Ya te aguante demasiado, sabes que, ya no te soporto.

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Como un enigma que se repite cotidianamente y que no encuentra solución, las parejas se van haciendo eco de ella: “¿Hasta cuándo? ¿Hasta mañana? ¿Hasta dentro de tres o cuatro días? ¿Hasta que los niños crezcan? ¿Hasta que la muerte nos separe? ¿Hasta que ya no soporte más?

Aguantar es un verbo (una acción). Es una ejecución que nos hace estar en la trinchera, a sabiendas de que en cualquier momento puede explotar una bomba. Cuando comenzamos una relación de pareja, no pensamos que el día de mañana vamos a considerar “molesto o desagradable” a nuestro compañero (aun cuando la vecina, la tía, y la propia amiga nos hablan de que deben “soportar a sus esposos”). Crees que tu caso es diferente a la de los demás, pero al final te das cuenta de la realidad. ¿Qué ha sucedido con todo ese amor soñado y prometido?

Estuve tan enamorada que no veía la realidad.

Entonces intentas sustentar algo que está por ceder, caer, resbalar… porque piensas que “ya cambiará”. Pero el tiempo demuestra que sucede lo contrario: que los vicios se incrementan, que la desolación invade la cama, la desesperanza desayuna con ustedes y la soledad espía desde la otra ventana… Entonces, ¿hasta cuándo aguantar? Hasta nunca. La relación de pareja no es un espacio para reprimir o contener, no es un “ring” para resistir el contra-ataque. La eternidad del amor es la eternidad fugaz de la vida. No te aferres a que las cosas duren más de lo previsto. Hasta un perfume tiene caducidad y no te lo pondrías si huele agrio o a alcohol. Lo mismo ocurre en las relaciones. No continúes en ellas si amargan tu alma.  

¡No tenemos por qué soportarlo: ¡No estamos obligadas a hacerlo!  

Claro, si no estamos dispuestas a soportar nada, si no estamos dispuestas a aguantar alguna que otra tormenta, si no nos da la gana tener paciencia y bastante mano izquierda, al final (al menos en el tema de las relaciones de pareja) nos quedarán pocos arcoíris que contemplar… Que nadie se enfade, pero a menudo son las mujeres que están solas las que más duramente hablan de los hombres, las que nos aconsejan que no tengamos tanta paciencia con ellos, la que nos instan a rebelarnos, las que nos critican cuando perciben que cedemos en algo. Sin embargo, la tierra está repleta de señoras que llevan cincuenta años casadas con hombres que merecieron la pena. Hombres que las respetaron y que las valoraron. Ellas también nos dirán que no hay matrimonio sin tormentas, pero que les mereció la pena enfrentarse a ellas y que disfrutaron de las victorias. Espero que todas podamos ser capaces de vivir una vida plena, con muchos arcoíris en nuestro cielo.  

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Madre y esposa. Me considero una mujer con metas por lograr un mundo diferente, Me desarrollo como analista , programadora, expresando mis mejores experiencias a través de la tecnología. Me apasiona los temas de superación en todos sus campos y a la vez me he dedicado al deporte como instructora de aerobicos, ahora sigo rutinas de X-BOX, para mantener mi cuerpo y mente sana..

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