Un mismo mundo, pero con otra mirada.

El Autismo es un Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un trastorno neuro biológico del desarrollo que se manifiesta en la primera infancia se dice que “son niños que presentan un bajo desarrollo de crecimiento, de desarrollo del lenguaje, del lenguaje visual, tienen dificultad de contacto y, por sobre todo, una gran dificultad en la interacción social”.

Estos signos podrían levantar sospechas tanto en los padres como en un terapeuta, lo que podría terminar en un diagnóstico positivo de autismo. Una persona autista no percibe el mundo como nosotros lo hacemos.

El grado de severidad del autismo varía mucho.

Los casos más graves se caracterizan por una completa ausencia del habla de por vida y comportamientos extremadamente repetitivos, inusuales, auto dañinos y agresivos. Este comportamiento puede persistir durante mucho tiempo y es muy difícil de cambiar. Así, se convierte en un reto enorme para aquellos que deben tratar y educar a estas personas. Las formas más leves de autismo pueden ser casi imperceptibles y suelen confundirse con la timidez, la falta de atención y la excentricidad.

Síntomas de un niño con autismo.

Hay ciertos factores que dificultan el diagnóstico precoz como son la variabilidad individual de cada niño, la variabilidad a lo largo del desarrollo, el miedo de los médicos a equivocarse (son niños de aspecto normal e incluso algunos niños tienen habilidades hipertróficas) y la ausencia de criterios diagnósticos consensuados para niños muy pequeños (menores de tres años). Además muchos profesionales de la pediatría no tienen formación especializada en estos rasgos y necesitan de una mayor familiarización con las herramientas diagnósticas.

Los niños nacen ya con algunas habilidades. Les gusta mirar las caras, imitar, presentan cierta sincronía motora y un llanto que resulta informativo de lo que les ocurre.   Se dice que los niños pequeños son “comunicativos antes que intencionales” y son sociales por naturaleza. Los niños antes de nueve meses ya pueden seguir la mirada de su madre.

En estas edades tan precoces ya hay unos signos tempranos de autismo. Los más tempranos son el pobre contacto ocular, es un contacto visual reducido, la sonrisa es escasa, no responden a su nombre, no hay un seguimiento visual… con frecuencia son niños “muy tranquilos”, “no demandantes”.

La ausencia de atención compartida (disfrutar, por ejemplo, de que un cuento se lea con la madre o el padre), la ausencia de juego con los demás (compartir con otros niños) o el dedicar pocas miradas a las personas.  Se trata de unos déficit tempranos que persisten en el tiempo, probablemente porque tienen que ver con el aprendizaje social que está alterado.

  • No balbucea o no hace gestos de interacción con 12 meses.
  • No dice palabras aisladas con 16 meses.
  • No dice frases completas con 24 meses.
  • Cualquier regresión o pérdida de habilidades adquiridas a cualquier edad.

Es necesario consultar a un especialista si percibe alguna de estos síntomas.

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