¿Eres de las personas que te preocupas por los demás?

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Todos pensamos que la vida debe ser vivida con alegría, disfrutando de sus placeres, gozando de las delicias que nos encontramos por el camino.  Y así debería ser idílicamente. Afortunadamente, algunos lo consiguen, pero la mayoría no puede mantener este estado durante mucho tiempo. No obstante, existen ciertos casos en los que el periodo de preocupación se alarga peligrosamente llegando a instalarse de un modo tan férreo, que la persona obvia totalmente el lado bonito de la vida porque ya ni siquiera lo ve.

No obstante, existen ciertos casos en los que el periodo de preocupación se alarga peligrosamente llegando a instalarse de un modo tan férreo, que la persona obvia totalmente el lado bonito de la vida porque ya ni siquiera lo ve.

Por supuesto que el día a día nos pone a prueba constantemente  pensamientos asociados con preocupaciones.

La preocupación rumia constantemente en nuestro cerebro. Para todos aquellos que se encuentren en esta situación ahora mismo, lo primero que deben saber es que la preocupación por definición es poco provechosa, más bien inútil. No suele servir para nada, ni siquiera para encontrar soluciones a nuestros problemas.

A veces, las personas  tampoco son conscientes de que están constantemente con pensamientos de preocupación sin interrumpir este flujo de pensamiento negativo en ningún momento, con lo cual se crea un círculo vicioso que se retroalimenta sin cesar.

Cuando el estado de preocupación es constante y además automático, podemos afirmar que es una mala señal.

 Tienes que intervenir para cortar esa situación lo antes posible. Antes de nada, es importante desconectar el concepto de preocupación del de ser una persona más responsable, seria o profesional. Más bien al contrario, te convertirás en un transmisor de inseguridad y de poca fortaleza. Asimismo, el preocuparte de exceso por algo, no te proporciona más control sobre esa situación sino que no te dejará ver con claridad la realidad que se pone ante tus ojos.

Por otro lado, toda aquella persona que haya pasado por esta situación sabe sobradamente que, a nivel físico, hay efectos colaterales y que, a nivel emocional, el sufrimiento es innegable

La clave reside en vivir el presente.

En sentirlo, en mirar para atrás solamente para recordar alegrías y en mirar hacia delante para planificar. Centrándonos en el ahora, en este momento, los problemas no dejan de existir pero nuestra cabeza y nuestro corazón mitigan su dolor, solo así tu vida será diferente y siempre brillará con esa luz que reflejará una imágen sólo de felicidad.

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