Todo lo que no es mutuo resulta ser toxico.

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Comunicarnos con nuestra pareja bajo un enfoque crítico, con constantes imposiciones de los puntos de vista propios, sin dejar margen para los del otro, sin escuchar, sin practicar la empatía, sin adaptar nuestros mensajes a nuestro interlocutor, adoptando un tono desagradable, donde tanto el contenido como la forma del mensaje son inadecuados. Esta es la comunicación tóxica, poco saludable, que indudablemente destruye nuestra relación amorosa.

Las personas que utilizan el tipo de comunicación absolutista.

Ellos  creen que su punto de vista es el mejor, que siempre tienen la razón y la impondrán por encima de todo. Su objetivo a la hora de discutir no va a ser alcanzar la solución del problema, solo será “vencer al otro” dando igual en qué y para qué. Y, ciertamente, en esa batalla verbal no ganará nadie.

Este tipo de comunicación se basa en la selección de la crítica y la queja.

Como medios para dar a conocer a la pareja sus deficiencias, defectos o carencias. A la hora de expresar sus opiniones, los comunicadores pesimistas valorarán enormemente los aspectos negativos de la situación y pasarán por alto los positivos.

También hay en ellos una tendencia a hacer énfasis en la discrepancia para fomentar la discusión sobre cualquier tema. Adoptan la postura defensiva que acrecienta el conflicto y suelen creer que la mejor defensa es el ataque. Se caracteriza por la visión túnel que resalta lo que falta, lo que sobra o lo que no está bien.

El ‘tóxico’ será capaz, además, de lograr que pensemos que el error es nuestro y no suyo.

Son profundamente egocéntricos. “Normalmente, suelen tener poca consideración por los sentimientos de los demás porque son muy poco empáticos”.  Su objetivo es instrumentalizar a los demás para obtener su propio beneficio y, por eso, uno de sus rasgos más comunes apunta a que siempre están mirándose el ombligo.

Le contagian su pesimismo.

No obstante, la actitud pesimista es habitual, “a pesar de que no sea evidente y esté disimulada con una suerte de optimismo vacío”, sus frases presentarán un presumible buen humor aunque, en el fondo, el poso oscuro quedará patente si se analizan sus palabras al detalle.

Son profundamente dependientes.

Terminan minando sus derechos y su autonomía, secuestrándolos. “Tanto emocional como físicamente, puesto que nos quieren tener siempre a su lado”, el ‘tóxico’ nos ha aislado y separado de nuestras rutinas y amistades porque son, además, muy ‘succionadores”.

La envidia es otra de las señales. “Al no tener empatía, minimizan y minusvaloran los éxitos de los demás, y también los de su ‘víctima”. No saben gestionar sus emociones y carecen de capacidades para actuar de forma saludable, por lo que cualquier rédito logrado por los demás es un factor a abatir.

“Cuanto más lejos, mejor, aunque es difícil cortar con ellos porque suelen volver para vengarse”. Al verse apartado, tendrá la necesidad de volcar sobre los demás su frustración, corroborar que usted es el loco, y para ello le seguirán atacando. Por eso, conviene no reaccionar con ira para no ponernos a su altura, no desgastarse pensando en él constantemente, ponerle límites y mantener la distancia.

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