Vivimos buscando la felicidad afuera, en lugares equivocados.

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Andamos por la vida haciendo malabares, a los tumbos, emparchando como podemos nuestros problemas y relaciones, arrastrados por pensamientos y por los estímulos externos. Vivimos buscando la felicidad afuera, en personas, en lugares, en cosas materiales.

Pero nada de eso nos puede dar verdadera felicidad porque nada en el mundo es permanente, todo está constantemente cambiando. El estrés, la angustia, la insatisfacción son esa trampa que parece no tener salida. Nos acostumbramos a estar sufriendo en esos pasillos cuando tenemos en nuestro poder, sin saberlo, la forma de escapar.

La clave para salir del laberinto es inhalar y exhalar conscientemente. 

No solemos ser conscientes de la respiración, pero ella guarda muchos secretos. Puede ayudarnos a aliviar emociones negativas y estados de angustia. Además sirve para conectarnos con nuestra fuente interna, de donde emana toda la calma y, por qué no, la felicidad.

Nuestra respiración, por el contrario, nos conecta con nuestro centro, nos permite tener foco, nos trae calma. Con práctica diaria, nuestra respiración se vuelve una gran aliada para enfrentar situaciones difíciles.

No es necesario buscar en otra parte. Siempre estamos aquí y ahora.

Podemos estar rodeados de gente, en el trabajo, en el colectivo, en la calle, pero nuestra respiración siempre nos acompaña. En un instante podemos comprender, encontrar paz, abandonar esa búsqueda frenética de satisfacción. Ese instante está en esta inhalación y exhalación. Ahora.

 

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