Dicen que comer a cada rato, es un síntoma de problemas emocionales.

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Comemos porque lo necesitamos, no hay mayor secreto. Sin embargo, en algunas circunstancias, las personas pueden comer por razones emocionales. en alguna ocasión hayas sentido estrés, preocupación o ansiedad y has sentido que, comiendo, se resolvía esa sensación negativa, haciendo que te sintieras muchísimo mejor.

Comer libera endorfinas en nuestro cerebro que hace que nos estemos mejor. Al comer, liberamos los mismos neurotransmisores que cuando tenemos sexo o ganamos una apuesta.

Sin embargo, lo que sucede es que, normalmente, esa liberación de endorfinas se lleva a cabo de forma natural y en relación al hambre. Es decir: Tenemos hambre, comemos, y liberamos endorfinas. No siempre sucede así, también puede ser, simplemente, que disfrutemos de una buena comida y eso nos haga liberar endorfinas.

El cerebro está creado para que sobrevivamos en un entorno de escasez, no en un entorno de abundancia. 

Es normal que nuestro cerebro tenga esos mecanismos de liberación de endorfinas ante cosas buenas. En el pasado, si podías tener una relación afectiva, eso significaba más posibilidades de sobrevivir. Liberar endorfinas para convertir eso en algo recurrente era positivo, porque potenciaba la relación y, por tanto, la capacidad de supervivencia.

Cuando te sientes mal, el cerebro te mueve a que trates de resolver esa situación negativa y busques alguna forma de liberar dopamina y endorfinas. El cerebro usa los neurotransmisores para equilibrar el estado de bienestar o malestar del organismo.  Es por ello por lo que mucha gente desarrolla el hábito de comer cuando se siente mal, porque es una forma accesible de liberar dopamina.

El problema está, precisamente, en el desarrollo de ese hábito. El cerebro se acostumbra a que, cuando está mal, puede resolver a corto plazo ese sentimiento de malestar por la vía de la comida. Y es que es cierto, en el momento, acaba con la sensación de malestar, pero es solo una ilusión, porque le problema subyacente que generaba malestar sigue estando ahí.

Comer como algo emocional es algo más frecuente de lo que podríamos pensar en un principio, y es algo que conviene vigilar, porque suele ir asociado a desórdenes psicológicos.

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