Personas sensibles que están en equilibrio entre la razón y el sentimiento.

Se ha establecido que poseemos una mente pensante y otra sensitiva. A la primera también se le conoce como racional, y destaca por su capacidad de análisis, en tanto la segunda, denominada emocional, se caracteriza por su impulsividad. “Ambas operan en ajustada armonía entrelazando sus dos formas de conocimiento para guiarnos por el mundo. Por lo general, existe equilibrio entre ellas: la emoción alimenta e informa las operaciones de la razón, y ésta, a su vez, analiza y ocasionalmente evita la entrada de los impulsos”

También son reflexivas, intuitivas, creativas, empáticas y cuidadosas. Pero este rasgo, como cualquier otro, también tiene sus inconvenientes: estas personas pueden ser muy cautas y demasiado volcadas en su interior. A veces se sienten desbordadas y exhaustas por la sobre activación que resulta, por ejemplo, de estar con mucha gente o en ambientes muy ruidosos.

Una persona muy sociable también ha de aprender a estar sola.

Tiene que buscar el punto medio entre forzarse demasiado hacia afuera, (asumiendo muchas responsabilidades, por ejemplo) y mantenerse demasiado hacia adentro. Es decir, a veces tiene a sobre protegerse, “cuando en realidad lo que anhela es estar fuera, en el mundo”, quizá lo más difícil de todo sea decidir hasta dónde protegerse, hasta dónde forzarse”, sin dejar de valorar un rasgo que “ofrece muchas cosas de las que carecen los demás”.

Cuando surge algún “asalto” emocional (como un estallido incontrolable de ira), el sistema límbico declara una emergencia y “llama” al resto del encéfalo para atender la urgencia.

Ello se genera en un instante y desencadena cierta serie de reacciones antes de que la mente racional vislumbre lo que está pasando y, una vez que el momento pasa, los que han quedado así dominados tienen la sensación de no saber qué les ocurrió. Cabe aclarar que tales “detonaciones” no siempre son perturbadoras, pues si un chiste le parece a alguien muy gracioso su risa resultará explosiva.

Es importante considerar que nuestras emociones nos guían al enfrentar tareas difíciles o relevantes para dejarlas sólo en manos del intelecto: peligros, pérdidas dolorosas, persistencia hacia alguna meta, vínculos con un compañero o formación de una familia.

El dominio emocional es especialmente difícil, ya que las habilidades necesarias para lograrlo deben ser adquiridas en los momentos en los que habitualmente la gente se encuentra menos dispuesta a recibir esta información y aprender hábitos de respuesta cuando están disgustados. Evidentemente, no es nada fácil mantener equilibrio entre sentimientos y raciocinio, pero está en cada uno de nosotros esforzarnos para lograr dicha armonía.

Add a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *