalidad idiota” suele tener mayor éxito social. Los directivos, altos funcionarios o políticos que muestran vehemencia, seguridad y firmeza en sus decisiones suelen aglutinar lo que muchos consideran como “capacidad de liderazgo“. Asumir esto es un auténtico peligro, porque a veces ponemos nuestro futuro en manos de personas incapaces de valorar las consecuencias de sus actos.

Sin embargo, la inseguridad que nos indica algo como “detente, sé cauto y reflexiona antes de decidir” puede sernos de gran ayuda siempre y cuando, eso sí, nos ayude a tomar una decisión y no a atascarnos de forma indefinida.

Las personas inteligentes suelen tener grandes dificultades a la hora de gestionar esa inseguridad porque como hemos dicho, suelen presentar una baja autoestima. Cuando la vida, exige a veces que la aceptemos tal y como es, con sus irracionalidades, caos y extrañezas.

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