Ya te dije adiós, ya no serás parte de mí, ya me divorcié.

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Con el divorcio no sólo llega el fin de una relación y la solución a un matrimonio roto que sólo se hacía daño el uno al otro… También llega la rabia, la confusión y el dolor por la traición. A veces este sentimiento es tan grande que se llega a desear la muerte del ex, a quien se culpa por haber destruido el hogar, la familia, y esperanzas de una vida satisfactoria.

Es un arma poderosa que de ponerse en práctica nos beneficia en lo personal, acelera el proceso de duelo y separación, y trae paz interior.

Esta herramienta se trata del perdón, algo muy difícil de otorgar al ofensor, pero que de otorgarse al ofensor supondría una renuncia a los deseos de venganza, y en consecuencia, algo que nos liberaría de amarguras y rencores. El más beneficiado del perdón, no es el ex ofensor, sino los propios hijos inocentes, que a falta de perdón se vuelven victimas de nuestra amargura y odio.  al perdonar no podemos cambiar el pasado, pero perdonar nos prepara y libera para el futuro, un futuro mejor, sin cargas pesadas en el corazón y mente. Es conveniente pues, pensar no sólo en el pasado, sino ser capaces de mirar más allá, pensar en lo que es mejor para nosotras y nuestros hijos. Perdonar, aunque sea sin merecimiento, puede ser una de las mejores decisiones.

Perdonar y volver con él, caer en los mismos errores del pasado.  

No, hemos aprendido a apreciar que somos, ya no estamos dispuestas a aguantar malos tratos y humillaciones. Perdonar en nuestro corazón, para seguir adelante sin él, sin el ex que tanto mal nos causó. Perdonar a aquel con quien nos divorciamos, pero asumiendo el pasado, no volviendo más atrás. Él ya no es ni será parte de tu vida, tal vez, si hay perdón, lo será sólo de tus hijos. Lo que hubo de bueno entre los dos, se demostró ser endeble, y se rompió, y nunca más podría volver a ser igual.

Una fruta partida por la mitad no se conserva con la misma frescura que una fruta completa, pero aun sin él tú no eres media naranja, eres la naranja completa, mujer completa. El divorcio no es el final de tu vida, y quien sabe qué alegrías puede traerte si tienes el corazón libre de remordimientos, rencor y odio. ve hacia adelante, con tu frente en alto, y confiando que a partir de ahora todo será para mejor.  

 

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