Nuestra mente puede ser una gran aliada o nuestra peor enemiga.

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La mente no solo tiene la capacidad de observarse a sí misma, sino que a la vez puede autorregularse, modificar pensamientos, reducir o anular emociones y modificar conductas, pero si no se regula y se entrena a sí misma, puede terminar por quedar presa del sistema emocional del cerebro y perder el mando.

El cerebro juega en este caso acompañando a la mente, debido a la plasticidad neuronal. “Hoy sabemos que los pensamientos modifican la estructura cerebral y ello permite que los cambios que realizamos puedan mantenerse a lo largo del tiempo”. Sin embargo, por otro lado, también hay dos grandes desventajas.

La mente es poderosa, la tuya también. Pero muchas veces la mente te puede dejar en el camino.

Quién pone en marcha tus movimientos, quien define la técnica, quién te apoya en los momentos duros, quién elige, quién toma decisiones, quién verbaliza contigo mismo para que mantengas la concentración en cada movimiento, quién visualiza la jugada, el triunfo, quién? La mente, los pensamientos, tu cerebro.

Pasa de ser tu mejor aliada, a tu peor enemiga. El cerebro es responsable, ejecutor, organizador, visionario, mandón. El cerebro lo es todo. La mala noticia es que dependes de él para tener éxito, tanto en la vida como en el deporte. La buena noticia, es que el cerebro se entrena, igual que lo haces con tu cuerpo.

Los pensamientos son el tambor, los que llevan el ritmo de todo. 

Lo primero que necesitas es ponerte el chándal del cambio, creer que otra mente poderosa es posible, que tienes la capacidad de elegir con qué vas a rellenar el depósito de los pensamientos.

Si toda la vida has sido alguien derrotista, que se viene abajo a la primera de cambio, que ve más limitaciones que oportunidades, tienes que cambiar la forma de hablarte para poder disfrutar. ¿A qué has venido a este mundo, a sufrir? No, claro que no. Te has acostumbrado a hablarte de una manera que te perjudica, piensas que así te anticipas al fracaso para que luego no te duela, y que es una manera de protegerte.

Pero te equivocas.

Pensar de forma catastrófica te prepara para fracasar. Al fin y al cabo es el mensaje que le estás dando a tu cerebro, le estás metiendo las coordenadas para que esté pendiente de las molestias, de los kilómetros que quedan en lugar de los que llevas y de las sensaciones de cansancio en lugar de las que te dan satisfacción. Y el que lo busca, lo encuentra. Todo aquello a lo que prestas atención, se expande.

Es imposible que estés centrado en disfrutar y hacer lo que tienes que hacer y que a la par tengas pensamientos negativos que te bloquean o que te hagan sentir mal. No es compatible a nivel cerebral ambas tareas: O piensas en lo que te gusta y disfrutas o piensas en lo que te aleja. Tu única tarea consiste en aprender a hablarte en el idioma que te permite estar en el presente, con conciencia, disfrutando y dejándote llevar.

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