No deseches tu paz y tranquilidad por alguien que realmente no supo valorarte.

No te quedes estancada, no te pases los años más hermosos de tu vida esperando por alguien que no quedó de llegar o esperando que alguien algún día cambie su forma de ser, o deje a alguien por ti, no malgaste tus años de vida sufriendo y guardando esperanzas infundadas, esperanzas que tú en el fondo estas consciente de que nunca se materializaran, porque sabes que ese hombre se ha pasado años jugando contigo, prometiéndote cosas que nunca ha cumplido.

Es momento de pensar en ti, de vencer ese dolor que no te deja sonreír.

A veces las situaciones más difíciles de vencer son a las que más nos apegamos, pero ¿por qué? Deja ir de tu vida todo aquello que te daña. Y podrás abrazar ese amor que tanto anhelas, amándote tú, pero a la vez recibiendo un amor puro y verdadero de un hombre que si valore la gran mujer que eres. No permitas más humillaciones, no te culpes más, es hora de decidirte y darte una oportunidad. Te sentirás la mujer más feliz, porque no hay nada tan maravilloso como el liberarnos de todo aquello que no nos deja ser.

Duele porque no le puedes tener, porque no puedes estar a su lado. No duele extrañar a alguien que está lejos de nosotros, lo que duele es las ganas de tenerlo cerca y no poder. Lo que debería dolernos de verdad es el extrañar a alguien que nunca nos amó, o a alguien que sólo causó dolor en nuestra vida. Extrañar a alguien que prefiere estar en otros brazos y nos los tuyos… eso sí que duele.

El dolor que anida en nuestro corazón y apenas nos deja respirar.  

Y conste que no siempre se llora por amor, se puede llorar por sentir la lejanía de tu familia, de estar lejos de las personas que amas, pero siempre vamos por la vida pensando en el qué dirán si mostramos un poco de sensibilidad. Si vas a algún lugar de reunión donde están todos se muestran muy contentos, pero tú estás lejos de sentir esas alegría que ellos expresan, porque lo único que te apetece es llorar, sólo tu corazón sabe los motivos. Cuando se está en este estado, se cierran puertas y ventanas. Pero sólo lo sentimos desde nuestra perspectiva, pues no vemos las cosas bien, con objetividad. En momentos así nos estamos dejando arrastrar por el dolor.  

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