La sandía primo lejano del melón y el pepino.

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Su consumo se remonta a los egipcios, quienes ya la conocían, extendiéndose su uso al resto de países de la cuenca mediterránea. Se trata de una de las frutas más extendidas en el mundo, doblando su producción al de los melones.

Quienes no hayan tenido el privilegio de pasearse por un campo de sandías, deben saber que éstas provienen de una planta rastrera que no levanta más de dos palmos del suelo. El fruto de la planta, de gran tamaño, alberga las semillas rodeadas de un tejido placentario de color rojo comestible, de sabor dulce y consistencia crujiente pero tierna.

Si bien las variedades tradicionales de sandía tienen semillas de color negro en los últimos años han aparecido variedades sin pepitas. Sin embargo, si lo que se busca es sabor, aquellas con pepitas saben mejor que las que no tienen. Curiosamente, en este último caso las pepitas están sin desarrollar, de ahí que sean pequeñas, blandas y blancas. Estas variedades se empezaron a cultivar en Japón en los años treinta.

La sandía no desarrolla más sabor una vez recolectada, por lo que la mejor época para el consumo de este fruto es el verano y principios de otoño, aunque también se cultiva en invernadero con lo que puede estar disponible todo el año.

Fruta veraniega más hidratante.

Rica en agua y baja en calorías, la sandía se posiciona cada año en las primeras filas de nuestra nevera cuando empieza a apretar el calor. Conoce sus virtudes, cómo acertar en su compra y utilizarla en la cocina.

Su alto contenido en agua la convierte en un refrescante tentempié que cada año hace las delicias de grandes y pequeños por esta temporada.

Y es que, la sandía es la fruta que más agua contiene (alrededor de un 93%) lo que le da un valor nutricional realmente bajo de no más de 23 Kcal por 100 g. Su color rojizo se debe a la presencia de licopeno, un carotenoide con actividad antioxidante el cual se ha estudiado por su posible efecto protector frente algunos tipos de cáncer como el de próstata.

Así pues, su escaso valor nutricional hace que desde el punto de vista dietético tampoco tenga mucho interés, aparte de ser una fruta muy baja en calorías que encaja perfectamente en las pautas alimentarias de adelgazamiento.

No hay que olvidar que durante las altas temperaturas el riesgo de deshidratación puede ser elevado en determinadas zonas y en determinados colectivos, como niños y ancianos, ya que pueden ver alterada la percepción de sed. Así pues, llevarse unos trozos de sandía a la playa o comerla entre horas, como postre o en la merienda durante la época estival puede complementar la pauta de hidratación recomendada.

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