Muchas veces tendremos que agradecer lo que no se nos dio como deseábamos

Hemos escuchado muchas veces este dicho “témele a tus deseos, pues se pueden hacer realidad“ y para quienes no lo conocen, puede sonar un tanto ilógico e incoherente, sin embargo, cuando nos detenemos un instante para reflexionar, nos damos cuenta que todos alguna vez en la vida, hemos atravesado una situación en la cual una vez que se cumple aquello que tanto deseamos, simplemente nos sentimos agobiados, esto ocurre particularmente en el ámbito de las relaciones amorosas.

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Desear es una acción natural, la ilusión de lograr ciertas cosas, de llegar a ciertos niveles, de ser capaces de vivir ciertas experiencias y de llegar a espacios deseados, es común en los seres humanos, de hecho imprimimos mucha energía en lograr ese deseo, en hacerlo realidad, incluso acudimos a cualquier artimaña, creencia o camino, que nos acerque a la realización del deseo anhelado.

Más ocurre, que en muchos casos llegan a hacerse realidad, establecemos esa relación deseada, alcanzamos ese cargo laboral, compramos la casa soñada, o cualquier otro panorama, y resulta que la infelicidad se hace presente.

esperarNo se trata de dejar de accionar para llegar a donde deseamos, se trata de no forzar las cosas, de entender que si bien es natural pedir, desear, anhelar, no podemos bloquear nuestro mundo por alcanzar un único deseo, que puede llegar a estancar nuestra vida, especialmente porque cuando las cosas no fluyen obedece a alguna razón, que aunque no la entendemos de entrada, con el tiempo se nos clarifica la situación.

De seguro hemos vivido o conocido situaciones, en las cuales al alcanzar ese deseo esperado, curiosamente el deseo cambia a querer retroceder todo, lastimosamente, el deseo llega y ocurre alguna desgracia, un incidente, fatalidad, infelicidad, nuestro tiempo se reduce, el vacío interno se acrecienta, nos damos cuenta que no era tal y simplemente ya no podemos dar marcha atrás.

Confiar en la acción y apertura del universo, es vital para fluir con la vida misma, para no ser obstáculo, tampoco ir contra la corriente, simplemente ser, pacientes, serenos y comprensivos de los acontecimientos de la vida, porque cuando algo no es para nosotros, de seguro no traerá nada bueno, aún y cuando nos empeñemos en ello.

Procura no atarte a tus deseos, libérate de obsesiones, de empeños y especialmente de la soberbia, deja que la vida haga su parte y de vez en cuando, déjate llevar…

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