Madres protectoras y obsesivas

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Cuando el niño está en crecimiento la madre se siente en plena libertad de escoger sus juguetes, la ropa que se pondrá, la escuela que le conviene más y hasta con qué otros niños deben jugar y convivir. Y es así en todas las etapas de vida del individuo, la madre siempre juega un papel importante y primordial en la vida de su hijo.

¿Pero hasta dónde es demasiado? ¿Cómo saber si estamos siendo protectoras, obsesivas o controladoras?

Cualquier mujer puede volverse demasiado protectora, sin distinción de su clase social o educación académica. Muchos son los casos de madres que se sienten o se creen con todo el derecho de decidir sobre la vida del hijo, enseñándolos desde temprana edad a depender de lo que ella diga y ordene. En su afán de protegerles les niegan la libertad de opinar, de alzar la voz y de decidir qué hacer o no hacer con su vida. Esto no sólo les afecta en situaciones en las que está presente la madre, sino que también les acaba afectando para todas las situaciones de la vida diaria.

Muchas veces los hijos siguen los pasos de los padres, en el caso del hijo varón estudiando la misma carrera, no porque le guste sino porque le fue impuesta por una madre autoritaria, que no se preocupó de preguntarle y cuando el hijo manifestó sus deseos de estudiar algo diferente pensando erróneamente que tenía todo el derecho de decidir le dijo “no, porque como soy yo la que paga y aquí se hace lo que yo digo”. En el caso de las hijas, aún hoy se dan casos en los que la madre les limita su educación y les prohíbe salir a la calle para mantenerlas “alejadas de peligros”.

 ¿Qué pasa cuando se le ha formado al hijo una personalidad de acatamiento y obediencia? ¿Puede ese individuo llegar a superar la dictadura del matriarcado?

En algunos casos puede ser posible que al alcanzar cierta edad busque la orientación y ayuda necesaria para recuperar la libertad y aprender que tiene libre albedrío para hacer lo que considere necesario y correcto para su vida, sin necesidad de tomar en cuenta la opinión y las órdenes de la madre que por toda su vida lo ha dominado. Lamentablemente no siempre sucede esto, y por regla general la madre sigue ejerciendo dominio ya no sólo del hijo sino también de la pareja. El que ahora hombre es todo un hombre no sabe cómo defender a su pareja de los comentarios o imposiciones de la madre, lo cual pese a las buenas intenciones de la madre, muchas veces acaba llevándolo a fracasar en su vida en pareja, porque ninguna mujer u hombre llena sus expectativas, ni como madre ni como suegra.

¿Qué podemos hacer para evitar ser madres posesivas?

  • No ser altaneras y posesivas con nuestros hijos.
  • Respetarlos a cualquier edad como individuos.
  • Tomar en cuenta sus opiniones y deseos.
  • Respetar su privacidad y su tiempo con sus amigos o pareja.

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