No sé que hacer, creo que toqué fondo.

Todos los seres humanos enfrentamos momentos difíciles, tanto en la vida sentimental como en los negocios, el trabajo o la educación, por citar algunos. En algún momento de nuestra vida tocamos fondo, y para muchos es difícil salir a flote y continuar con la cabeza fría y la actitud positiva, pero para otros no.

La primera señal para saber si se está tocando fondo es perder la pasión, la ilusión y el interés por lo que se está haciendo, y no lograr las metas que se propusieron en cualquier ámbito.

“Cuando se pierde la ilusión, el interés por las metas, cuando nos sentimos un poco desanimados y sin fuerzas es porque ya hemos tocado fondo”, realmente tocar fondo no es el problema, sino permanecer en él. Cuando una persona toca fondo y sabe que ya no va más hacia abajo, lo único que le queda es tomar la decisión de salir de ese fondo, paso a paso con metas pequeñas, haciendo lo que realmente considere que es lo mejor para sí misma y sus seres queridos.

No todas las personas tienen la misma capacidad de levantarse y salir adelante.

Todas las personas tienen las condiciones necesarias para empezar de cero y aprender de sí mismas, porque no hay que ser intelectual para salir de la crisis. Nadie está preparado para los golpes ni el sufrimiento ni el dolor y cuando esto se presenta es importante aprender a verlo, entender que eso es lo que desarrolla el carácter, entender que eso es lo que le da temple a la personalidad, para que sepamos quienes somos.

El fatalismo hacia los demás funcionará como profecía auto cumplido y llevará a la persona a una vida más carente aún de estímulos. Esta cadena relacionaría factores de conducta, de personalidad, emocionales, cognitivos y de habilidades sociales  en un círculo que se iría agrandando a medida que se repite.

Descendemos más y más en estado de ánimo.

Nos sentimos menos fuertes, con la energía baja. Presos de emociones negativas. Impotentes a encontrar una solución para aquello que nos ocurre. Nos influye las relaciones con los demás: familia, pareja, amigos y compañeros de trabajo. Nos afecta el querer conseguir algo y no lograrlo. Tenemos diferentes emociones cuando perdemos algo que queremos.

Todo, de una forma u otra, hace mella en nosotros, provocando que reaccionemos de una forma que depende de la personalidad de cada uno y del nivel de trabajo interior que tenga hecho.

Uno mismo decide si se queda atrapado en el rol de víctima sufriente.

Decidir salir no garantiza que nunca más se vaya a sentir dolor por lo ocurrido. Sin embargo, lo que se elige es no sufrir por gusto propio. Y aunque haya momentos donde, como decía antes, el dolor nos traspase y paralice (porque toca vivir esa situación y no somos inmunes a sus efectos), serán momentos temporales. Altos en el camino. Para luego continuar avanzando, pues ha sido la elección tomada.

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