La ansiedad de comer durante la dieta.

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Esto sucede porque el consumo de carbohidratos genera endorfinas para el cerebro, lo que provoca una adicción que nos traiciona constantemente. Parece que nuestro cuerpo se pone más en nuestra contra, la ansiedad por querer comer algo frito, dulce o esponjoso nos domina terriblemente, ¡pero no nos podemos rendir!

La ansiedad que sentimos, hasta cierto punto es normal, porque cuando tenemos la tentación por comer algo y debemos calmarnos, sentimos desesperación y lo mejor es pensar si nuestra hambre es física o emocional.

Hacer ejercicio o cualquier actividad física por simple que parezca, empieza a producir una gran cantidad de sustancias bioquímicas, que contrarrestan los efectos negativos de la ansiedad y el estrés, como pasear al perro, caminar, trotar, correr en el parque, andar en bicicleta, ¡20 minutos son la diferencia significativa!

Debemos consumir alimentos ricos en fibra los alimentos de grano entero como los cereales integrales y el yogurt griego, mantienen los niveles de insulina estables y por lo tanto controlan el hambre.

Debemos tomarse un té ya que los suplementos de manzanilla disminuyen los síntomas de estrés y ansiedad, un té o infusión de manzanilla 2 o 3 veces al día harán la diferencia. No dejes tus buenos hábitos alimenticios por impulsos de un momento y sigue firme en tu dieta balanceada.

Los problemas de ansiedad son unos de los principales motivos de consulta en las clínicas de psicología.

Los efectos de esta pueden interferir en todos los ámbitos de nuestra vida, incluyendo nuestros hábitos alimenticios. En muchas de las ocasiones en las que un paciente visita un centro de nutrición y dietética, se puede observar que debajo de estos malos hábitos alimenticios hay un trasfondo asociado a algún tipo de alteración emocional, en la que la ansiedad tiende a tener un papel protagonista.

 ¿Qué significa comer por ansiedad?

Cuando nuestras costumbres y conductas relacionadas con la alimentación están condicionadas por nuestro estado de ánimo, en este caso un estado de ánimo ansioso, podemos hablar de alimentación emocional. No obstante, estas rutinas también puede verse afectadas por otros humores, como la tristeza.

En estos casos, la persona no come porque tenga hambre o sienta una necesidad física, sino que lo hace para saciar las necesidades emocionales. Comer es un conducta que libera numerosos neurotransmisores, como la dopamina, que nos hacen sentir bien.

Por lo que, aunque después puedan aparecer sentimientos de culpabilidad, la recompensa y la sensación de bienestar inmediata ayudan a disminuir la emoción de angustia que provoca la ansiedad.

De esta manera, aunque no siempre seamos conscientes de ello, es muy probable que en aquellos días que nos resulten estresantes o angustiosos acabemos por consumir comidas poco saludables pero que nos hacen sentir bien.

 

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