A la mujer le gusta ser, y no sólo figurar, en la vida.

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Tratemos de encontrar las diferencias que se marcan entre ser una mujer activa en vez de ser pasiva, o una mujer fuerte, en vez de ser fortalecida. Es muy notorio cuando una mujer es superficial en vez de ser y mostrarse como una mujer profunda, reflexiva y altamente espiritual. Toda mujer es diferente pero hay las mujeres que por naturaleza son activas y otras pasivas veremos a cuál de ellas te inclinas.

La mujer activa

Es energética, fuerte, luchadora, guerrera, amazona, triunfadora, difícil de controlar, nada la detiene, ni la aminora, ni la influye, ni la intimida. Ella se conduce con su propia bandera. La mujer activa, no necesita de la ayuda de nadie para salir adelante, incluso en los grandes retos y proyectos de su vida. Se viste de gala para ir corriendo hacia la vida con los brazos abiertos, no se sienta a esperarla, obviando su delicadeza, sus deberes, sus sentires, sus penas, sus tristezas, sus angustias y hasta sus inquietudes como mujer.

La mujer pasiva.

Es todo lo contrario. Ella es serena, tranquila, confiada, indolente, rural, resignada, esperanzada a que sus compañeros de vida le acerquen todo para subsistir. Se da el lujo de cruzarse de brazos a esperar a que todo le caiga del cielo como por obra de magia. No está dispuesta al sacrificio porque ella se sabe protegida y de cierta forma necesitada y querida. Entonces esa clase de mujer, es etiquetada como la mujer “árbol”, porque le pueden salir raíces, y nada hace por evitar su pasividad que hasta al parecer disfruta al máximo.

Cuando una mujer se descubre muchas personalidades, muchas formas de ser en su ser interior profundo.

Unos días la mujer se quiere devorar al mundo de un sólo bocado y sin digerirlo, otros días no tiene ánimos de hablar con nadie, se aísla, se desaparece,  se limita, se comprime y se deprime, se mutila ante todo y ante todos, no quiere saber de nada, ni que nadie le hable, pierde el rumbo y el sentido de su propia vida. O bien, aquella otra mujer que en el trayecto de su vida, se alimenta de ilusiones, de sueños y quimeras. Se convierte en una multifacética marioneta, para bailar al son que le toquen, cuando no se han tomado la molestia de descubrir qué clase de mujer vive y habita en su interior. Se vuelve tan superficial, cómoda y cínica que hasta se da el lujo de pensar: “Ni modo, así nací, así soy y ya no puedo cambiar” ¡si se puede cambiar!… Sí se pueden quitar los obstáculos del camino para crecer y mejorar en todo sentido.

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